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La directiva comunitaria que establece las normas generales para el sacrificio de animales no es un texto meramente orientativo, sino que es de obligado cumplimiento. Esto es: menos en los considerados casos o situaciones excepcionales, debe aplicarse en todos los países y en todas las instalaciones dedicadas al sacrificio de animales. Entre estas excepciones figura el respeto a los ritos específicos propios de las religiones musulmana y judía, pero justamente porque se trata de excepciones a la norma general no puede apelarse a ellas y utilizarlas para encubrir una mala praxis en el sacrificio de animales.

Esto es lo que sucede en aquellos mataderos en los que, invocando la necesidad de respetar elhalal-práctica permitida por la ley islámica- en el consumo de carnes y aves, se sacrifican animales sin atender al objetivo de minimizar el sufrimiento.

Sin embargo, el recurso al sacrificio directo, sin que lo preceda el aturdimiento del animal, viola la directiva comunitaria. Y no es, desde luego, culpa de la comunidad musulmana esta irregularidad, sino de los gestores de los mataderos que persiguen con ella reducir costes y simplificar los procedimientos.

Basta considerar el porcentaje de musulmanes que acoge nuestra sociedad -el 7%- para comprender que nos hallamos ante una realidad injustificable: alrededor del 50% de los animales sacrificados en Catalunya lo son sin seguir las indicaciones de la UE. No hace falta ser un fundamentalista de los derechos de los animales para concluir que es preciso corregir esta anormalidad.