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Opinión | LiterNatura

Los 'mochufas'

Son aquellos que no tienen la intención de entender cómo se vive en el medio rural sin imponer costumbres propias

El escritor Santiago Lorenzo, autor de 'Los asquerosos'.

El escritor Santiago Lorenzo, autor de 'Los asquerosos'. / David Castro

La cosa está plagada. Se apostan en cualquier lomada del terreno para observar con fruición el horizonte. Es lógico: en situaciones normales su mirada no va más allá del edificio de enfrente que ven cuando asoman por la ventana de su casa o, si me apuras, de su oficina de turno. No soy yo quien los bautizó así, sino el escritor Santiago Lorenzo, que hace unos años obtuvo un gran éxito con su novela 'Los asquerosos' (2018), editada por Blackie Books. No es fácil hacer humor y, sin embargo, esa obra constituye una de las cumbres de la literatura española contemporánea en ese sentido.

Ácido, irónico y, por momentos, brutal, el autor logró reflejar las dos Españas que constituyen la rural y la urbana poniendo una contra otra en sus usos y costumbres y colocando a un personaje desgraciado en el centro de una posibilidad que casi todos nos hemos planteado alguna vez: desertar. Porque, ¿no es mejor estar fuera que dentro del sistema?, ¿he sido feliz todo este tiempo tratando de amoldarme a él?, ¿vale la pena semejante esfuerzo cuando se conoce la libertad que implica vivir sin horarios ni rutina alguna más allá de la que la naturaleza imponga?

El autor de este libro, como yo, vive en una aldea con muy pocos habitantes, e imagino que de esa realidad nace, en gran medida, la inspiración para un texto como el que escribió hace ya un tiempo. Y todos sabemos, al menos los que vivimos en zonas apartadas como las nuestras, que el verano es la época dorada de los 'mochufas' y, por eso, ahora que va tocando a su fin porque el otoño se abre paso, es el mejor momento para rendirles homenaje. En el fondo, son queribles, sobre todo porque 'mochufas' somos un poco todos, intentando readaptarnos a una vida que cada día nos resulta más ajena, que ya casi no entendemos y que tratamos, algunos, de rescatar a fuerza de arañar los aprendizajes que los más viejos nos legan.

Uno se gana el carnet de 'mochufa' cuando no tiene la menor intención de entender cómo se vive en ese espacio

Este año hubo inflación de 'mochufas', el terreno se plagó de ellos a cuenta del eclipse solar que particularmente en mi zona, León, nos dejó a todos con la boca abierta y el corazón temblando de estupefacción, fuéramos 'mochufas' o no. Ojo, no todos los extranjeros son 'mochufas' ni tienen por qué serlo, es más, los podemos incluso apreciar quienes aquí residimos, es más, los reclamamos para que vengan también a ser parte de este desencanto en el que avanzamos quienes preferimos el silencio y la soledad al ruido y el vértigo que vuelve a ser el día a día en las grandes capitales ahora que el frío se acerca de nuevo.

Se puede ser 'mochufa' por no pertenecer a un territorio, claro, pero, sobre todo, uno se gana el carnet de 'mochufa' cuando no tiene la menor intención de entender cómo se vive en ese espacio y de qué manera puede ser parte de él sin imponer costumbres propias.

La cosa es sencilla, en realidad, se trata de no trasladar los vicios urbanos a los paraísos de la España olvidada. Si no te gusta el sosiego, mejor no vengas. Y si vienes, por favor, no impongas. La verdad es que no es tan complicado y, al mismo tiempo, lo es: tal vez hay que partir de una necesidad imperiosa, como le ocurre al protagonista de 'Los asquerosos', para atreverse a dejarlo todo pero, ojo, porque una vez probadas las mieles de la verdadera libertad, es muy difícil volver a apreciar el horizonte recortado que ofrece un 'skyline' urbano frente a la belleza de una montaña.