MICROCOSMOS DE COLOR DE ROSA

En el trastero de una princesa Disney: abre en Barcelona El Museo Más Dulce del Mundo

Se ven donuts formato columpio, ositos de gominola tamaño selfi y una piscina de nubes que ablandaría hasta a las compañeras de piso de Elena Cañizares. Carnaza fresca para posturear

Ana Sánchez

Hugo Silva y Carla Santos, creadores de The Sweet Art Museum, posan en uno de los escenarios color de rosa de su versión barcelonesa.  

Hugo Silva y Carla Santos, creadores de The Sweet Art Museum, posan en uno de los escenarios color de rosa de su versión barcelonesa.   / JORDI OTIX

Aquí acabaría viendo la vida de color de rosa hasta el enanito Gruñón de Blancanieves. Incluso cuando le dejen fuera de la cena de Navidad para seis. Parece el trastero de una princesa Disney. Hay más tonalidades pastel que en el armario de Josie. Se ven donuts formato columpio, ositos de gominola tamaño selfi, espejos con silueta de unicornio y una piscina de nubes de chuches que ablandaría hasta a las compañeras de piso de Elena Cañizares, esa enfermera viral enclaustrada en Ciudad Real.  

Abre este viernes, 27, en la cúpula del centro comercial Arenas: El Museo Más Dulce del Mundo, se llama. Y sí, enseguida se puede comprobar 'in situ' que a nadie le amarga un dulce. Y menos si es instagrameable. Hay quien lleva a las visitas varios cambios de ropa.

Carnaza fresca para influencers. Otro museo donde posturear. Nuevo imán de tiktokers, instagrammers, musers y demás especímenes fotogénicos de redes sociales. Microcosmos cuqui con 13 escenarios en los que poner morritos por encima de tus posibilidades.

Su lema con hashtag: #disialafelicidad. ¿Aun en tiempos de covid? «Es un momento muy complicado –asiente Carla Santos–. Por eso tiene tanto sentido ahora abrir un museo con esta filosofía». A su lado, también con mascarilla risueña, está Hugo Silva. No el actor. «No es tan guapo como yo», tira de sarcasmo ya de carrerilla este tocayo portugués. Son los ideólogos de The Sweet Art Museum. No parece que tengan más caries que la media. «Es un museo dulce, no de dulces», puntualizan. Hay solo tres degustaciones. Las chuches se catan con todos los sentidos: se ven, se palpan, se huelen. Se instagramean. ¿El objetivo? «Que regreses a la infancia y te diviertas sin pensar lo que hay fuera».  

Lluvia de frutas vía realidad aumentada. La app del museo añade sorpresas en cada sala a través del móvil. / JORDI OTIX

Este museo itinerante nació en Lisboa en el 2018, muy cerca de la calle del Azúcar. El año pasado hizo escala en Sao Paulo y Río de Janeiro. Barcelona es la primera ciudad española en la que se instala. Es un espacio pop-up. Con fecha de caducidad: 10 de enero. Suele parar mes y medio por ciudad, máximo dos meses. «Vienes, te haces fotos y después te queda en la memoria», justifican los creadores su estatus efímero. 

Piscina de nubes de chuches, el escenario estrella del museo. / JORDI OTIX

Más de 100.000 personas se han zambullido en su piscina de nubes. Ahora –covid mediante– hay que limitarse a pasear por encima, a lo Jesucristo azucarado. ¿Edades? «Todas», responde Christian Haltermann, el CEO que ha traído el museo a Barcelona. En Brasil –recuerda– llegó a ver a una señora de 84 años retozando en la piscina de chuches. “Fue a celebrar su cumpleaños”.

La versión española incluye estampa navideña  y una sala diseñada por la ilustradora Isa Muguruza. Una de sus mujeres psicodélicas se pone morada (literalmente) comiendo chicle, a lo Violet, la niña repelente de 'Charlie y la fábrica de chocolate'. Con la 'app' del museo, se pueden sumar a la visita vía realidad aumentada helados danzarines y hasta unicornios XXL. 

Escuela de postureo

No es el único destino al que peregrinar con palo selfi. En junio abrió The Set Lab. Una escuela de postureo. «El primer espacio creativo de fotografía para usuarios de redes sociales», definían entonces sus creadores. «Ya hemos superado los 2.000 visitantes y cada semana supera a la anterior», aseguran ahora pese al vaivén de restricciones. El último 'youtuber' que se ha asomado por allí ha sido xBuyer (4,5 millones de seguidores) con su hermano también 'influencer'. Acaban de añadir un fondo de selfis navideño y otro con fajos de dinero. Quizá ahora empiecen a ir políticos.  

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