Felicidad congelada

La anticanción del verano: ‘People take pictures of each other’, de The Kinks (7)

En esta canción de aires vodevilescos, Ray Davies se pregunta por qué la gente toma fotos del verano y extrae ácidas conclusiones sobre nuestra necesidad de demostrar ‘ad eternum’ que los buenos momentos existieron

The Kinks.

The Kinks.

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El verano debe de ser el período del año en que más fotos se toman, y ya no digamos ahora que cualquier nimio evento de nuestra vida cotidiana ha de ser capturado para terminar reposando en el eterno limbo de los archivos de whatsapp. Pero lo de fotografiar y fotografiarnos viene de lejos, y ahí se dirigió la atención del señor Ray Davies en esta canción simpática y punzante, que cierra un álbum envuelto con laureles de obra maestra, ‘The Kinks are The Village Green Preservation Society’ (1968).

Suerte de opereta pop hecha de apuntes costumbristas en torno a la decadente sociedad británica, el disco dedica sus últimos compases a esa crítica al hábito de fotografiar situaciones que queremos considerar memorables y necesitadas de ser revividas ‘ad eternum’. “La gente toma fotos del verano / por si alguien pudiera pensar que se lo habían perdido / y para demostrar que eso realmente existió”, arranca sin piedad Davies, para relamerse luego en el ejercicio complaciente del retrato mutuo, entre padres y madres, hermanos y hermanas, encaminado a dejar constancia “de la época en que le importaban a alguien”.

Contra la nostalgia

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El origen de la canción se sitúa en la boda de unos amigos, a la que asistieron Davies y su (primera) esposa, la lituana Rasa Didzpetris, durante la cual la pareja nupcial fue fotografiada del derecho y del revés. El compositor quiso sancionar ese afán por usar las imágenes para rubricar la propia existencia, atándonos al pasado, cultivando la nostalgia y una visión parcial de los hechos, e incluso paralizándonos con la evocación de un momento pretérito presumiblemente mágico. Resuelve la canción con un ritmo vivaz que tiene algo de ska y de boda griega, transmitiendo cierta algarabía de vodevil que contrasta con el mensaje ácido. Junto al cuarteto opera el venerable Nicky Hopkins al clavicémbalo.

Se trata de un material muy del estilo de Ray Davies, que años más tarde, en ‘Summer’s gone’ (del álbum ‘Word of mouth’, 1984), volverá a ese tema imposible, la dificultad por disfrutar de los buenos momentos cuando se producen, y no en diferido: “Cuando pienso en lo que desperdiciamos, me pone triste / Nunca apreciamos lo que teníamos”, lamenta ahí, a propósito de un verano con “nubes en el cielo”. En ‘People take pictures of each other’, la conclusión es lapidaria: Davies pide que le quiten de en medio aquellas imágenes del verano como paraíso perdido, de cuando era pequeño y se chupaba el dedo junto al viejo roble. “No me muestres más, por favor”.