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Opinión | OPINIÓN

Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Barcelona

El canon Formentor que nos invade

El premio del mismo nombre se ha convertido en una acción prescriptora para el jurado del Nobel

Carlos Barral, Claude Gallimard y Giulio Einaudi, al anunciar el Premio Formentor que ganó Juan García Hortelano en 1961.

Carlos Barral, Claude Gallimard y Giulio Einaudi, al anunciar el Premio Formentor que ganó Juan García Hortelano en 1961. / EFE

Resulta emocionante tener en tus manos el libraco, "mamotreto", según Basilio Baltasar, 'El canon Formentor', que resume el premio del mismo nombre, que significó en la España literaria de 1961 un aire fresco, repleto de libertad y sentido democrático. Claro que los años 60 fueron más fáciles para que aquellos intelectuales de entonces le colaran al régimen franquista una europeización en vena, aunque todo quedara concentrado en el delicioso marco de Mallorca.

Pero esa relajación en las formas no lo convertía en menos malo. Para nada. Siguió siendo un régimen opresor al que la llegada de escritores como Samuel Beckett, Jorge Luis Borges, García Hortelano o el rojísimo Jorge Semprún le producía ardor de estómago.

La revalorización del premio desde 2011 gracias a la mano de Simón Pedro Barceló consolidó el pasado literario con el futuro, pasando por el presente. Esa decisión supuso una contradicción afortunada con la frase de Jaime Salinas, excelente editor y que ejerció de secretario del premio, que aseguró: "Espero que pronto algún estudioso de la época haga un trabajo serio sobre la historia de unos premios que me temo que nunca más se puedan resucitar".

El estudio no llegó pronto, pero la resurrección sí. En estos momentos, el premio Formentor se ha convertido en una acción prescriptora para el jurado del Nobel y sus conversaciones en una forma de profundizar en los desafíos que esta locura de presente nos está ofreciendo. Todo un reto.

El libro, editado por Anagrama junto a las fundaciones Formentor y Feltrinelli, tiene 736 páginas y supone un repaso sentimental por la literatura de los siglos XX y XXI. Escriben Gallimard, Jorge Herralde y Baltasar. Ver firmar a Herralde es doblemente ilusionante. El último mohicano sigue ahí, y que sea por mucho tiempo.