Joyas arqueológicas

Cajas, amuletos, carros, camas funerarias, sandalias y joyas: así es el ajuar jamás mostrado de Tutankamón

  • Las piezas en las que trabaja el equipo del nuevo museo de Egipto permanecieron durante casi 100 años sin tocar en un baúl del descubridor en 1922 de la tumba de Tutankamón, el egiptólogo británico Howard Carter

NATALIA VAQUERO

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Natalia Vaquero
Natalia Vaquero

Periodista

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Un espacio colosal para acoger la sobresaturación de joyas arqueológicas y para entender mejor el antiguo país de los faraones, desde la Prehistoria hasta el periodo grecorromano, es el objetivo del Gran Museo Egipcio, que será inaugurado el próximo año sobre 490.000 metros cuadrados frente a las pirámides de Giza, con una exposición por primera vez del tesoro completo de Tutankamón hallado hace justo un siglo y una gran escalinata presidida por Ramsés II. Tutankamón conquistará así el desierto de Giza, donde el gran Nilo desemboca en el Mediterráneo, más de 3.500 años después de haber reinado brevemente en Tebas, a más de 600 kilómetros de distancia de El Cairo.

El Gran Museo Egipcio, con más de 100.00 piezas de incalculable valor, no eclipsará al emblemático museo de Tahrir, inaugurado en 1902, asegura Mostafa Waziri, secretario general del Consejo Supremo del Ministerio de Antigüedades y reconocido arqueólogo, encargado de anunciar a bombo y platillo cada uno de los espectaculares hallazgos en esta tierra desértica bendecida por el caudal del Nilo que baña las únicas zonas fértiles y habitables. Waziri enfila la siempre colapsada carretera que lleva hasta Giza, donde el edificio que albergará la colección completa de 5.400 objetos de Tutankamón dará la bienvenida a los visitantes con la enorme estatua del venerado Ramsés II, faraón hace más de 3.000 años, que reinó durante décadas con sus 83 toneladas y sus más de 11 metros de altura la plaza de la estación del ferrocarril de El Cairo.

Los enseres del 'faraón niño'

Montones de diminutas piezas de oro, cuero y lino, cajas, amuletos, carros, camas funerarias, túnicas y joyas llenan los departamentos de conservación del nuevo museo donde restauradores, arqueólogos y egiptólogos reconstruyen el ajuar de Tutankamón, el "faraón niño", fallecido a los 19 años tras reinar durante nueve, entre 1332 y 1323 a. C.

La leyenda de la momia de Tutankamón, que descansa en su tumba del Valle de los Reyes, es inagotable, afirma Tarik Tawfik, exdirector del nuevo museo, demostrando la inconsistencia de la teoría de que era zambo con las sandalias del rey en sus manos tras recuperarlas de las cajas apiladas en los almacenes de Tahrir.

Las piezas en las que trabaja el equipo del museo permanecieron durante casi 100 años sin tocar en un baúl del descubridor en 1922 de la tumba de Tutankamón, el egiptólogo británico Howard Carter. "Muchos pensaban que iba a ser imposible recuperar esos objetos", asegura agradecido a los restauradores con quienes comparte el enigma que envuelve la burda momificación del faraón más conocido de Egipto, "un caso excepcional que deja las puertas abiertas a infinidad de teorías sobre la causa de su muerte".

Una momificación incomprensible

"Es incomprensible que haya sido momificado tan mal cuando los egipcios tenían ya una experiencia de más de 2.000 años en el arte de enterrar a sus muertos", reconoce sin poder concretar una hipótesis plausible de la muerte de Tutankamón, hijo de Akenatón, el esposo de la bella Nefertiti que declaró al Sol Atón como único dios de Egipto y borró de un plumazo el repleto panteón de los dioses del país más rico y poderoso del mundo en aquel tiempo.

"Está claro que lo enterraron con prisas para que el pueblo no se enterase de su muerte y poder entronizar a su sucesor sin trifulcas", justifica Tarik Tawfik. No descarta la posibilidad de que fuese asesinado, aunque casi prefiere la teoría más extendida de que el joven se cayó de un carro de caza, se rompió la cadera y falleció de un fuerte golpe en la cabeza ante la impotencia de su madre, una mujer desconocida cuya momia reposa en el Museo de El Cairo a la espera de identificación y cuyo ADN confirmó su maternidad de Tutankamón.

Nada se sabe del paradero de Nefertiti una vez descartada la efímera tesis del arqueólogo británico Nicholas Reeves, según la cual la tumba de la reina se encontraba al lado de la de Tutankamón. "Es imposible que una reina de la importancia de Nefertiti fuese enterrada a modo de comparsa de Tutankamón", refuta el egiptólogo Hamdi Zaki, convencido de que cuando aparezca la sepultura de la bella esposa de Akenatón será de una grandiosidad similar a la de Keops, enterrado hace más de 4.500 años, y estará alejada del Valle de las Reinas, adonde sólo podían ir los restos de las seguidoras de Amón, y muy cerca de Amarna donde su marido instauró la capital durante su reinado de 17 años.

La galería del "faraón niño", que renegó de su padre hereje, reinstauró el politeísmo y devolvió la capitalidad a Tebas, se expondrá en 7.000 metros cuadrados del nuevo museo para mostrar por primera vez desde el descubrimiento de la tumba las 5.400 piezas que maravillaron al mundo en 1922. "Hasta el momento sólo se había mostrado un tercio del ajuar", revela Tawfik frente a uno de los 19 laboratorios de conservación repartidos por el edificio que cuenta con salas de fumigación para detener el desarrollo de los hongos, origen de tantas leyendas de maldiciones.

Un equipo del Gran Museo Egipcio trata con mimo las momias milenarias.

/ Natalia Vaquero

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"Este es un lugar de paz y convivencia", asegura Waziri al animar al turismo a regresar a la cuna de los faraones donde las misiones arqueológicas españolas tienen un gran prestigio por sus titánicos trabajos en busca de tesoros que han permanecido enterrados y conservados casi intactos por la arena del desierto durante más de doce siglos, hasta el hallazgo en 1799 de la Piedra Rosetta con inscripciones en egipcio, demótico y griego antiguo, una pieza, guardada en el Museo Británico de Londres, fundamental para descifrar los jeroglíficos de la época de los faraones. Esa fue la chispa que logró prender la llama de la fiebre por Egipto.

Waziri se vuelca ahora en la conclusión del Gran Museo Egipcio, que a 18 kilómetros del centro de la capital amplía el espacio del histórico Museo Egipcio de El Cairo, guardián de 100.000 piezas expuestas y de otras 150.000 ocultas en cajas apiladas en los almacenes, pero sin cejar en su empeño por recuperar las miles de obras de arte robadas y vendidas ilegalmente por todo el mundo durante la primavera árabe de 2011, una revolución de jóvenes que puso contra las cuerdas el ambicioso proyecto museístico con forma de triángulo biselado diseñado por los irlandeses Heneghan.peng y financiado por la Agencia Japonesa de Cooperación con más de 750 millones de dólares para sumar a los 350 millones aportados por el Gobierno egipcio que comenzó la obra en 2002.