26 oct 2020

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La entrevista con Eduardo Galeano, Escritor

Eduardo Galeano: "En Irak nació el primer poema de amor"

NÚRIA NAVARRO

--Ha escrito una historia casi universal. Ambicioso usted...

--Como decía Oscar Wilde, "yo puedo resistir todo menos la tentación". Hacía muchos años que esa idea loca me acechaba.

--¿Qué le decidió a llevarla a cabo?

--Sufrí una enfermedad que me tuvo fuera del mundo algunos meses.

--Un cáncer de pulmón.

--Sí. Uno no sabe de qué lado de la frontera va a quedar, y la respuesta fue un libro articulado según mi modo de escribir, que es arbitrario.

--¿Arbitrario?

--Una vez me perdí en Cádiz. Pregunté a un vendedor, y me indicó ir por ahí y por allá y acabó diciendo: "Luego haga lo que la calle le diga". Eso he hecho, y ha salido la historia de los que no salieron en la foto. La de las mujeres, los negros, los del sur. Aproximaciones minúsculas a la grandeza del universo.

--¿En lo pequeño está lo grande?

--Así es. Hay un texto, por ejemplo, que se titula Fundación literaria del perro. Según Homero, Ulises volvió de la guerra de Troya disfrazado de mendigo. Nadie lo reconoció, excepto su perro, Argos, más muerto que vivo, que a su paso movió el rabo. Pues el libro está lleno de asombros, de historias no contadas pero también más decidoras que la historia oficial. ¿Otro ejemplo?

--Adelante.

--La Revolución Francesa proclamó en 1793 los derechos del hombre y del ciudadano. Poco después, la revolucionaria Olympia de Gouges propuso en la Asamblea una declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana. ¡La mandaron a la guillotina! ¡Yo amo a esa mujer!

--¿Sabe que tenemos una ministra de Defensa mujer y embarazada?

--La Chacón, sí. Es un signo de cambio importante, como lo es que el futuro de EEUU se dirima entre una mujer y un mulato. Todos tienen el derecho de ser lo que nunca fueron.

--Berlusconi no lo ve así.

--Berlusconi encarna la falta de escrúpulos, la deshonestidad, la mentira. Cuando era primer ministro, le oí decir: "Solo los imbéciles pagan impuestos".

--Las urnas le han respaldado.

--Han recompensado el elogio de la trampa. En todo caso, la presunta inferioridad del otro es una coartada ideológica para justificar la explotación, la sumisión, el derecho de conquista. La mala conciencia siempre necesita consuelos.

--En la historia universal, ¿cómo saldría descrito Eduardo Galeano?

--Pondría algo así como: "Nació en 1940, cuando el mundo no esperaba nada bueno".

--¿Solo eso?

--Yo he tratado de limpiar mi mirada de las telarañas del machismo, del elitismo... He tratado de ver las imágenes y escuchar los sonidos aparentemente más insignificantes que siempre esconden algo. He intentado reconquistar los colores perdidos del arco iris terrestre. ¿Sabe? El arco iris terrestre tiene más colores, es más fulgurante, que el del cielo de algunas tardes mágicas.

--Ha intentado mejorar el silencio.

--Eliminando lo superfluo. Filtrando. En el tomo segundo de Memoria del fuego tenía que narrar el romance prohibido entre una joven de la alta sociedad, Camila O'Gorman, y un cura, Ladislao Gutiérrez. Se fugan y el Gobierno de Rosas los fusila. Al cabo de muchas tentativas, encontré la frase: "Ellos son dos por error que la noche corrige".

--¿Su mejor frase?

--Sí, aunque en este nuevo libro también hay desafíos. En Irak, esa tierra condenada al exterminio por un señor que cree que la escritura se inventó en Texas, se escribió el primer poema de amor. En lengua sumeria, cuenta una noche de amor entre una diosa y un pastor. "Ella amó esa noche como si fuera mortal y él fue inmortal mientras duró esa noche", acabé escribiendo.

--Si existiera la inmortalidad...

--La única certeza de inmortalidad es reconocerse en los demás. Yo me reconozco en la cantidad de amigos que conocí hace siglos o milenios en los lugares más remotos del planeta. Me ayuda mucho saber que los mapas del alma no tienen fronteras.

--Los del cuerpo, sí. ¿El cáncer le ha transformado?

--Me multiplicó las ganas de escribir.

--¿Y de vivir?

--No. Las veces que he estado en contacto con la muerte, que han sido unas cuatro o cinco, me ha producido cierta calma. Al mismo tiempo sé que Tabaré Vázquez no se equivocó.

--¿El presidente de Uruguay?

--Sí. Es oncólogo. Unos años atrás, cenando, me contó que las células cancerosas son las que se niegan a morir. Y por negarse a cumplir el ciclo, terminan destruyendo su casa y, claro, suicidándose. Hay que aceptar que el nacimiento y la muerte están conectados. Y esa conexión explica la continuidad de la vida.