LO QUE NO SABÍAS DE...

Los secretos del drama 'Pequeños milagros en Peckam Street'

  • La película se rodó en el mismo edificio, e incluso, el apartamento de la directora.

  • Tuvieron que convencer con Legos al niño protagonista porque no le gusta salir de casa

  • Lo que más les costó fue encontrar a un gato de color naranja como el que querían.

Las directoras Mina Mileva (izquierda) y Vesela Kazova, junto al gato protagonista.

Las directoras Mina Mileva (izquierda) y Vesela Kazova, junto al gato protagonista. / SURTSEY FILMS

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Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

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Una de las principales fuentes de inspiración de los artistas son sus propias vidas a las que recurren para ficcionarlas y convertirlas en objeto de su trabajo. Eso es, precisamente, lo que ha hecho la realizadora búlgara afincada en Londres Mina Mileva quien ha reconstruido, junto a su compañera Vesela Kazova, un episodio que le ocurrió a ella en Pequeños milagros en Peckham Street (Cat in the wall), que acaba de estrenarse en nuestro país. Aunque esté basada en hechos reales es su primera película de ficción como directoras tras haber colaborado juntas en varios documentales premiados en festivales internacionales.

La película, ambientada en el Londres del Brexit, se centra en una inmigrante búlgara, Irina (Irina Atanasova) que vive junto a su hermano y su hijo en un piso que ha comprado. El principal problema que tiene es que el ayuntamiento ha decidido hacer unas obras en el edificio y cobra una cantidad desmesurada a los vecinos que sospechan que pretenden echarlos de allí para hacer negocio, la tristemente célebre gentrificación. Durante esos días también acogerán a un hermoso gato naranja que se convertirá en el mejor amigo del niño pero que también les traerá muchos problemas. Las dos directoras nos cuentan las anécdotas del rodaje de su opera prima.   

-Una tarta muy controlada. “La escena inicial con los niños en la cocina haciendo un pastel es muy espontánea y puede dar la impresión de que todo era improvisado, pero estaba todo planeado, no los dejamos a su aire. Toda la planificación se hizo para que lo pareciese pero estaba todo preparado, aunque ellos también aportaron su parte de frescura y de locura”.

-En el lugar de los hechos. “El rodaje tuvo lugar en el mismo edificio donde tuvieron lugar los hechos, e incluso en mi propio apartamento. La obra y los andamios también eran reales, si no no hubiéramos podido hacerlo. Estaban esperando a que empezara nuestro rodaje para ponerse a trabajar porque teníamos a Robert de Niro detrás diciéndoles que cuando estuvieran listas las dos chicas podían empezar la obra y también lo hicimos justo a tiempo cuando ocurrió lo del Brexit (bromean)”.

El filme se rodó en el mismo edificio y apartamento donde vive la directora.

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-El niño que no salía de casa. “El chico protagonista era muy introvertido y muy especial, con un mundo interior muy profundo. Los padres nos advirtieron de que no le gustaba salir, que no podíamos elegirlo porque no le gusta ir a ningún sitio, prefiere quedarse en casa. Tuvimos que engañarle y le dijimos que teníamos que construir un Lego en la casa donde rodábamos. Mi hijo (Mina) tenía uno enorme y se lo llevó. Pero era tan listo que los acababa enseguida y cada dos días teníamos que comprarle uno nuevo. Pero, por error, compramos uno para un niño de 8 años en vez de 5, que era su edad, y eso supuso una tragedia para él y se puso a llorar desconsoladamente. Era muy profesional y le dijimos que teníamos que empezar a rodar la escena en la que llora por el gato y queríamos utilizarlo. Le dije que estábamos allí para ayudarle y que intentara reconstruirlo recordando lo que sintió con el Lego. Él acabó llorando y yo también (Vesela) detrás de la cámara y mucha gente del equipo, también”.

-De Elena a Irina. “La protagonista se llama Irina, como su personaje. En primer lugar le pusimos otro nombre, se llamaba Elena pero la manera de pronunciar de los ingleses provocaba que sonara siempre como Irina. Para el niño también fue muy conveniente, ya que le era más fácil llamarla por su nombre. Es una actriz muy profesional que se había graduado en Bulgaria con uno de los profesores más prestigiosos del país y allí había trabajado en teatro, pero nunca había actuado en Inglaterra. Este es su primer papel y es una actriz excelente”.

El personaje protagonista debía llamarse Elena pero acabó siendo Irina por la pronunciación inglesa.

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-Dos vecinos de verdad. “La escena de la reunión de vecinos estaba completamente planeada y escrita y trabajamos mucho la puesta en escena, quién se sienta dónde y cosas así. Convocamos una reunión real antes del rodaje y grabamos sus conversaciones con la intención de incluirlas en la película. Las ficcionalizamos y añadimos algunos chistes. Dos de esas personas aparecen finalmente en el filme. Les dimos el guion y se extrañaban de que tuvieran que reproducir sus propias frases y de que hubieran dicho eso. La gente estuvo muy abierta y fue asombroso porque demuestra de dónde viene ese humor negro de los ingleses“.

-El perro y los plátanos. “El perro era algo peligroso porque era un pitbull. Estos animales están casi prohibidos en Inglaterra y tienen que ir con bozal. Estuvimos observando al perro durante varios días y su amo nos aseguraba que era muy tranquilo, muy manso y muy bueno. Pero tuvimos un problema porque no había manera de que ladrara frente a la caldera, como exigía la escena, hasta que el dueño nos explicó que el animal odiaba los plátanos y pusimos unos cuantos detrás de la caldera y, entonces, empezó a ladrarles. Vamos a buscarlo para incluirlo en el making off”.

Algunos de los auténticos vecinos del inmueble aparecen en la escena de la reunión.

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-La importancia del color. “El gato es un caballero importante, y creo que es el actor que mejor se portó en todo el rodaje y se aprendió el guion rápidamente. Pero lo que más nos costó fue encontrar un gato de ese color jengibre. Había un vecino que cuidaba un gran número de animales en el barrio y nos dijo que no nos preocupáramos porque él nos lo encontraría. Al final nos trajo unos 20, pero ninguno era de ese color, que era el que queríamos. Me reprochó que no se lo hubiera dicho y me preguntó porque tenía que ser de ese color y yo le dije que era imprescindible. Me lo volví a pensar y pensé que quizás no era tan importante y fue cuando me explicó que en Gran Bretaña, el gato jengibre está en el rango más alto y descubrimos que también son muy apreciados en Israel por su inteligencia y porque dicen que dan suerte y dinero. Entonces decidimos que iríamos a por un gato naranja como fuera”.

-Cuestión de idiomas. “Seguíamos buscando el gato e Irina, que estaba trabajando en un pub, nos dijo que un compañero tenía uno así. Era un gato irlandés que se llamaba Cheddar y era tan bueno y tan educado que se sentaba en el sofá y no había manera de que investigara o se escondiera, que es lo que habitualmente hacen los gatos cuando llegan a un sitio nuevo y lo que necesitábamos que hiciera. Así que volvimos a recurrir al vecino del principio, que sabía mucho de felinos y nos dijo que, claro, todo el equipo estaba hablando en inglés, que era una lengua extranjera para el gato porque era irlandés. El mejor método fue ponerle una jaula enorme y colocarle en medio de la sala donde no pudiera salir y así se acostumbraría. También descubrimos que respondía muy bien a los niños porque estaba acostumbrado a jugar con dos niñas que hay en su casa y que le tiraban de las orejas y le tocaban la cabeza, así que trajimos a las dos niñas y, en cuanto llegaron, empezó a ser mucho más receptivo”.      

Las directoras se obsesionaron en conseguir un gato de color jengibre.

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-La realidad ante todo. “La decoración de la casa de la vecina con fotos de Bob Marley y David Bowie es una creación de nuestra genial directora artística y de producción, Yulia Kunov, que trabajó mucho en esta habitación y en decorar todo el lugar. Es otra emigrante que tiene una gran formación y se fijó en todos los detalles para crear un ambiente para una persona de clase obrera en esta época. Todo el lugar fue totalmente transformado. La decoración era muy auténtica, triste y realista, como si ese comedor siempre hubiera estado ahí, no es solo cuestión de colocar una lámpara o una mesa, tiene que parecer única, como si formase parte del espacio”.

La decoración de la casa de la vecina fue un gran trabajo de la directora artística, Yulia Kunov.

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