28ª edición de la muestra

Marco Mezquida, un concierto sobrehumano en el arranque del Sónar

El pianista menorquín ofreció en el Auditori una inaudita sesión de improvisación en diálogo con la inteligencia artificial que abrió a su vez el festival AI and Music

Marco Mezquida, en imprevisible diálogo con su socio robótico, en el Auditori de Barcelona, este miércoles.

Marco Mezquida, en imprevisible diálogo con su socio robótico, en el Auditori de Barcelona, este miércoles. / Ferran Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Marco Mezquida sabe lo que es improvisar junto a grandes creadores, desde un Marc Miralta a una Sílvia Pérez Cruz, músicos dotados para burlar cuadrículas y pautas previsibles, pero seguramente nunca se las había tenido con un ‘partenaire’ tan desconcertante como el de este miércoles en la sala 2 del Auditori. En escena, compartiendo plano con su piano de cola, el instrumento de inteligencia artificial desarrollado por los científicos de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y plantado allí como un monolito que habría hecho feliz al Kubrick de ‘2001: Una odisea del espacio’.

Ese diálogo entre el hombre y la máquina abrió la primera edición del festival AI and Music, bautizado en alusión a la inteligencia artificial (y con la coletilla de S+T+ARTS, acrónimo en inglés de ciencia, tecnología y artes). Fue el pórtico, a su vez, de este singular 28º Sónar de otoño, y nos reservó hora y cuarto de improvisaciones no a cuatro manos, sino a dos y un robot, o algo así, con ambos entes en busca de “espacios sonoros de síntesis” a través de una “topografía multidimensional”, según las previas y doctas palabras de Antònia Folguera, comisaria del Sónar +D.

El concierto más imprevisible

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Música generada toda ella a tiempo real, que se abrió paso con una tímida plática entre las notas disonantes y los chasquidos del dispositivo artificial, derivando en una marejada de arpegios en cascada replicados por sonidos de ventisca y de engranajes mecánicos. Reminiscencias del expresionismo y de la música concreta en un recorrido imprevisible, entendemos, por ambas partes, si es que hablar en estos términos refiriéndonos al sujeto maquinal tiene algún sentido. Escenario en penumbra, con unos pocos focos direccionales, potenciando la sensación de enigma.

Mezquida se había referido al “vértigo” de este concierto en la presentación del Sónar días atrás, y se podía percibir el suelo abriéndose debajo de sus pies en esa secuencia huérfana de cartas de navegación, ejecutada a puerta fría con un interlocutor acaso salido de algún agujero negro. Su digitación abrumadora y sus pulsaciones directas a las cuerdas despertaron un mundo de reacciones sintéticas con vida propia. Música convulsa que derivó en un fundido sutil y en guiños a un cabaret galáctico. Pero el festival subrayó que este proyecto está en fase experimental, y quedó ahí la sensación de que grandes y asombrosas cosas están por venir.