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La situación política catalana

El Govern que vendrá...

Salvador Milà

Una alternativa de izquierdas a CiU deberá basarse en alianzas que vayan más allá de la tenencia del poder

Ahora que ya conocemos el programa y la composición del nuevo Govern de CiU confeccionados por el president Artur Mas, es legítimo y necesario empezar a plantear las bases sobre las que construir una alternativa política y social capaz de movilizar a la gente y las ideas que, el pasado 28 de noviembre, sucumbieron al espejismo del cambio o se quedaron en casa decepcionadas, tanto por las medidas antisociales del Gobierno del PSOE como por la actitud incomprensible de algunos partidos del Govern, cuyos líderes renunciaban no solo a volver a gobernar, sino a una tarea de gobierno con más contenido social, ambiental y sentido territorial que nunca.

En el discurso de investidura de Mas ya quedó claro que, aparte de las invocaciones patrióticas y el llamamiento a los sacrificios y esfuerzos selectivos de la ciudadanía -con significativos silencios sobre las responsabilidades de nuestro sector financiero, por ejemplo-, las políticas para abordar los problemas que afectan al país se inscribirán en la ortodoxia de las medidas que se están imponiendo a España y en la mayoría de países europeos: recortes sociales, bonificaciones fiscales a las grandes fortunas y las rentas más altas, adelgazamiento de los servicios públicos, desinversión en infraestructuras y equipamientos y -como especificidad catalana- el desprecio a las políticas ambientales y energéticas como motores de recuperación económica. Ni una sola propuesta innovadora. Y por lo que respecta al autogobierno, se pasa de las proclamas soberanistas a un ambiguo proceso de «reconstrucción nacional» y de pacto fiscal aplazado sine die.

Lamentablemente, no es probable que, en este nuevo mandato, Catalunya viva una gran recuperación económica, ni que renueve sectores productivos, ni que vea reducido el paro a la mitad, ni que mejore la situación social, siguiendo así la estela de los malos pronósticos de la economía y la sociedad españolas. Y en los temas institucionales, el bipartito imperfecto que forman Convergència y Unió seguirá haciendo en Madrid el juego ambiguo de las alianzas variables con los grandes partidos estatales, que Duran Lleida muñirá, ahora y después de las próximas elecciones generales, para intentar arrancar alguna concesión.

por eso no es difícil divisar cuáles deberán ser, tarde o temprano, los ejes programáticos de un Govern de la Generalitat alternativo a la situación que acabamos de estrenar. Habrá que impulsar los profundos cambios en la estructura económica y social de Catalunya que requieren los tiempos -y que otras sociedades ya han iniciado- en base a un cambio en el modelo productivo, energético y ambiental. Habrá que rehacer las políticas sociales, educativas y asistenciales como expresión no solo de un país más justo, sino también más preparado, más moderno. Y habrá que abordar sin tapujos la necesaria redistribución equitativa de los recursos y las cargas. Sin olvidar rehacer una enésima propuesta de avance en el autogobierno que no se refugie en el victimismo, sino que asuma la necesidad de implicarse en la reforma federal del Estado y de las instituciones europeas como camino más viable para el avance y la consolidación de una nación catalana más libre, más justa, pero también más abierta y solidaria.

La experiencia enseña que, en Catalunya, para construir una alternativa de gobierno a la derecha nacionalista no basta con coyunturas económicas y sociales desfavorables. Durante la etapa de Jordi Pujol atravesamos dos crisis gravísimas, a principios de las décadas de los 80 y los 90, con más paro que ahora y con menos protección social, y no por eso cuajó una alternativa de gobierno viable desde las izquierdas.

Las fuerzas políticas catalanas que quieran liderar este nuevo escenario deberán definirse claramente sobre el sentido y la profundidad de los cambios estructurales, económicos, sociales y ambientales que Catalunya necesita, uniéndose a las corrientes renovadoras que se están configurando en toda Europa y el mundo, y deberán separarse radicalmente de las recetas actuales, aplicadas tanto por gobiernos socialistas como liberales, que ha hecho suyas el Govern de CiU.

El Govern que vendrá deberá basarse en unas alianzas que vayan más allá de la tenencia del poder o de la instrumentalización de unos por otros en busca de hegemonías improbables. El trabajo de oposición, en este periodo, puede ser un buen banco de pruebas sobre la capacidad de construir un discurso y una base social y política alternativa. Es la hora de apostar -cada fuerza desde su punto de partida- por un proceso de renovación, con nuevos liderazgos, y de restablecimiento de la confianza entre las formaciones políticas y los sectores sociales, económicos, culturales y cívicos que se reconozcan en las ideas del progreso, la justicia social y la sostenibilidad y que estén por una construcción nacional de Catalunya no acomplejada y abierta a los nuevos esquemas de interrelación entre pueblos, estados, naciones y ámbitos supraestatales como la UE.

Diputado de ICV-EUiA en el Parlament.

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