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Siete x siete

Tápate, pero no demasiado

Najat El Hachmi

Caminaba por la calle cuando un hombre se me acercó y me soltó: «¿No crees que es muy temprano para enseñar tanta pierna?». Dado que mi vestido no subía por encima de las rodillas y que el personaje no tenía pinta ni de talibán ni de Paco Martínez Soria, consideré la posibilidad de que la ya mítica carta de Ferran Ballesteros a este diario el 9 de mayo esté ejerciendo una perniciosa influencia en el personal masculino. Por si no la recuerdan, es aquella en la que un lector de Calafell proponía una especie de horario infantil en las playas, y los hay que han criticado su publicación sin tener en cuenta que quizá es una buena forma de detectar a unos individuos que creíamos extinguidos. Aparte de este hecho particular, lo que se respira en el aire es una regresión social por lo que respecta a la libertad de vestimenta. No solo por las razones machistas de los que babean impotentes ante tanta exhibición de carnes, también con ese debate absurdo que arrastramos desde el pasado verano sobre si los turistas en Barcelona han de poder o no ir sin camiseta. ¿En base a qué hay que establecer esa normativa, en base al buen gusto? ¿Qué significa buen gusto y quién lo tiene? Siguiendo esta consideración, yo prohibiría las conversaciones telefónicas en los espacios públicos, aquellos anillos horrorosos que ensanchan el lóbulo de algunas orejas hasta convertirlas en flácidos colgajos o que los adultos mastiquen chicle y hagan globos. Por fortuna, las restricciones impuestas por las democracias modernas no se rigen por las manías particulares de cada uno. Por si la contradicción fuera poca, el nudismo no está prohibido y a última hora se ha añadido al debate la propuesta de vetar a turistas procedentes de países del Golfo con la manía de ir de compras al paseo de Gràcia demasiado tapadas. Así pues, ¿qué hacer? ¿Cómo debemos vestir? ¿Ni demasiada tela ni demasiado poca? Quizá deberemos crear una nueva figura en las entradas de la ciudad que decida si vamos lo bastante decentes o nos pasamos para acceder a ella. Un macarra de disco con un dress code claro y catalán que diga, tras las gafas oscuras: «Bambas no».

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