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CIUDAD ON

Un club solo para mujeres

A Trump se le caería el tupé de la impresión. Aquí todos los miércoles hacen quedadas libres de testosterona. Barcelonette es un nuevo club social de féminas en Barcelona

Ana Sánchez

Varias socias de Barcelonette se presentan antes de un taller de coaching en la sede del club, en Sarrià. 

Varias socias de Barcelonette se presentan antes de un taller de coaching en la sede del club, en Sarrià.  / CARLOS MONTAÑÉS

Un macho alfa llamaría más la atención aquí que Mario Vaquerizo en un gimnasio. Solo entran mujeres por la puerta. Una, dos…, 13. Hola, hola, dos besos, ¿una cerveza? Todas se saludan con confianza exprés de club privado. “Se me está quedando pequeño el despacho”, sonríe Xènia. “Mola”. Hay dos mesas llenas de fotos con aura 'instagrammer' y una pantalla con un PowerPoint en pausa. Se palpa ambiente de 'coaching'. Hoy toca taller sobre La rueda de la vida, un clásico del desarrollo personal. Es miércoles. Y “los miércoles son los nuevos viernes”, según el lema de Barcelonette, “un nuevo club social para mujeres en Barcelona”, resume su web.  

Hace un par de años que clubs, gimnasios y hoteles cuelgan el cartel “women only”. Solo para mujeres. Se extienden por el mundo los encuentros libres de testosterona. ¿Que por qué? “Yo creo que es un movimiento”, dice Xènia. Es el año de los feminismos, del efecto #MeToo, de los lemas antimachistas de marca en las camisetas. “Las mujeres estamos haciendo mucha piña –añade Xènia-. Ya no nos da cosa”.

Xenia Alonso, 34 años, es quien mira la sala en formato panorámico con sonrisa de anfitriona ejemplar. Es la fundadora de Barcelonette. Te podría soltar términos científicos en tres idiomas. Solía ser traductora, pero se pasó a la publicidad. Creó Barcelonette hace 12 años como blog de moda. Este enero lo convirtió en club social. Va por 40 socias. 3.600 suscriptoras de las 'newsletters'. Hay ejecutivas, consultoras, abogadas, emprendedoras, recién paradas. De 35 años para arriba. ¿El objetivo? Pasarlo bien –responde Xènia-. Hacer amigas y aprender temas nuevos. Y tomar una cerveza tranquila. Y sentirse apoyada. Y generar sinergias. “La idea es que las charlas las vayan dando las propias socias –apunta la creadora del club-. Potenciarnos las unas a las otras”.

CUATRO ACTIVIDADES AL MES

Ser socia cuesta 10 euros al mes o 60 euros al año. El carnet rosa (sí, es rosa) da derecho a cursos, actividades o charlas todos los miércoles. 'Wellness', club del libro, un taller de LinkedIn, 'vision board' ('collages' con tu futuro ideal). El carnet también incluye acceso 'online' a los encuentros, foro privado en Facebook y descuentos en cursos y tiendas.

LO+

Se rompe el hielo con la facilidad de la princesa de 'Frozen'. Te abres más. Te comprenden más.

LO-

Hay quien ha pedido a Xènia que monte un Barcelonette de hombres. ¿En serio?

“¿Por qué es tan complicado hacer cosas?”, se pregunta antes del taller Rocío, una de las socias. “Cada amigo lleva su vida y a mí me gusta hacer cosas”, explica por qué se ha apuntado al club. Es miércoles. El nuevo viernes, en un estudio de Sarrià. De 19.30 a 21 solo entran mujeres. “Estás más tranquila. Te quitas esto del ligoteo”, se ríe Rocío. Son tiempos en los que se tiran anzuelos de “cómo-tú-por-aquí” hasta por Wallapop. “Es otro ambiente –añade Cristina, otra socia-. Al ser solo mujeres te abres mucho más. Te comprenden mucho más”.  

Alguno le ha preguntado a Xènia que por qué no crea un Barcelonette de hombres. “¿Queréis montar un club de tíos? –contestó-. Pero si ya lo tenéis montado. Ponedle un nombre”, se ríe. “Ayer te fuiste a jugar al fútbol, mañana tienes una cena con los del cole… ¿Quién se va corriendo a buscar a los niños?”.  

Dolors Viaplana se pone a pie de PowerPoint. Es cofundadora de Emotiva’t, consultoría especializada en inteligencia emocional. Es quien imparte el taller de hoy. “Elegid una tarjeta –señala las fotos de las mesas- y pensad un momento en el que vuestra vida cambió”. ¡Boom! Se rompe el hielo con más facilidad que la princesa de 'Frozen'. Las presentaciones toman profundidad de confidencia. Sales con sensación de desahogo.  

Por cierto, no se ha hablado de hombres en toda la tarde. “Ostras –se sorprende Xènia-, no me había dado cuenta”.

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