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Icíar Bollaín explica las anécdotas del rodaje de 'Maixabel'

  • Blanca Portillo y Luis Tosar no se vieron hasta rodar la escena del encuentro para mantener la tensión

  • Fue difícil rodar con los bebés porque nacieron durante el confinamiento y solo conocían a sus padres

  • Los amigos reales de Jaúregui participaron como figurantes en la escena final

La directora Icíar Bollaín firma este drama inspirado en personajes reales.

La directora Icíar Bollaín firma este drama inspirado en personajes reales. / BUENAVISTA

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Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

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Icíar Bollaín, como buena actriz que es, va cambiando continuamente de registro como directora con cada nueva película. Sin ir más lejos, la autora de joyas del cine español como Te doy mis ojos ha rodado en los últimos años la biográfica Yuli, una comedia como La boda de Rosa y ahora, da un salto al vacío con el drama basado en hechos reales, Maixabel, que se convertirá en otro título fundamental de su filmografía. En esta cinta vuelve a trabajar una vez más con Luis Tosar y recluta a una mesurada Blanca Portillo y la debutante María Cerezuela. Otro nombre importante es el del desconocido Urko Olazabal, un actor maduro que ha sorprendido por su calidad interpretativa.

Juntos recrean la vida y la actitud frente a ella de Maixabel Lasa, la esposa del político Juan Maria Jaúregui, asesinado por ETA, que accedió a encontrarse con los etarras que mataron a su marido. Es un filme lleno de emoción, de verdad sobre la reconciliación y el perdón, sobre la culpa y la soledad. Un encomiable intento de cerrar las heridas abiertas en el País Vasco con sinceridad y humildad, sin pretender dar lecciones a nadie, simplemente ciñéndose lo más posible a la autenticidad. El guion, escrito por la realizadora junto a Isa Campo (La propera pell) es un mecanismo de orfebrería al que los actores responden con solvencia. La propia Icíar Bollaín nos explica las curiosidades del rodaje.

-Una cuestión de tiempo. “La principal diferencia con lo que ocurrió en realidad fue que tuvimos que condensar en un plazo de tiempo más corto lo que pasó en casi una década. El encuentro entre ellos fue más tarde, en el 2011 en casa de la mediadora, como en la película, fue al homenaje dos años más tarde… En esencia es lo mismo pero cambiamos los tiempos para que no se perdiera el arco dramático”.

-La aportación de los personajes reales. “Isa Campo y yo hablamos mucho con Maixabel y con su hija, estuvimos en el homenaje a Jaúregui y nos entrevistamos tanto con ellas como los exetarras. Durante el proceso de guion les llamábamos a unos y a otros constantemente. Por ejemplo, a Ibon le preguntábamos por cosas de la cárcel, cómo era por dentro, cómo organizaban sus celdas, queríamos ser lo más fieles posibles a la realidad”.

Isa Campo (izquierda) coescribió el guion junto a Bollaín.

/ JUAN HERRERO / PIM

-Reconstruyendo los encuentros. “Las conversaciones que mantuvieron son muy fieles en la película. Para conseguirlo hablamos con ellos, con la mediadora y con otro mediador que estuvo allí y hemos reconstruido gran parte de los diálogos. Por ejemplo, Maixabel les preguntó a ambos lo mismo al principio, si sabían quién era su marido y lo que había hecho, pero solo sale en una de las dos. Fueron encuentros de unas tres horas y algunas frases son textuales como la que dice Maixabel: prefiero ser la viuda de Juan Mari que tu madre”.

-Ensayos por separado. “La escena entre Blanca y Urko se hizo de una manera más convencional, ensayaron juntos y luego vieron cómo había quedado la escena. Pero Blanca no conocía demasiado a Luis y le imponía mucho. Él es un amor, un niño grande bromista, pero no da esa imagen e impresiona. Blanca me dijo que quería preservar la sorpresa, que se encontraran por primera vez cuando fueran a rodar la escena y me pareció muy buena idea. Durante cinco semanas estuvimos ensayando con ellos dos por separado, yo era como la mediadora. No tenían muchas escenas juntos pero podían coincidir en el rodaje y fuimos intentando evitar que se encontraran. Cuando llegó el momento se fue construyendo una solemnidad, había muchos nervios y una gran expectativa y tampoco ensayamos en ese rodaje. Luis se sentó, luego llegó Blanca y empezaron con sus frases. Al final, montamos la primera toma que rodamos y es que ese momento había sido muy especial, no tanto como el real, por supuesto, pero había algo de eso”.

Blanca Portillo y Luis Tosar se vieron por primera vez en la escena del encuentro.

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-Cambiando de ubicación. “En realidad a Jáuregui no lo mataron en el casino como en la película sino en el café de un frontón. Intentamos grabar allí pero estaba en obras y era muy complicado, así que decidimos cambiarlo por otro lugar emblemático como el casino”.

-Los colores de los personajes. “Para ambientar las casas de Maixabel e Ibon intentamos jugar con la paleta de colores. Para ella, tonos grises, azules y cálidos mientras que él estaba marcado por el amarillo y el marrón de la prisión o su domicilio, de madera. Eran parte de sus historias. En el exterior, él vive también en una cárcel, en su barrio, en el mundo etarra. Hasta que, finalmente, se encuentran”

Para retratar a Maixabel utilizaron colores como el azul.

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-El paso del tiempo. “La mediadora de la vida real estaba embarazada y le fuimos poniendo más barriga a medida que avanzaba la acción. Este detalle en un rodaje supone todo un quebradero de cabeza porque te obliga a mostrar cómo el tiempo va pasando. También los bebés van creciendo y es otro problema, son dos elementos que te delatan”.

-En la prisión real. “La cárcel de Nanclares de Oca está cerrada desde hace tiempo, ya que ahora hay una prisión nueva, y tuvimos la suerte de poder rodar allí y está tal cual. En el módulo 4, donde estaban ellos, aún están las listas con sus nombres, con las tareas que tenían que hacer. Se autogestionaban para tirar las basuras, limpiar y seguían estando en aquella pared. Fue una maravilla rodar donde pasaron realmente las cosas”.

El filme se rodó en la prisión de Nanclares de Oca, ahora cerrada.

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-Bebés desconfinados. “Era muy difícil rodar con bebés porque eran niños nacidos durante el confinamiento que nunca habían salido de casa ni habían estado con nadie que no fueran sus padres. En cuanto se soltaban de la madre, lloraban. Tuvimos una suerte enorme porque el segundo que sale es el hijo del actor que hace de periodista que está con Jaúregui (Jaime Otamendi), un bebé de un añito, el padre estaba cerca y el peque iba cogiendo confianza”.

-Montando la intensidad. “Con los actores hicimos varias tomas de las escenas de las dramáticas y en unas tenían que estar más emocionados que en otras. Después, en el montaje fuimos midiendo la intensidad que queríamos. A mí, personalmente, me impresiona más cuando los veo luchando por contener la emoción que cuando romper a llorar, creo que así comunican más”.

-¿Las comes o las dejas? “En la escena donde Luis come en casa de su madre estaba nervioso y tenso y se metió siete platos de lentejas, ya no podía comer más. A mí me daba apuro porque tenía que hacerlo desde varios planos, no solo el de frente, también el de espaldas y de la madre, unas 25 tomas. Se acabó toda una olla de lentejas”.

-Con la ayuda de sus amigos. “Rodar la escena final fue muy bonito porque estaba la propia Maixabel y sus amigos de cuadrilla reales, a los que habíamos conocido durante uno de los homenajes. Cuando estábamos preparando la escena pensamos que podríamos llamarlos a ellos para que hicieran de extras y la verdad es que le dieron otro significado adicional. Sentían mucha emoción e ilusión por estar allí. Se pasaron diez horas cantando en el monte y no les importó, fue precioso porque allí se respiraba mucha verdad”.

En la escena del homenaje, los amigos reales de Jaúregui hicieron de figurantes.

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-Una década después. “Me he reencontrado con Luis, con quien he rodado varias películas, pero hacía 11 años que no coincidíamos. Y es fantástico porque le han pasado muchas cosas en la vida, ha tenido hijos, ha hecho más cine. Es la misma persona humana y terrenal, con la cabeza muy bien amueblada, sencillo y currante. Hay que ver lo entregado que es como padre... Ahora compartimos otras cosas, lo quiero mucho porque llevamos mucho tiempo juntos y hemos vivido tantas aventuras”.

-Tosar con más pelo. “Discutimos mucho sobre si teníamos que ponerle más pelo a Luis en las primeras escenas, porque él ya tiene una imagen así, todos sabemos que es calvo y se hace extraño verle de otra manera. Yo rodé con él su primera película (Flores de otro mundo) con 27 años y ya era calvo entonces. Por eso solo le añadimos un poco de pelo, algo muy sutil que provoca la sensación de que ha pasado el tiempo, pero no le íbamos a poner un flequillo…”

Luis Tosar (derecha) ya era calvo a finales de los 90 cuando rodó 'Flores de otro mundo'.

/ ARCHIVO

-Un equipo concienciado. “Durante el rodaje había mucho respeto por el tema que estábamos tratando. La mayor parte del equipo es vasco y lo conocía muy bien, pero el ambiente era de mucha camaradería. Había algo bonito porque sabían que estaban haciendo algo que valía mucho la pena, muy positivo. Es algo que les tocaba muy directamente y era muy importante para ellos, generaba mucha empatía. Ellos no pueden elegir qué película hacer, si les gusta o no, pero aquí había mucha complicidad, aportaban mucho, se involucraban. Me decían que algún detalle no lo harían así y, pese a la dureza del tema, no íbamos tristes al rodaje”.

-La sorpresa de la película. “El hallazgo de Urko Olazabal (Luis, el otro etarra) es mérito de Mireia Juárez, la responsable de casting, que mueve hasta la última piedra hasta que encuentra lo que buscamos. Urko lleva muchos años dando clases de interpretación, pero no haciendo personajes, es prácticamente desconocido, le hemos visto muy poco. Y es un actor formidable tiene credibilidad y hace un personaje impresionante, esas miradas, esos silencios. Impresiona”.

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El desconocido actor Urko Olazabal es la gran sorpresa de la película.

/ EPC