Novedad editorial

Ledicia Costas construye con 'Golpes de luz' un puente entre nietos y abuelos a través del narcotráfico gallego

  • La autora, especialista en literatura infantil y juvenil, publica su nueva novela para adultos tras 'Infamia'

  • Un relato en el que la más cruda realidad y la fantasía se dan la mano y que habla de muchos temas de forma transparente, desde el narcotráfico a la conciliación

La escritora Ledicia Costas, en 2020.

La escritora Ledicia Costas, en 2020. / Plumeria

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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Ledicia Costas (Vigo, 1979) se ha labrado una reconocida trayectoria dentro del género infantil y juvenil escrito en gallego e incluso llegó a obtener en 2015 el Premio Nacional por su obra 'Escarlatina, la cocinera cadáver'. Sus cuentos están repletos de imaginación, de personajes pertenecientes al imaginario del terror o del folclore popular, a los que se les da la vuelta para divertirse y vivir aventuras junto a ellos. 

Con su primera novela para adultos, 'Infamia', se introdujo en el thriller psicológico a través de una trama de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica y ahora publica 'Golpes de luz' (Destino), una historia contada a tres voces pertenecientes a diferentes generaciones en la que laten muchos temas, como el cuidado a los ancianos, la fantasía infantil, el narcotráfico de heroína en Galicia, el universo Marvel y la imposibilidad de la conciliación. 

“En esta ocasión quería escribir una novela llena de esperanza y de luz, llena de ternura”, cuenta la autora en conversación telefónica. “Pero al mismo tiempo parte de temas muy oscuros que resuenan en nuestra memoria, que pululan envolviendo de suciedad y toxicidad todo lo que tocan”. 

Ledicia se crio en el entorno rural en Pontevedra y recuerda que cuando tenía trece años pasaban droga enfrente de su casa y había colas de chavales esperando recibir su dosis. A veces tenía que pasar por encima de alguien que estaba tirado en el suelo después de haberse metido un chute de heroína. “Vivimos cosas muy fuertes, somos hijos de una generación robada por la droga, y eso sigue muy presente en nuestros recuerdos. Yo quería escribir sobre esto, pero al mismo tiempo me daba pudor. Al final pensé que lo más honesto sería hacerlo desde mis propias vivencias, porque creo que es una cuestión que sigue palpitando en el subconsciente colectivo de mi región”. 

'Golpes de luz' está protagonizada por Luz, una anciana que vive pegada a un martillo y que no se sabe si vive en la realidad, en un mundo paralelo o tiene demencia senil; Julia, su hija, que acaba de divorciarse y ha regresado a su tierra para cuidar de su madre y Sebas, el nieto, que tiene que adaptarse a una nueva vida y que se embarcará en una serie de aventuras con sus amigos (como si se trata de ‘Los Goonies’ o ‘Stranger Things’) para escapar del entorno hostil en el que se encuentra. Cada uno de los personajes arrastra un trauma. Hay soledad, hay mentiras, hay un poco de locura, sensación de impotencia, incluso fantasmas. Y también un gran secreto que desentrañar: ¿por qué el padre de Julia desapareció de un día para otro y nunca se volvió a saber de él? 

“Quería escribir un libro que fuera una especie de puente entre distintas generaciones. Era un reto literario conseguir esas tres voces, porque son muy diferentes, están a años luz la una de la otra. Quería ser honesta, por eso me atreví a contar los tres puntos de vista desde la primera persona, de forma que se van intercalando”. 

Cada una de esas perspectivas irá completando el relato de manera consecutiva, de manera que parece que no hay transiciones entre ellas, aunque cada una tiene su propia personalidad: la abuela habla en gallego y entabla conversaciones con su progenitora muerta, la madre se encuentra embarcada en una búsqueda periodística y personal mientras intenta no llorar y el niño, además de hacer frente al bullying, crea junto a sus amigos un mundo en el que la mitología nórdica y los cómics de Thor adquieren una importancia fundamental. 

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“El mundo de los niños y de los abuelos está muy conectado, ellos son el centro de las familias. Entre Luz y Sebas se establece una relación muy especial. A veces me preguntan, ¿has escrito una novela sobre una señora que lleva un martillo y su nieto se cree que es Thor? Pues sí, eso he escrito (risas). Por eso me cuesta encontrar las palabras para definir la novela. Hay melodrama, un universo mágico, la realidad más indecente del tráfico de heroína, hay humor, aunque no es una comedia, y un misterio”. 

El paisaje gallego es otro de los elementos fundamentales en la novela. Para Ledicia Costas resulta crucial. Allí lo real y lo imaginario se dan la mano. “No me escapo de la Galicia verde, y en este caso tuve siempre en mente los alrededores de mi casa, porque me siento cómoda en ese espacio”. 

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