Literatura para pensar el presente

Daniel Ruiz sirve un retrato rabioso de la Generación X

El escritor y ganador del Premio Tusquets ha publicado 'Amigos para siempre', una nueva enmienda a la sociedad actual

 Daniel Ruiz - Amigos para siempre

Daniel Ruiz - Amigos para siempre

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Poco a poco y sin mucho ruido mediático, más allá de obtener el Premio Tusquets de novela en 2016 por ‘La gran ola’, el escritor Daniel Ruiz (Sevilla, 1976) está abordando libro a libro y sin concesiones un retrato de la España actual, una estampa coral marcada por la rabia ante la convulsa realidad social. ‘Amigos para siempre’ (Tusquets) es la última entrega de ese desfogue ante la corrupción, la política mal concebida y la amoralidad individual e íntima que él retrata con un ojo puesto en la literatura de Rafael Chirbes, uno de los autores clave para él.

Su última novela es el retrato de un grupo de amigos muy heterogéneos, casi todos entre los 40 y los 50 años, que coinciden en una fiesta de cumpleaños que irá subiendo de temperatura hasta que se convierta en una olla a presión colocada al límite: "Es un duelo de tensiones dialécticas entrecruzadas que va poniendo a los personajes cabeza abajo durante toda una noche hasta llegar a la madrugada, en una especie de exorcismo final", cuenta Ruiz, que ha querido sobre todo relatar la deriva de la Generación X, la suya, que según sus palabras "no ha envejecido bien".

"Mi generación ha sido un tanto cobarde. Desde el principio nos vinieron bien dadas porque crecimos en los rescoldos de la sociedad del bienestar. Gozamos de los mejores momentos de la educación y la sanidad públicas". Ruiz dispara autocrítica, hace un recuento generacional y el resultado es descorazonador: "Nos las dábamos de rebeldes pero jamás planteamos algo parecido al 15-M y lo más cerca que estuvimos culturalmente de una actitud a la contra fue el grunge, que nos marcó a todos pero que en el fondo era una especie de punk para niños bien. Luego criticamos a los que venían detrás pero fuimos incapaces de darles las condiciones adecuadas". Para el autor todos estos reproches se resumen en dos: "Éramos muy cobardes. No asumimos lo que implica el paso del tiempo".

Mirándose en Chirbes y en Polanski

La literatura rabiosa en la que cree Ruiz, que dice no acabar de comulgar con la etiqueta de escritor social, tiene que ver con el presente y en ese sentido se siente muy acompañado en el oficio por muchos colegas: "Quien escribe ahora no tiene la menor pretensión de quedar. La literatura se concibe como algo urgente, como si fuera periodismo pero con un poquito más de caducidad. Los libros que pretenden cambiar el mundo hace ya mucho tiempo que entraron en decadencia".

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Junto a Chirbes, Ruiz también admite tener una deuda con su admirado -tan solo como realizador- Roman Polanski. Comparte con el director de cine el gusto por los ambientes cerrados y opresivos que suelen ser reflejo y detonante de las peores pulsiones de sus habitantes. "Me gusta mucho la habilidad que tiene para construir atmósferas raras y jodidas. Yo quería hacer algo parecido: que hubiera una amenaza fantasmagórica, que el lector intuya que va a pasar algo y, aunque se olvide por momentos, esté muy claro que el final no va a ser anodino".

En ese final, sin jugar a destripar la trama, juega un papel importante el célebre cuadro ‘La balsa de La Medusa’ de Gericault, que capta el momento en que los náufragos de una fragata del siglo XIX que han padecido hambre y deshidratación y han practicado el canibalismo avistan un barco. "Era una forma muy plástica de mostrar de qué manera los personajes están derrotados tras el ‘temporal’ que los ha llevado hasta ahí. Porque lo que les ha sucedido es un naufragio en toda regla". 

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