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Arte joven

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La expresión artística aparece en tiempos remotos. La encontramos ya en las pinturas rupestres de Altamira o El Cogul. El arte nos ha acompañado a través de los siglos como una de las plasmaciones más conmovedoras y perdurables de la aventura humana. Más allá del esfuerzo cotidiano de afrontar los retos y las adversidades, hemos recorrido a la imaginación y a la creatividad para construir belleza y para transmitir nuestras inquietudes íntimas, las emociones que nos perturban, el vértigo ante la inmensidad del universo, la conciencia de una dimensión espiritual de nuestra existencia...

Cada periodo histórico ha sido influido y reflejado por el arte. Y si tuviésemos que explicar quiénes somos, si tuviésemos que hacer balance de lo que hemos sido capaces de ser a lo largo de las sucesivas generaciones, nos referiríamos a científicos, a músicos, a pensadores, pero también a artistas. Mientras en las disciplinas técnicas y científicas los conocimientos se actualizan y los nuevos descubrimientos cancelan la vigencia de teorías anteriores, en el arte se produce un tipo de espiral que se ensancha La pintura contemporánea no arrincona los retablos góticos de Huguet ni la explosión de formas y colores de Miró. En el escultor confluyen las nociones de progreso y experimentación con una relectura de los clásicos. Pero es siempre fundamental la aportación de los jóvenes, de la mirada y la mente embriagadas de sueño y de atrevimiento que cuestionan el pasado y dan con determinación, sin el lastre de las rutinas y la reiteración, pasos firmes hacia adelante. Debemos apostar por el arte joven. Como lo hace en su mítico local del número 10 de la plaza Reial de Barcelona, la Fundació Setba, que impulsa el incansable Darío Olaortua. Lo hace cobijando y proyectando a creadores seleccionados en colaboración con Stripart. Quedamos fascinados con los montajes fotográficos de Santos Román, con la escultura de Montserrat Valls Codina, con las imágenes de Cristina Palomar, con las instalaciones de Albert Lladó y Daniel Llamas, con las pinturas de Inma Fierro y Rodrigo Martín... Y lo celebramos porque con ellos de nuevo, como hace miles de años, el arte nos clava en el corazón la herida que nos hace sentir más vivos.