Crítica de cine

Crítica de '¡Canta 2!': más locura (y temazos) todavía

Fotograma de la película ’¡Canta 2!’

Fotograma de la película ’¡Canta 2!’ / El Periódico

  • Tras el éxito de '¡Canta!', la factoría Illumination regresa con una segunda parte que aumenta su apuesta en espectáculo, en risas, en ternura, locura y hits.

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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'¡Canta 2!'

Dirección  Garth Jennings

Voces (en español) Concha Velasco, Andrea Compton, Luis Tosar, Ana Milán, Miguel Ángel Muñoz, Natcher y Rigoberta Bandini

Año  2021

Estreno 22 de diciembre

★★★ 

Garth Jennings ha dirigido videoclips para Fatboy Slim, Blur, R.E.M. o Radiohead, ha salido de zombi en 'Zombie’s Party', ha firmado un par de películas de acción real en las que la que la mezcla de géneros resultaba fundamental (como ocurría en 'El hijo de Rambow' o la difícil adaptación de 'Guía del autoestopista del espacio'), para pasarse a la animación con ‘¡Canta!’, un musical de la factoría Ilumination (la de los Minions) que en su primera parte logró configurar una nómina de personajes de lo más entrañables a ritmo de populares canciones pop. 

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Ahora, en su segunda parte, se amplía todo el universo que se había construido alrededor del koala Buster Moon y la mítica iguana con el ojo de cristal la señorita Crawley para montar un espectáculo más grande, e incluso puede que mejor, pero no solo porque la parafernalia alcance límites insospechados en esta ocasión, sino porque todo funciona como un reloj, como una máquina bien engrasada en la que los gags caen en el momento oportuno, hay instantes para la ternura, la batería de hits resulta apabullante y la velocidad a la que ocurre todo, así como su explosión de colores y texturas, parece confeccionada para provocar casi un shock psicotrónico. 

Afortunadamente, además de ser una película prefabricada, se guarda bajo la manga alguna sorpresa que sirve demostrar que uno de los secretos para hacer una buena película de animación infantil es siempre dejar un pequeño espacio a la locura.