18 sep 2020

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EDITORIAL

Una mezquita polémica

La Constitución de Estados Unidos garantiza la libertad de culto y Barack Obama ha hecho bien en recordar que los musulmanes tienen todo el derecho a practicar su fe de la misma forma que cualquier otra persona y a construir su templo y centro comunitario en el sur de Manhattan, dentro del respeto de las normas locales. En un país en el que cualquier personaje, por pintoresco que sea, puede crear una iglesia y erigirse en líder religioso, tener que recordar, como ha hecho el presidente, los derechos constitucionales sobre la libertad de culto demuestra que la polémica sobre el proyecto de construcción de una mezquita y un centro islámico a dos manzanas de la zona cero neoyorquina ha desbordado los cauces del sentido común.

Se puede entender que a los familiares de las víctimas del 11-S no les guste el proyecto. Pero la derecha más ultraconservadora, con sus prominentes figuras Sarah Palin y Newt Gingrich a la cabeza, está manipulando la polémica y utilizándola como argumento cara a las elecciones de noviembre próximo. En su campaña, asocia islam y terrorismo y convierte dicha fe en responsable directa de los atentados del 11-S, cuando el verdadero enemigo no es el islam sino los terroristas de Al Qaeda. Para la Casa Blanca, la diversidad no debe ser fuente de división o inseguridad, sino que debe formar parte de la fuerza del país. Por el contrario, la intolerancia, el oportunismo político y la islamofobia solo contribuyen a la división. Fomentar la asociación entre terrorismo e islam y polarizar la sociedad es el mejor regalo que se puede hacer a Bin Laden.