29 mar 2020

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Incógnitas después de la declaración de alto el fuego

Terrorismo y política con ETA

Javier Elzo

Es imperdonable que bajo la capa de la lucha antiterrorista se esconda la lucha antinacionalista

La declaración de ETA del domingo pasado de «no llevar a cabo acciones armadas ofensivas», comienza, literalmente con estas palabras: «Euskadi Ta Askatasuna, organización revolucionaria socialista vasca para la liberación nacional, quiere dar a conocer al Pueblo Vasco su decisión y reflexión¿». Los que, por edad, hemos vivido y padecido con ETA, no acabamos de salir de nuestro asombro. Leyendo sus soflamas tenemos la impresión de volver 40 años atrás en la vida. La retórica es la de los tiempos de los movimientos de liberación nacional y social. Tiempos en los que Franz Fanon, Mao, el Che y toda la parafernalia marxista, sui géneris, alimentaban las mentes de los impulsores de las Brigadas Rojas, de la banda Baader Meinhof, etcétera.

Para ETA, el tiempo no pasa. Se ha parado. Viven enquistados en su mundo endogámico y autorreferencial. Un mundo con una potentísima capacidad de socialización interna que hace que sus jóvenes, los que garantizan la pervivencia de ETA, mantengan los mismos discursos legitimadores de sus padres, abuelos y, en general, familiares y allegados. Últimamente, en torno a los presos, a los que se adhieren básicamente los excluidos de representación política por mor de algunas interpretaciones de la ley de partidos.

Nuestra generación, en la que nació ETA, no ha sido capaz de acabar con ella. Nadie ha sido capaz de acabar con ETA. Ha habido tres largas treguas, múltiples conversaciones, que se proscribían y se siguen proscribiendo. Diálogo y violencia son incompatibles se ha dicho y escrito muchas veces. Pero si no hubiera violencia, no haría falta, no digo diálogo, sino ni siquiera conversación, encuentro, toma de temperaturas, etcétera.

También se ha dicho y se repite estos días que no hay que negociar políticamente con ETA, lo que los archivos de las conversaciones de Zúrich y Loiola, por citar las dos últimas, desmienten categóricamente. ¿De qué estuvieron hablando si no de política, y de qué hablan y hablarán en el futuro? Porque seguirán hablando. Mañana, el mes que viene o el año que viene. Parece olvidarse que una cosa es hablar de política y otra es delegar la decisión política en manos de ETA.

Es lógico que veamos con escepticismo la declaración de ETA del domingo. Llueve sobre mojado. Tantas veces hemos soñado con el fin de ETA y tantas veces nos hemos despertado sobresaltados por el tiro en la nuca o la bomba que estallaba matando personas, que nos preguntamos, una vez más, si esta vez va en serio o no deja de ser otra maniobra más de ETA, o una victoria pírrica de los blandos sobre los duros en el seno de la cúpula de ETA. Cúpula constantemente renovaba en edad, pero no en ideología y planteamientos gracias al proceso de socialización interno de su mundo, insisto.

Matteo Zupi, miembro de la Comunidad de San Egidio en Roma, que ha participado en varios procesos de resolución de conflictos, comentaba este domingo en Onda Vasca, emisora nacionalista que nace al perder la lehendakaritza el PNV, que «los procesos de diálogo para el final de la violencia necesitan sus ritmos» y que «merece la pena contemplar la posibilidad de que este paso es uno más, acaso el primero, de muchos otros que deben producirse». He de confesar que de todo lo que he leído y escuchado desde la declaración de ETA, esto es prácticamente lo único que me ha levantado el ánimo. Muchas veces he sostenido que tendríamos necesidad de mediadores externos, internacionales. Los vascos, manifiestamente, no hemos sido capaces de resolver el cáncer de ETA en nuestra sociedad.

Pero la política española tampoco. Es más, y aunque suene duro, hay que decir que en muchas ocasiones se ha servido de ETA para su causa. No me olvido, ¿cómo iba a olvidarme?, de todos los muertos y malheridos que ha ocasionado ETA en la población española, particularmente entre sus fuerzas de seguridad. Pero hemos visto muchos vaivenes en la política española. Baste recordar que los miembros de HB han estado en el Parlamento español, jurando la Constitución «por imperativo legal» y en el Parlamento vasco hasta que el Gobierno decidió lo contrario. Así es lendakari Patxi López a quien, en lo personal, aprecio y por quien tengo el mayor de los respetos. Sin olvidar la Administración de Justicia que ha modificado leyes ad hoc y en demasiados casos hay sospechas de condenas con pruebas insuficientes.

Lo comprendo, aunque no lo comparto. Saben tan poco como nosotros sobre cómo acabar con ETA. Pero lo que es imperdonable es que demasiadas veces bajo la capa de la lucha antiterrorista se esconda la lucha antinacionalista. Lo estamos viendo ahora mismo. Se dice que la declaración de ETA no es suficiente para que la izquierda aberzale pueda presentarse a las próximas elecciones. Que sería preciso que ETA declarara su extinción y entregara las armas. Lo que supone dejar la acción política en manos de ETA. Además, diga lo que diga ETA, aunque entregue sus armas, mientras haya un solo etarra hay que buscarlo, detenerlo y ponerlo a disposición de la justicia. Pero servirse de ETA como pretexto político, no cuela.

*Catedrático emérito de Deusto