Historia

Operación Castigo: el bombardeo que destrozó las presas de Hitler, bajo la lupa de Max Hastings

Efectos de las aguas en Talsperre tras el bombardeo de la presa de Möhne.

Efectos de las aguas en Talsperre tras el bombardeo de la presa de Möhne.

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Unos 1.400 civiles, la mitad de ellos prisioneras francesas de los nazis y trabajadoras forzadas rusas y polacas, murieron durante la noche del 16 al 17 de mayo de 1943, cuando aviones británicos reventaron con unas revolucionarias bombas "rebotadoras" las dos grandes presas de Alemania, las del Möhne y el Eder, en el valle del Ruhr. Fueron las víctimas colaterales de la inmediata inundación bajo cientos de millones de toneladas de agua que causó la Operación Castigo, un éxito táctico, tecnológico y épico que aunque obligó a Hitler a desviar una gran cantidad de recursos destinados a los distintos frentes y logró paralizar la industria de la estratégica zona, no sirvió para acortar la guerra, como arengó antes del despegue el líder del Escuadrón 617 de bombarderos de la RAF, Guy Gibson, a sus 130 aviadores. La mayoría eran británicos, canadienses y australianos y poco más que adolescentes; de ellos, solo 77 volvieron vivos (y solo 32 sobrevivirían al conflicto). 

"A sangre fría se embarcaron en una misión que probablemente les costaría la vida (muchos eran conscientes de ello) y que nunca saldría adelante sin una dosis excepcional de arrojo, pericia y buena suerte", escribe el reconocido historiador y periodista Max Hastings (Londres,1945) en 'Operación Castigo’ (Crítica), una investigación, con entrevistas a algunos protagonistas, donde profundiza en este episodio de la Segunda Guerra Mundial (curiosamente, su colega James Holland indaga en ‘Sicilia 1943’ en otro frente bélico de este mismo año, el desembarco aliado en la isla italiana).  

La fuerza del agua "asolaba y mataba a una velocidad de 6 metros por segundo"

"Durante dos horas y media, bajo la luz de la Luna, volaron hacia Alemania a una altura tan baja que los cables de la luz resultaban amenazas tan letales como el fuego antiaéreo. Allí atacaron las presas de Hitler, en vuelo recto y regular, a una velocidad fija de 355 kilómetros por hora, muy por debajo de las copas de los árboles y a tan poca distancia de los embalses que no habría cabido ni un campo de críquet, lanzando unas armas revolucionarias, de 4 toneladas y media,", explica en el libro Hastings, de quien Esfera de los Libros ha reeditado recientemente su ‘Overlord’. 

La única fotografía conocida de un avión Lancaster del Escuadrón 617, despegando para la Operación Castigo, en 1943.

/ CRÍTICA

Aquellas nuevas bombas, bautizadas Upkeep, surgieron del cerebro de "un visionario" de 55 años, el ingeniero autodidacta Barnes Wallis, cuya idea pronto entusiasmó al mando del Ejército británico, cuyo prestigio estaba "muy menguado" tras las derrotas de 1940 y 1942 en distintos frentes. Diseñó un arma que, lanzada por un bombardero a gran velocidad, rebotara sobre el agua, como comprobaron en unas "pruebas con canicas", hasta el muro de las presas esquivando las redes antitorpedos. 

"Reventar la presa del Möhne soltó sobre el valle inferior 100 millones de toneladas de la reserva, encabezadas por una ola inicial que llegó a alcanzar los 12 metros de altura". La fuerza del agua "asolaba y mataba a una velocidad de 6 metros por segundo, y creó inundaciones que acabaron por extenderse por más de 150 kilómetros".

Estado en el que el bombardeo aliado dejó la presa de Mönhe.

/ El Periódico de Catalunya

Sonaron las sirenas de alerta aérea a medianoche y muchas familias se refugiaron en los sótanos, ajenas a lo que se les venía encima. Un testigo vio una "extraña nube de humo, en forma de hongo", en realidad, las nubes de espuma que emergían de los bosques bajo la presa. "De pronto empezaron a resonar, entre la noche, gritos tumultuosos". El amanecer "dejó al descubierto una multitud de cadáveres". 

En el otro lado, una hermana de uno de los aviadores, John Hopgood, diría tras su muerte que entró en los Bombarderos porque "no deseaba ver el resultado directo del sufrimiento humano que causan las armas de la guerra. Sentía que estar entre las nubes le distanciaría del horror de matar". Otro escribiría: "Nos formábamos con un solo objetivo: matar. Y teníamos una sola esperanza: vivir".

Proeza y horror

No olvida Hastings a los artilleros alemanes que defendieron las presas, que "se enfrentaban a un fenómeno completamente nuevo, una amenaza elemental y mortal. Hitler no había enviado a los más brillantes y selectos, los superhombres de las SS, a proteger un objetivo rural, más bien remoto e inviolado hasta la fecha". 

Si por un lado el historiador confiesa su "admiración por la brillantez y personalidad" de Wallis, y "asombro por la proeza" del Escuadrón 617", por otro siente "horror ante la catástrofe bíblica que la Operación Castigo desató sobre todos los atrapados en la crecida de los ríos Möhne y Eder".

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'Operación Castigo'

Max Hastings  

Traducción:  Gonzalo García

Editorial:  Crítica

 392 páginas. 23,90 euros