Crítica de música

Dani Martín, regocijo generacional en el regreso al Palau Sant Jordi

Los clásicos de El Canto del Loco, en versión electrizante, sacudieron la sala, que acogió a 15.000 personas, la convocatoria más alta desde febrero de 2020

Concierto de Dani Martín en el Palau Sant Jordi de Barcelona. / FERRAN SENDRA / VÍDEO: EFE

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El Canto del Loco fue ese grupo que no quiso sentirse culpable por cantar canciones de amor y tener fans quinceañeras, y que supo tirar del hilo de un pop-rock guitarrero con fibra sensible (y sensiblera). A su estela se arrima ahora Dani Martín en su nuevo disco, 'No, no vuelve', lleno de adaptaciones de su antiguo grupo, que este sábado transmitieron regocijo generacional y euforia liberadora, la noche en que el Palau Sant Jordi recuperó su aforo completo después de 20 meses.

Sala llena, aunque con el formato de asientos, ya que el Procicat sigue limitando la ocupación al 80% en el ocio nocturno, es decir, con público en pie (y pasaporte covid o test), y ante la disyuntiva de tener que aplazar una vez más (ya habría sido la tercera), la promotora The Project optó al final por acogerse al modelo de localidades numeradas (sin certificado), que sí permite el 100%, aunque con números algo inferiores. Pero solo así podía acomodar a las 15.000 personas que habían comprado su entrada, incluidas las de la pista.

Arreglos expeditivos

Al margen del galimatías protocolario, había ganas de revivir el rito del cancionero compartido a pleno pulmón, y el repertorio de El Canto lo puso fácil. Cuesta un poco entender esta jugada de Dani Martín, ya más allá de la traviesa campaña de 'No, no vuelve': ¿lanzar un disco con temas de su antiguo grupo es su modo decirnos que su carrera en solitario está asentada? Pero el madrileño hizo suyas esas piezas inyectándoles más electricidad, de modo que, por ejemplo, 'Son sueños' derivó del medio tiempo melancólico al arreglo expeditivo, ideado para inflamar grandes recintos.

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Ahí estuvo su fuerza, en esas viejas cartas que aunaban sentimiento y tirón guitarrero: de 'Volverá' a ‘Ya nada volverá a ser como antes', y de ahí a los bises de 'Zapatillas' e 'Insoportable'. En contraste, el temario del Martín solista, muy tendente a la balada, deparó secuencias menos excitantes. Quedó un recorrido algo descompensado, a dos velocidades (y una tercera, breve, con las latinas 'La mentira' y 'Los huesos'), y la sensación de que, después de todo, Dani Martín traslada el foco a la música que le colocó en el mapa, más grande que su propia figura, tal y como desliza en la pieza titular del álbum 'No, no vuelve', esta de estreno: "Me arruiné con tanta pose / y solo queda la canción".