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Fuego amigo

Una lección de coraje al mundo

Marta López

Soy egipcio y estoy orgulloso de serlo. Esto, solo esto, repetía alguien ayer tarde a las puertas del palacio presidencial de El Cairo. Este alguien era un joven que no ha conocido en su vida a ningún otro dirigente más que Mubarak. Alguien que en los últimos 18 días ha salido a diario a la calle para decir que 30 años son demasiados. Su lucha y la de los cientos de miles de personas que le han acompañado son un ejemplo de coraje, tenacidad y dignidad del que el mundo debe tomar nota.

Que Mubarak no iba a hacer como el tunecino Ben Alí y tomar un avión hacia un exilio dorado en cuanto soplaran los primeros vientos en contra estaba cantado. Pero tampoco contaba el rais con la resistencia numantina que le iba a ofrecer un pueblo machacado. Se aferró a la silla hasta lo inimaginable y, hasta el jueves, cuando su suerte estaba echada, hizo gala de un ejercicio de cinismo inigualable. Pero el pulso lo ganó la calle y acabó marchándose de la peor de las maneras, a escondidas, como solo hacen los dictadores que se saben acabados.

¿Golpe de Estado?

Las turbulencias que se ciernen sobre el futuro de Egipto son muchas. Todo el poder reside ahora en manos del Ejército y los sucesos de las últimas horas responden al patrón clásico de un golpe de Estado. Y sí, realmente fueron los militares quienes dieron la puntilla a Mubarak. Pero dudaron mucho y jugaron a la ambigüedad antes de llegar a la conclusión de que la única salida a una situación insostenible era dejar caer al rais.

Y a esa conclusión no hubiera llegado nunca el Ejército sin la presión de una calle que perdió el miedo en la búsqueda de la libertad y de un futuro mejor. Sin la perseverancia de millones de hombres y mujeres que han sorteado todo tipo de presiones y provocaciones y contra viento y marea han mantenido su protesta pacífica en las calles, Mubarak estaría todavía hoy en el palacio presidencial. No lo dudemos.

La victoria, hoy, es del pueblo egipcio. De nadie más. Que tomen nota otros dirigentes en la región. Nada podrá parar ya esta primavera árabe.

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