Toma pan y moja

La moda de los guantes negros, por Òscar Broc

Dicen que la culpa es de Salt Bae, uno de los chefs pioneros en publicar vídeos de bistecs con las manos enfundadas en guantes azabache. Son una tendencia gastronómica inexplicable

Salt Bae, con guantes negros, en uno de sus vídeos de Instagram.

Salt Bae, con guantes negros, en uno de sus vídeos de Instagram.

La revista 'Eater' le dedica un artículo a una de las tendencias que más me han llamado la atención últimamente en el mundo gastro: los guantes negros para cocinar. Si vuestro vicio digital es la comida, seguro que el algoritmo de Instagram o Tik Tok te ha llenado el 'feed' con vídeos de cocineros masajeando piezas de carne, amasando albóndigas o apretujando cheeseburgers de autor para que saquen los jugos… Fíjate bien en las manos: seguro que todos llevan guantes desechables negros

Los guantes negros son una tendencia gastronómica inexplicable, pero tendencia al fin y al cabo. Están en clara pujanza y no parecen tener freno. Abundan especialmente en los vídeos dedicados a la carne, han encontrado acomodo en este submundo de testosterona, 'pulled pork' y chuletones. Aseguran algunos que la culpa es de Salt Bae, uno de los pioneros, dicen, en esto de publicar vídeos de bistecs con las manos enfundadas en elegantes guantes azabache

Mano negra 

Los guantes desechables para cocinar tienen coartada. Entre otras cosas, impiden que tengas que lavarte las manos cada vez que tienes que manipular la cámara mientras preparas la receta, te salvan de las quemaduras, evitan el contacto de tus sucias zarpas con la comida, y hacen que el espectador se fije más en los colores de ciertos alimentos.

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No obstante, cuando hablamos de guantes negros, el componente estético es seguramente una de las razones más poderosas. Los guantes negros molan, están de moda y si no te pones unos en tu próximo 'reel' es posible que otro se lleve los 'likes'. Además, ¿quién quiere cocinar con guantes de látex verdes o azules? Parecería que, en lugar de preparar un entrecot, estás extrayéndole la vesícula a un señor de mediana edad. Y a nadie le gusta entrar en quirófano.