Vida y arte

La Fundació Vila Casas repasa la trayectoria de Luis Claramunt en los Espais Volart de Barcelona

El artista catalán desarrolló un estilo único e inimitable en los 30 años que duró su fulgurante carrera

La exposición "Naufragios y Tormentas" muestra 180 pinturas que realizó en diferentes etapas y lugares

Retrato de Luis Claramunt

Retrato de Luis Claramunt / Cedida / Alberto García Alix

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Pep Canals

Luis Claramunt (1951-2000) fue uno de los artistas plásticos catalanes más personales, intensos y dramáticos del siglo XX. Su obra fue la expresión de su vida y, en tan solo 30 años, desarrolló una carrera fulgurante marcada por las ciudades donde vivió (Barcelona, Sevilla, con breves estancias en Marrakech y Madrid) y por una forma de vivir que rompió todos los moldes: abandonó el calor de un hogar de origen burgués con 18 años y se lanzó a una vida ambulante en la que adoptó parte de la cultura gitana.

La Fundació Vila Casas ha dedicado una exposición antológica en los Espais Volart de Barcelona a la obra del artista catalán. Comisariada por Sílvia Martínez Palou y Àlex Susanna, “Naufragios y Tormentas” cartografía el recorrido que realizó el pintor a lo largo de sus tres décadas de trayectoria, a través de siete ámbitos expositivos que permiten trazar las coordenadas de cada una de las etapas y viajes que realizó Claramunt. Esto tiene una explicación simple: sus lienzos no estaban hechos para verse individualmente, sino que formaban parte de un conjunto que creaba un relato.

“Sabemos que en su estudio mostraba las obras a sus amistades y galeristas con un orden y una forma muy precisos; en estricto silencio y con un ritmo pausado, en el que iba revelando las obras una tras otra, en una secuencia preestablecida, como quien venía pasando las hojas de un libro”, explica Sílvia Martínez Palou, co-comisaria de la exposición. Ese mismo concepto se puede vislumbrar en la colección de dibujos y fotografías de sus cuadernos autoeditados: “Cada dibujo, cada pintura y cada fotografía debe ser entendida como un fragmento de la misma historia”, apunta Martínez.

La exposición, que estará disponible hasta el 1 de mayo, cuenta con 180 obras de Claramunt e inaugurará la temporada de invierno de la Fundació Vila Casas. El escenario se sitúa en los Espais Volart que, ubicados en pleno Eixample de Barcelona, ocupan los almacenes de la finca Casa Antònia Puget y los bajos de la Casa Felip. Un espacio modernista con 1.600 metros cuadrados expositivos.

Un artista inclasificable

Claramunt no solo fue inclasificable vitalmente, también lo fue su obra. La observación de la vida callejera fue su seña de identidad y junto a sus viajes, visitas a museos y sus numerosas y eclécticas lecturas, construyó su propio universo pictórico. El pintor catalán tampoco siguió las exigencias del mercado, ni admitió nunca ninguna exigencia. La libertad y la independencia marcaron su trayectoria profesional.

Evolucionó desde un expresionismo figurativo a uno más abstracto y cada etapa de su vida influyó de forma muy diferente. “No se hace necesario haberlo conocido ni tratado, tan solo saber algo de su peripecia vital, para poder valorar debidamente su obra. Una obra, no obstante, nada fácil de clasificar, nada amiga de las modas, insobornable y personal como pocas. Irreductible e inconfundible”, reflexiona Àlex Susanna.

Su vida y la complejidad del personaje muchas veces eclipsaron a su obra. “Es ahora – cuando el personaje empieza a alejarse de nosotros definitivamente – cuando su obra se nos revela casi desnuda de toda contingencia y se vale más que nunca por ella misma”, apunta el co-comisario de la exposición.

Siete ámbitos que explican su obra

La exposición de la Fundación Vila Casas divide en siete los ámbitos expositivos de la obra de Claramunt, cada uno de ellos marcado por su momento vital.

·  La isla del tesoro: Este ámbito ocupa sus primeros 15 años de trayectoria en Barcelona (1970-1985). Son años formativos en los que destacan las figuras, las vistas urbanas, los bares e interiores. Fueron sus años más oscuros y dramáticos, con una pintura en la que la figura y el fondo se confunden a menudo.

·  Ciudades y paisajes: Claramunt vivió en Sevilla desde 1985 a 1989. En esta época conoce a Juana de Aizpuru, la galerista que apostó por él durante toda su vida. El pintor evolucionó en esa etapa y presenta una obra más madura y con objetivos claros. Retrata la versión nocturna de la ciudad, la que él vivía. Pinta obras de gran formato, depura los motivos y comienza a prescindir de elementos como el color o el simbolismo. En esta época aún conserva los colores de Barcelona, con series monocromas dedicadas a sus calles en las que destacaban los azules, los grises y los ocres. Pinta a pocas personas y da más relevancia a los espacios.  

·  Marrakech: Los viajes a Marrakech marcaron la trayectoria de Claramunt. Esta etapa, que va desde 1985 a 1988, fue una de las más pletóricas a nivel creativo. La figura volvió a ser la protagonista de sus pinturas, que narraban escenas captadas en espacios como la plaza y el mercado de Yamma el Fna. “La mirada hacia la gente se vuelve más detallada, curiosa e interesada. Sus personajes son siempre peculiares, con extremidades desproporcionadas y un extraño protagonismo de objetos y animales”, explica Martínez.

"La hora del té" (1988)

/ Cedida / Pedro Martínez de Albornoz

· Toro de invierno: Entre 1984 y 1994, Claramunt hizo una serie de pinturas abordando la temática del toro. Con perspectivas distorsionadas, el uso homogéneo del color, la singularidad de los puntos de vista y la simultaneidad de ciertas acciones, entre otros, plasma escenas como una capea en una finca de Ávila o el espectáculo de unos toros en libertad que parece una pintura rupestre.

·  La muela de oro: Esta serie de obras la realizó en los años noventa y, como indica el nombre, parece que hacía alusión a una muela que le generaba problemas. Las obras se inspiran en el perfil de los edificios que veía desde el balcón de su taller en Madrid. Comienza una etapa surrealista, donde el dibujo de trazo se impone sobre la pintura y elimina el color.

·  ‘Shadow Line’: De la mano de Aizpuru se trasladó a Madrid en 1989. Allí tenía el objetivo de encontrar su lanzamiento internacional. En esta etapa vuelve a los motivos marineros, “pero con un salto desconcertante que lo acerca al expresionismo abstracto”, asegura Susanna. “Sorprende la implosión de líneas, trazos, manchas y colores que se produce, así como la insistencia en un solo motivo obsesivo: el de un velero que parece reflejarse en unas aguas muertas”, explica el co-comisario.

·  ‘Naufragios y tormentas’: Esta serie, que da nombre a la exposición, fue la última exposición del artista antes de fallecer. El mar, las travesías, las tormentas y los naufragios se convierten en los grandes protagonistas. Sus trazos son más abstractos y menos literarios.

Sin título, "El bajío" (1999)

/ Cedida / AFMNCARS