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Yoga de discoteca

Un 'yogui' estándar termina aquí saltando como si se acabara de topar con el calvo de la lotería. Dos argentinas importan un 'mix' de yoga, baile y meditación: Baila Yoga y Yoga Body Shake

Ana Sánchez

Paula Galmarini dirige una clase de Baila Yoga. 

Paula Galmarini dirige una clase de Baila Yoga.  / ELISENDA PONS

Parece que te has colado en el Apolo. Hay música disco, sonrisas tirantes y gente bailando como si no hubiera un mañana. Sigues los pasos de baile con el mismo ímpetu que si tuvieras en la mano el tercer gintónic. Ahora te pones a saltar como si te acabaras de topar con el calvo de la lotería. Te entrarían ganas de pedirte una copa si no fuera porque estás en mallas, a apenas un metro de una esterilla de yoga. Esto es Yoga Body Shake. Un yoga que te sacude el cuerpo.

“Bailar es muy sanador”, garantiza María. “La idea es acercarnos a nuestra esencia, a nuestra niña interior”, resume. Ese es el objetivo de estas clases: “Empezar a liberarnos –promete–, empezar a jugar”.

María Grippo, argentina, 34 años. A ratos parece una 'coach', a ratos el señor Miyagi de 'Karate kid'. Lo mismo te hace moverte como Pocholo que te pone a meditar en cuestión de minutos. Meditación + baile + yoga. Se ha traído esta fusión de Argentina, de las clases de Dafne Schilling. Esta gurú zen las importó a su vez de Los Ángeles: se inspiró en el Yoga Booty Ballet, un 'mix' de yoga, ballet, 'cardio' y meditación que creó Gillian Clark allá por 1998. Dafne lo llama en Argentina “Intención en movimiento”. “Yoga, baile, meditación y ese no se qué que regala magia a cada sesión”, resume su web.

María Grippo (pantalón azul), en un evento de Yoga Body Shake.

Soltar preocupaciones

María Grippo lo ha rebautizado en Barcelona como Yoga Body Shake (www.yogabodyshake.com). Lo que ella busca es que en una hora “te olvides del mundo”, dice. “Y soltar”. Preocupaciones, exigencias, miedos. Mierdas. Una alumna terminará la clase de hoy llorando. “Tengo mucho que soltar”, se justificará sonriendo.

María estrenó Yoga Body Shake en septiembre. Da dos clases a la semana en Uptown BCN (Padilla, 395). Las sesiones se pueden encontrar en Andjoy (la antigua Gymforless), plataforma 'fitness' que da acceso a miles de gimnasios.

LO+

Al final te sentirás más desinhibido que Iceta en campaña.  

LO-

Que se abstengan los que no estén dispuestos a dejarse llevar.

Empiezas echando el freno: meditación guiada para relajar cuerpo y mente. “Para dejar de lado las preocupaciones”, dice María con tono de Trankimazin. Respira. Estira. 10, 15 minutos en modo zen y te echas a bailar. Coreos pop, grititos de subidón. “Si quieres hacer otro paso, haz otro paso –anima la profesora a no seguirla–. La idea es liberarse”. Y aún con los sudores disco, sacas la esterilla. Llega el yoga: “Respiración, movimiento, equilibrio, concentración, relajación”. Moraleja 'fitness': “Divertirse –anima María–. Y no tomarse la vida tan en serio”.

Empoderar el alma

 “Te vas a enganchar”, te dice Estíbaliz con ademán de pitonisa. Es la alumna más veterana de esta otra clase. ¿Qué se hace aquí? “Movilizar el cuerpo –dice la profesora– para empoderar el alma”.

Esto es Baila Yoga (bailayoga.es). “Quise ser directa –se ríe Paula–: es baile y yoga”. Y un plus de meditación. “Bailar para soltar –resume en una frase–, yoga para estirar y meditar para encontrarnos”. Es otra versión recién estrenada de las sesiones de Dafne Schilling. Paula también fue a sus clases en Argentina. “Ah, esto es lo que quiero hacer toda la vida”, pensó tras la segunda hora. “Es el complemento ideal para el yoga”, dice.

Paula Galmarini, 40 años, argentina. Diez minutos con ella y te sentirás como en un diván. “Este es tu lugar para que te sientas libre”, adelanta antes de apagar las luces. Enciende una vela, pone música zen. “Diez minutos para bajar todo el mambo de la calle”. Y sopla la vela. “¿Vamos a bailar?”, dice como si la sala acabara de mutar en el Luz de Gas. “Creo que el baile proporciona mucho de desconexión”, justificará luego.

"Descargas tensiones y te relajas"

Empieza a sonar música pop, rock, disco. “Yo hago pasos –señala–. Quien pueda, que me siga. Quien no, a la suya. La cuestión es divertirse”. Pierdes la vergüenza tras la primera canción. “¿Qué importa lo que piense el otro? –te dice Paula con deje de psicóloga–. Importa lo que pienses vos de vos. Importa qué llevas dentro. Y cómo te enfrentas a la vida con eso que tienes dentro”. La última canción se baila con los ojos cerrados.

La clase ahora pasa al yoga con esterilla. “Para volver a bajar esas revoluciones”, explica Paula. Vuelves a resoplar con la intensidad de un jubilado al hablar de pensiones. Haces el perro boca abajo, el corredor, el guerrero. Y terminas en savasana: tumbada con las palmas hacia arriba, pies hacia los lados. La postura del cadáver, la llaman. Y sí, te encuentras de muerte.   

Paula da dos clases de Baila Yoga a la semana: en Artesants (Robrenyo, 50) y en The Yoga Sanctuary (Equador, 7). Están en Onefit, la otra aplicación 'fitness' de moda con la que poder tener el don de la ubicuidad en mallas. 

¿Lo que más gusta? “Descargas tensiones y a la vez te relajas”, responde Aída, una de las alumnas de hoy. “Te sueltas en un espacio en el que eres libre”, añade Ana Claudia. “Yo –remata Estíbaliz- salgo feliz”. “Este es un espacio para ser auténtica –asiente la profesora–. Donde perder los miedos, la vergüenza, sentirte libre. Ser vos misma”.

¿Que por qué el yoga ahora viene con plus? “Hay una necesidad de conectar –dice Paula–. Toda la vida se está dando fuera de nosotros. Todo sucede en el móvil, en el ordenador. Y el movimiento te obliga a despertar toda esa emoción que tenemos guardadita dentro”. 

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