Obituario

Muere Jordi Sabatés, pianista de leyenda de la música catalana

El músico y compositor, autor con Tete Montoliu de ‘Vampyria’ y cómplice de artistas como Maria del Mar Bonet, Pau Riba, Ovidi Montllor y Toti Soler, fallece a consecuencia de un infarto a los 73 años

Jordi Sabatés.

Jordi Sabatés. / Albert Bertran

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Virtuoso del piano y creador oceánico, Jordi Sabatés desbordó los límites de los géneros musicales combinando la gramática jazzística con la exploración en el rock y la psicodelia, la canción de autor y la tradición trovadoresca, los rigores del clasicismo y el diálogo con el cine. Obra monumental, rica en colaboraciones de altos vuelos, la de este barcelonés que nos dejó este lunes por la noche, a los 73 años, al no superar la crisis cardíaca de la que hace menos de un mes informó a sus amistades a través de las redes sociales.

Sabatés (Barcelona, 23 de octubre de 1948) se licenció en Física, pero la música, que cultivó en el conservatorio del Liceu, pudo más, de modo que con apenas veinte años se abrió paso con el grupo pop Pic-Nic, junto a Jeanette y Toti Soler. Con este guitarrista estableció hondos lazos: ahí estuvo su entente en Om, formación bautismal del ‘underground’ catalán, que se estrenó como banda de apoyo de Maria del Mar Bonet en la canción ‘Jo em donaria a qui em volgués’ (texto de Josep Palau i Fabre), publicada en ‘single’ en 1969. Atraído por esa grabación, Pau Riba fichó a Om para grabar ‘Dioptria’, misión que se circunscribió al primero de sus dos elepés. Om alzó el vuelo en 1970 con su álbum homónimo, piedra de toque de un rock progresivo con vistas a la fusión jazzística.

Hito a dos pianos

Siguió ese camino ya por su cuenta en el grupo Jarka, donde figuraba, a la guitarra, su hermano Ricky, que falleció también recientemente, el pasado mayo. En los 70, Sabatés se anotó una intensa actividad, con discos en solitario (piano solo a cuenta de Frederic Mompou o el frondoso ‘Tot l’enyor del demà’) y duetos heterodoxos: con Toti Soler y Santi Arisa, y el episodio jazzístico librepensador de ‘Vampyria’ (1974), cita con Tete Montoliu a dos pianos (acústico el de Sabatés, eléctrico el de su maestro), que en 2009 fue elegido el mejor álbum de jazz catalán de la historia por la revista ‘Jaç’. Montoliu se avino a interpretar un repertorio enteramente firmado por Sabatés en este disco grabado en una sola toma, que en su día causó revuelo en el entorno jazzístico más tradicional.

Su piano tuvo un fuerte influjo en el sonido que rigió un tiempo en la música catalana, vanguardia a escala española, tanto la que tendía al primer ‘underground’ como al jazz-rock layetano, así como el imaginario de los cantautores. Ahí estuvo Sabatés en discos troncales de Ovidi Montllor, de ‘Un entre tants’ (1972) al póstumo ‘4.02.42’ (1980), y en ‘No és possible el que visc’ (1974), de Quico Pi de la Serra. Y, de nuevo, al lado de Maria del Mar Bonet en ‘Jardí tancat’ (1981; musicando una pieza abracadabresca, ‘La relíquia’, sobre un poema de Joan Alcover) y en la trova medieval de ‘Breviari d’amor’ (1982). Ese año, se citó con Chick Corea en el escenario de ‘Musica Express’ (TVE).

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Su obra resulta abrumadora y no hay que dejar de lado sus trabajos propios con temática literaria (‘El senyor dels anells’, ‘El fantasma de Canterville’), el homenaje al ragtime de Scott Joplin, los ‘lieder’ con la soprano Carmen Bustamante y los boleros y sones de Bola de Nieve, así como sus músicas para el cine mudo, apuntando a Buster Keaton, F. W. Murnau o Segundo de Chomón. Apoyado por el Instituto Cervantes, que le organizó conciertos internacionales, Sabatés tuvo en su madurez una existencia discreta en nuestra escena, creando músicas refinadas con limitada repercusión. Después de todo, él se vio a sí mismo como un ‘maverick’, inconformista, título de su último álbum (2016).