Entrevista

Marina Rossell: “¿Crisis de la ‘cançó’? Los movimientos nacen y se transforman”

  • La cantautora presenta su nuevo álbum, ‘300 Crits’, en el que ofrece adaptaciones de clásicos de la ‘chanson’ (Piaf, Trenet, Ferré…) así como temas de estreno, este sábado en el teatro Joventut, de L’Hospitalet, acompañada del pianista Xavi Lloses

 La cantautora Marina Rossell.

 La cantautora Marina Rossell. / Ferran Sendra.

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Después de recuperar las canciones de la Resistencia, acude ahora a los clásicos franceses. ¿Por qué vuelve a ese tiempo pasado de la vieja Europa?

Porque esa época representó un antes y un después. Las canciones atesoran una sabiduría; te reconfortan y te dan esperanza. Me gustaría poder recoger eso y llevarlo a mi terreno. Esas canciones te hacen pensar que es incomprensible que los cinturones de las ciudades fueran rojos y ahora, de derechas o de extrema derecha. Los partidos de izquierdas han provocado eso. Me ha impactado lo del Parlament, eso de que sin trabajar te paguen. Creía que habrían hecho caso a Guardiola cuando clamó por ir a trabajar “ben d’hora, ben d’hora”… Fue en el mismo Parlament donde lo dijo.

¿No teme que esas canciones de los tiempos de guerra y posguerra en Francia puedan pillar lejos al público actual?

No me importa, sinceramente. Yo mojo la pluma en el corazón. Son canciones que, en su mayoría, no se tradujeron al catalán, o se tradujeron mal. Dyango cantó ‘Avec le temps’, de Léo Ferré, y no decía “és amb el temps que no estimem”, cuando es la clave de la canción. ‘Et maintenant’, ‘Hymne à l’amour’ y ‘La mer’ no existían en catalán. Me interesa que esas canciones, con los textos adaptados por Josep Tero, queden como aportaciones al patrimonio cultural catalán. Me importa mucho, porque no tengo ninguna necesidad de hacer discos.

Junto a los temas franceses, en el disco hay cuatro canciones suyas con su firma. Este es su disco con más canciones propias desde ‘Marítim’, hace casi veinte años.

He ido haciendo canciones, pero guardándolas. Como máximo, en cada trabajo monográfico he aportado una canción, como ‘Mare de Déu del món’ en ‘Cap al cel’ (2002), o ‘Absents’, en el segundo volumen dedicado a Moustaki (2014), o ‘Quanta guerra’, en 'Cançons de la resistència' (2015).

¿De dónde salen esos ‘300 crits’ que no solo son de rabia o denuncia, sino también “de pau i de consol”, “de fred i de bondat”?

Son los gritos que atraviesan la naturaleza, y cada uno debe encontrar los suyos. Ya estaban en el disco de la Resistencia, y van conmigo. Parten de muchas cosas: por ejemplo, de estar un día en un parking y ver a un chico que, de repente, sin saber que yo lo estaba viendo, comenzó a gritar, de un modo brutal, “això no és el que jo volia…!” Se me quedó grabado.

Ferran Palau le acompaña en ‘Morir d’un llamp’. ¿Qué le ha llevado hasta él?

Tiene una mirada propia. Y se lo debo a una entrevista en su diario, donde él dijo que se identificaba mucho con lo que yo hacía. En la vida todo es reciprocidad, y me gusta colaborar con otras generaciones. Es hacer girar la rueda. Y me gusta mucho esa familia que tiene, con Maria Hein, que canta también en el tema, y Anna Andreu, y otros cantantes. No hay equivalente a lo que hace Ferran, como no lo hay de Sisa.

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Un buen amigo suyo que ya dejó los escenarios. De la ‘nova cançó’ se apearon Llach, Raimon y, ahora, Serrat. ¿Piensa en el fin de una época?

Todo se alimenta de todo y ningún artista nace de la nada. ¿Crisis de la ‘cançó’? Los movimientos nacen y se transforman; el río es el mismo, pero no lo es el agua. Hablar de crisis de una escena responde a una necesidad de etiquetar las cosas, cuando todo es más fluido, más líquido. Aunque Llach, Raimon y Serrat son mis maestros. Yo era pequeña y no sabía nada de Machado, ni quién era Ausiàs March. Me sé mejor sus canciones que las mías.

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