Concierto

Robe Iniesta vuelve a lo primario en el Palau Sant Jordi

  • El cantante se creció como alto heredero de Extremoduro en un concierto maratoniano en el que recorrió al completo su nuevo álbum, ‘Mayéutica’, y revivió los clásicos de la banda

 Robe Iniesta, en el Palau Sant Jordi, este sábado.

 Robe Iniesta, en el Palau Sant Jordi, este sábado. / Ferran Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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La gira de despedida de Extremoduro quedó en el limbo, pero quizá no sea tan grave, ya que este Robe de ‘Mayéutica’ hereda aquella noción tortuosa del rock, las canciones kilométricas y la enredadera filosófica. Y en directo, a diferencia de la gira anterior (2017), no falta un buen lote de clásicos de la antigua banda, recibidos con algarabía por audiencias como la de este sábado en un Palau Sant Jordi formateado: 8.100 personas prestas a moverse a sus anchas en la pista por primera vez en 21 meses.

El protocolo del pasaporte covid, aunque generó colas (el concierto arrancó con 20 minutos de retraso), jugó a favor de un Robe para el que no está hecho el corsé de los patios de butacas numeradas. Con todo, el primer tramo del repertorio se decantó por los ‘tempos’ matizados de sus dos primeros álbumes en solitario, con temas como ‘Hoy al mundo renuncio’ o ese ‘Contra todos’ con ‘quejío’ flamenco del imponente cantante de apoyo, Lorenzo González.

Apologeta de la utopía

Material proclive a los remolinos de violín (y clarinete), en diálogo florido con la guitarra eléctrica; lenguaje musical extemporáneo (la sombra del rock andaluz filo-sinfónico de los 70) aunque rico en relieves y estampas de lirismo. Ahí se acoplaron citas de Extremoduro muy moduladas, ya fuera ‘Golfa’, ‘So payaso’ o ‘El camino de las utopías’, pieza esta en la que Robe nos animó a batallar por las causas más improbables, porque “cuanto más difícil sea el plan, más orgulloso estarás de él”. Aunque como regla vital es algo temeraria, la carrera de Robe puede darle la razón: cuadratura del círculo, la suya, al acceder al gran público manejando un cancionero tan empinado.

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Una muy celebrada ‘Dulce introducción al caos’, de ‘La ley innata’ (2008), trazó el puente al repaso completo de ‘Mayéutica’, intermedio mediante (de 37 largos minutos). Ahí, invocando a Sócrates, procedieron Robe y su ensamblada tropa al aquelarre de cuatro movimientos ricos en giros y recovecos. Se trataba de “volver a lo primario”, de “hacerte bailar / como una puta loca”, buscando la piedra filosofal en torno al rosario de digitaciones de guitarra de Woody Amores y a las cenefas del violín de Carlitos Pérez.

Música llena de drama y catarsis que representó el arrollador regreso de Robe a una sonoridad rock más pareja a la de Extremoduro, con nuevos matices adultos, camino de unos bises a cuenta del viejo grupo, rondando ya las tres horas de sesión. Quizá Extremoduro ya no exista, pero tenemos a Robe, que se le parece bastante.