Ir a contenido

Otorrinolaringólogo

Pedro Clarós: «Ayudar a los necesitados da paz interior»

Marta Cervera

Treinta y dos personas sin recursos han recuperado la audición en países en desarrollo a través de implantes de última generación realizados por la Fundación Clarós. Solo en el 2009 atendieron a unos 500 pacientes de patologías auditivas, malformaciones de cara y secuelas de mutilaciones y malos tratos. 'Help Africa Hear', un concierto en el Liceu este domingo con destacadas voces, servirá para que muchos más desfavorecidos empiecen o vuelvan a escuchar.

–El próximo concierto benéfico de la Fundació Clarós será muy especial: reaparecen en Barcelona Joan Manuel Serrat, tras su operación de pulmón, y el tenor Jaume Aragall.

–Hace unos tres años, Aragall bajó algo su ritmo de actuaciones, algo imperdonable teniendo en cuenta que es una de las voces más bellas que he podido explorar. Respecto a Serrat, he de decirle que está en buena forma. Es incombustible.

–El concierto tendrá una parte lírica y otra moderna. Pero me han dicho que habrá sorpresas…

–Y no seré yo quien descubra el secreto. Ya sabe que estará la cantante cubana Lucrecia y voces de la lírica como Isabel Rey, Ángeles Blancas y Ana María Sánchez, entre otras. Pero le avanzo que habrá duetos entre cantautores y cantantes líricos. No le digo más. Tiene que verlo.

–¿En qué empleará la recaudación?

–En próximas misiones en África que haremos conjuntamente con la Fundació Barraquer de Oftalmología. Compartimos las mismas ideas.

–¿Por ejemplo?

–No creemos en dar dinero, porque a veces no llega a su destino. En cambio, ofrecemos el mismo servicio médico que damos en sociedades desarrolladas como la nuestra en zonas donde a veces no hay nada.

–¿Viajan con el hospital a cuestas?

–Llevamos todo el material con nosotros: microscopios, aparatos de esterilización, un quirófano completo y medicamentos. Nos trasladamos con una carga de casi 800 kilos, de un valor incalculable en esperanzas de curación. Parte de este material a veces se queda en el lugar.

–¿Dónde han intervenido este año?

–Fuimos a Senegal, a la zona más pobre del sureste. En febrero, al Rajastán, en la India, como cada año, y en Semana Santa fuimos a Gabón. En agosto vamos a Camerún y en octubre, en principio, a Etiopía.

–¿Le dedica sus vacaciones?

–Lo hago encantado. Soy el único que siempre viaja. El resto del equipo se va turnando. Consta de 25 personas entre otorrinolaringólogos, anestesistas, enfermeras, audiólogas y audioprotesistas.

–Cuénteme un caso que le haya impactado si no está ya anestesiado.

–No te anestesias nunca. Hay recuerdos que te persiguen toda la vida, como el de aquel niño que vimos en la India. Siendo un recién nacido, le tiraron a un contenedor y las ratas le comieron los ojos. Le reconstruimos la zona orbital para dejarle con una imagen menos agresiva. Hay operaciones de defectos faciales que cambian la vida a los pacientes.

–Soy toda oídos.

–En agosto del año pasado, en Camerún, operamos a un niño de 3 o 4 años con labio leporino y una deformación que parecía una trompa de elefante. Al ver el resultado la madre me dijo llorando: «Ahora podré sacar a mi hijo de casa».

–¿Cómo lleva el desfase entre el primer y el tercer mundo?

–Jugamos con el principio de los vasos comunicantes. Las aportaciones de gente de posición elevada a la que opero en los Emiratos Árabes, Jordania, Siria, Marruecos e Irak, se invierten en aquellos viajes de la fundación que no reportan nada económicamente, pero mucho a escala humana. Por suerte, en la Clínica Clarós de Barcelona, mi hermano Andrés se multiplica para cubrir mi ausencia. Si no, sería inviable.

–Tiene espíritu de Robin Hood.

–Yo lo llamo solidaridad. A medida que te haces mayor te das cuenta de que es necesaria. Ayudar a los necesitados aporta paz interior y la satisfacción de ser útil a los demás.

–¿Hasta qué punto los cantantes se imaginan problemas vocales?

–La voz sale de una emisión sonora de la laringe y una caja de resonancia, pero están dentro de un ser humano que tiene cuerpo, alma, corazón, cerebro, preocupaciones... Es difícil saber si imaginan o no las cosas. La voz, a diferencia de un piano, tiene oscilaciones. Un cantante lírico que llena un teatro con 2.000 o 3.000 personas sabe que muchos van para escucharle y otros, para criticarle. Realmente, están desprotegidos. De ahí que, si sienten una molestia, están predispuestos a cancelar o pedir consejo a alguien de confianza para no defraudar a su público.

–La soprano francesa Natalie Dessay se atrevió a hablar de sus operaciones en las cuerdas vocales.

–Aunque hay gente muy conocida en la lírica que ha sido intervenida quirúrgicamente, yo siempre recomiendo a mis pacientes discreción. Para un cantante, decir en un teatro que tiene una lesión en sus cuerdas vocales es como gritar fuego en una gasolinera.

0 Comentarios
cargando