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ENTREVISTA

Laetitia Colombani, escritora: "Los hombres confunden amor y pasión con poder y obsesión"

La autora del 'best-seller' 'La trenza' regresa a las librerías españolas con su cuarta y ambiciosa novela, 'Un día sin mujeres', una utopía literaria que está a punto de hacerse realidad

La escritora, cineasta y actriz Laetitia Colombani, autora de 'Un día sin mujeres'.

La escritora, cineasta y actriz Laetitia Colombani, autora de 'Un día sin mujeres'. / Asís Ayerbe

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Elena Pita

Elena Pita

Barcelona
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La conocimos por 'La trenza', aquella novela corta y pegadiza como un 'hit'. Laetitia Colombani, descubrimiento de la señora Kraus, 'chez' Salamandra, 2018. ¿De dónde salía aquella escritora francesa de nombre italiano con una primera obra tan redonda? Pues del cine. Capaz de ser guionista, actriz y directora al tiempo, la gran pantalla era su pasión (y fueron sus estudios académicos, École Nationale Louis-Lumière).

Y así, 30 años escribiendo para la escena, tirando de la rémora que son actores, promotores, subvenciones, productores y demás ficha técnica, hasta que se hartó. Su última película la había protagonizado Catherine Deneuve, ahí es nada, en 2008. Un tiempo de espera interminable, mientras mil proyectos se amontonaban en su cabeza y en sus ganas, y una nostalgia por la música de las palabras crecía en su memoria (fue también poeta adolescente con premio).

Se hizo novelista y viene ahora con una cuarta y ambiciosa entrega, de inspiración y propósito femenino de nuevo. 'Un día sin mujeres' (Salamandra), una utopía que está a punto de hacerse realidad. ¿Se imaginan que todas las mujeres del mundo nos declarásemos en huelga por un día? ¿Quién llevaría a los niños al cole y quién les enseñaría, quién atendería a los enfermos, los ancianos, las mascotas si me apuran; quién abriría el banco, el mercado, etcétera?

No es una broma al estilo de Boris Vian. Va a pasar. Lean. Por cierto, que llega Colombani (Burdeos, 1976; jersey marinero francés, cara de no romper un plato) de ensayar la adaptación teatral de 'La trenza', que ya llevó al cine con muy buena crítica, y en la que, ahora, la escritora se interpreta a sí misma.

¿De dónde surge o cómo se le ocurrió el método circular de 'La trenza', los destinos entrecruzados que repite en esta nueva novela?

De dos obras que me marcaron a fuego. Una de mis películas favoritas de la historia del cine es 'Babel', de Alejandro González Iñárritu, que es jodidamente genial precisamente por cómo entrelaza tres destinos en tres continentes distintos. Me inspiró una barbaridad su estructura, tan potente y bella. Y también, del libro de Michael Cunningham 'Las horas', ya sabes, tres historias sobre el fondo de 'Mrs. Dalloway' de Virginia Woolf, y la película que hizo sobre él Stephen Daldry.

¿Y no le debe nada a las series?

Sí, cuando empecé a escribir 'La trenza' y pensaba en qué estructura y ritmo darle, hace de esto 10 años, estaba asistiendo a un seminario sobre escritura de series que impartía un guionista estadounidense. De ahí me vino la idea de dejar una especie de suspense al final de cada capítulo y contagiar al lector esas ganas de reencontrarse en el siguiente con el personaje que había perdido capítulos atrás. La semana que viene estrenamos en el Théâtre de la Renaissance de París la adaptación dramática, y yo misma interpreto el papel de novelista, contando cómo surgió la historia y cómo la escribí, al tiempo que interactúo con los personajes de los tres cuentos.

Anda, estará usted encantada… Laetitia, tenía sólo 10 años cuando sus profesores pronosticaron que sería escritora, y de hecho ya escribía poesía y ganó un concurso a los 15. ¿Por qué tardó 30 años más en escribir su primera novela? ¿Acaso se perdió entre platós?

Siempre he escrito, desde niña: poesía, relatos cortos... Pero mi verdadera pasión era el cine. Así que estudié cine en la escuela nacional y enseguida empecé con los guiones a la vez que debutaba como actriz, y de ahí pasé a dirigir películas. Veía la escritura como una especie de 'hobby', escribir era mi pasatiempo. Y sí, tardé 30 años en darme cuenta de que la escritura era lo fundamental en mi vida.

Tardé 30 años en darme cuenta de que la escritura era lo fundamental en mi vida

Y ¿qué tuvo que ocurrir para que lo entendiera así?

Pues que en el cine cuesta mucho trabajo y lleva mucho tiempo sacar adelante los proyectos. Tienes una idea, la escribes, y el tiempo para verla realizada se hace interminable. Hace falta mucho dinero, hay que convencer a productores, actores, agentes, distribuidores, inversores, y luego vienen las reescrituras para convencer a tal actor o para abaratar costes o… Son demasiadas limitaciones, necesitaba más libertad. Cumplía 40 años y me propuse evolucionar: voy a intentar escribir una novela, me dije, y si no encuentro editor me autoedito en la Red, pero al menos habré hecho algo realmente mío sin depender de nadie. Así que me tomé un año y escribí 'La trenza'.

Y vaya si encontró editor, de los grandes. ¿Cuánto tiempo le llevó, cuántas negativas recibió?

Ninguna. Un amigo me propuso enviárselo a Juliette Joste, que es una editora muy conocida en Francia. No creía ni que lo leyera y, de hecho, ella me dijo que se había propuesto leer el primer capítulo para responderme algo. Pero se leyó el libro entero en dos días y me llamó: "Vamos a pulir bien esta historia, es muy interesante", me dijo. Y la publicó en Grasset.

¿Por qué la literatura le hace sentir mucho más libre? ¿Simplemente porque es un acto en soledad?

Es más, es que un escritor no tiene límites a la hora de novelar. Si yo dijera a un productor que quiero hacer un guión que se desarrolla en la India, Sicilia y Canadá, me dirían, 'hummmm', demasiado caro, complicado. En cambio, como novelista me puedo meter en la mente de una mujer india de la casta intocable que recoge excrementos de las letrinas, puedo hacer lo que quiera, y esa libertad es maravillosa. 'La trenza' me permitió revelar mucho más que cualquiera de mis guiones y películas.

Fotograma de la adaptación al cine de la novela 'La trenza'.

Fotograma de la adaptación al cine de la novela 'La trenza'. / Archivo

Laetitia, respecto a esta nueva novela usted misma se pregunta por qué el hombre es el único espécimen animal que mata a su hembra. ¿Ha encontrado la respuesta?

Esta pregunta da mucho vértigo. Yo creo que sucede porque el hombre confunde amor y pasión con poder y posesión. Durante mucho tiempo se habló de "crimen pasional", vaya error más grave. Creo que la destrucción de las mujeres por parte de los hombres es la expresión más extrema de la dominación del hombre sobre la mujer, del hombre que considera que la mujer es un objeto que le pertenece y que tiene derecho a decidir sobre su vida o muerte. Y por desgracia, sí, es algo propio de la especie humana, pero no es un instinto innato y por tanto las cosas podrían ser de otra manera.

¿Es la educación, la cultura, lo que falla?

Absolutamente: hay que educar a los hombres de otra manera para acabar con la violencia machista. ¿Cómo es posible que algunos lleguen a pensar que tienen derecho a decidir sobre la vida o la muerte de las mujeres? ¿Y cómo es posible que la sociedad lo permita?

Hay que educar a los hombres de otra manera para acabar con la violencia machista

Gran parte de las mujeres todavía viven condenadas a elegir entre la maternidad y su profesión. ¿Alguna vez ha tenido que escuchar aquello de "tú cuida a tus hijos, que es lo más importante que puedes hacer"?

Sí, claro. Y el problema surge cuando decides que no sólo quieres cuidar de tus hijos sino además tener una profesión. En francés lo llamamos "la carga", la carga mental de las mujeres, de todo lo que pesa sobre ellas, porque, y lo digo con convencimiento: las mujeres sostienen la sociedad. Trabajan y se siguen ocupando de los niños, de sus padres, de los enfermos… Por eso mi lucha primordial es por la igualdad, para que las mujeres tengan realmente la opción de elegir, pero no elegir y quedarse con todo.

Uno de los asuntos que más sorprende del libro es el 'matahara' japonés, acoso laboral a la mujer embarazada para que se retire. ¿Algo así sigue existiendo hoy en Japón?

Sí, sigue estando muy mal visto que una mujer trabaje y deje a su hijo al cuidado de alguien. La sociedad japonesa es aún muy conservadora y los roles de género están mucho más marcados que aquí: él trabaja y ella cuida de los hijos. Pero el sistema educativo del país es tan exigente que cuando una joven profesional se ha esforzado sobremanera desde niña y al llegar a la edad adulta la sociedad le dice: "Hala, ahora lo dejas todo y te vas a casa", la mujer se rebela y decide no tener hijos. De ahí que tengan la tasa de natalidad más baja del mundo y, también, el movimiento femenino que ha surgido en Japón y Corea del Sur, renunciando a ser madres de familia, a casarse y tener hijos. Y esto está ocasionando un verdadero problema social: el envejecimiento, la no renovación poblacional, no hay suficientes niños.

La novela surge de una noticia sobre la huelga de mujeres sucedida en Islandia en 1975 que logró paralizar el país. Y usted sostiene que "las mujeres tienen un poder que ni ellas mismas sospechan". Entonces, ¿por qué califica su novela de utópica?

Porque es utópica a la vez que realista. Mira, esta mañana he estado en un encuentro con lectoras y han venido las organizadoras de una asociación francesa llamada 'Mundo con Mujeres', que han convocado una huelga para el próximo 13 de octubre y quieren seguir exactamente el modelo islandés. Pero es que a la vez estoy recibiendo mensajes de otras mujeres de muy distintos lugares del planeta que también quieren organizar una huelga mundial el año que viene. Si triunfó en Islandia, país que se convirtió en el pionero en igualdad de género, ¿por qué no iba a funcionar en España, en EEUU y en tantas y tantas latitudes?

Las mujeres sostienen la sociedad. Trabajan y se siguen ocupando de los niños, de sus padres, de los enfermos

¿Falta unidad entre las mujeres para provocar algo así a nivel mundial?

Creo que no, todas las mujeres tienen al menos una razón para exigir más igualdad, para luchar contra la opresión masculina.

¿Podríamos las mujeres acabar con el patriarcado o de nuevo necesitamos que sean los hombres quienes lo cambien?

Hombres y mujeres hemos de trabajar juntos para que las cosas cambien. Porque el objetivo final es la igualdad de géneros, que es tanto como reclamar justicia. En igualdad de condiciones tendríamos un mundo más pacífico, mucho menos violento, porque quien viola y quien agrede mayormente es el hombre, y la prueba está en que las prisiones femeninas son mucho más pequeñas que las de hombres.

Se dice de usted que es la portavoz de los invisibles, ¿qué significa semejante responsabilidad?

Es muy bonito, claro, pero mi mayor responsabilidad es ser justa, conceder la palabra a las mujeres indias intocables, a las mujeres víctimas de la ablación, de la violencia, del abuso de cualquier tipo… Viajo e investigo mucho antes de ponerme a escribir, continuamente me encuentro con la gente, recojo testimonios y me documento para comprender la realidad de cada país del que hablo.

Sostiene que la literatura tiene la misión de comprometerse para conseguir un mundo más justo. ¿El compromiso en arte no era acaso un concepto premodernista?

Sí, sé que no está de moda, pero la literatura que yo quiero practicar tiene que ver con el mundo actual y trata de mostrar lo escondido, revelar la injusticia y la crueldad de las que no somos conscientes. El arte puede ayudar a tomar conciencia.

La literatura puede denunciar las injusticias y alentar la lucha por los derechos sociales

Si tal y como dice "la ficción puede convertirse en un arma de lucha radical", ¿por qué nunca ha ocurrido en la historia?

¡Sí ha ocurrido! Por ejemplo, en EEUU, con la publicación de 'La mística de la feminidad' de Betty Friedan, que despertó la segunda ola de feminismo en los años 60, cuando el 'American way of life' pretendía devolver a la mujer al hogar a preparar pasteles y pasar la aspiradora. O cuando Sylvia Plath escribe 'La campana de cristal' y cuenta que la protagonista se siente como un caballo de carreras sin hipódromo, "soy brillante, inteligente, creativa, y me dicen que debo quedarme en casa haciendo la limpieza". Son dos ejemplos de que la literatura puede denunciar las injusticias y alentar la lucha por los derechos sociales.

Laetitia, ¿cree que las futuras generaciones de mujeres optarán por el 'self wedding' y por enamorarse de un 'chatbot' que no les dé problemas?

No, yo creo siempre en el amor; el amor es un sentimiento poderoso y puede ser liberador. Sea platónico, filial o fraternal, el amor puede salvarnos. Y creo que debe darse entre los seres sintientes, no con las máquinas, y eso que cuento de las agencias de autobodas [un fenómeno que nació y se hizo popular en Kioto] me parece pura aberración.

Un día sin mujeres / Un dia sense dones

Laetitia Colombani

Traducción de José A. Soriano / Lourdes Bigorra Cervelló

Salamandra / La Magrana

288 páginas

22 / 21,90 euros

A la venta el 1 de octubre