Música en tiempos de pandemia

123 positivos en un Cruïlla que aprueba en su primera jornada

El dispositivo de tests de antígenos a los 13.000 primeros asistentes funcionó con fluidez en el arranque del festival

Asistentes a la jornada inaugural del Cruïlla, el pasado jueves, en el Parc del Fòrum de Barcelona.

Asistentes a la jornada inaugural del Cruïlla, el pasado jueves, en el Parc del Fòrum de Barcelona. / FERRAN SENDRA (EPC)

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El festival más ambicioso de estos locos tiempos, el Cruïlla, ha echado a andar este jueves, en un momento delicado por el repunte de la pandemia, con una exhibición de logística sanitaria que es un espectáculo en sí mismo: 80 carriles nítidamente señalizados, 300 enfermeros y auxiliares, y un batallón de profesionales indicando a cada asistente la ruta a seguir para hacerse el test de antígenos y acceder al Fòrum. Objetivo: cribar hasta a 25.000 personas cada día, hasta el sábado, reto inédito en Europa que la muestra consumó en esta primera jornada con fluidez y dejando que la música tomara la palabra a golpe de reggae, hip-hop y ritmos urbanos. A las 21.00 horas se habían registrado 123 positivos entre los primeros 13.000 asistentes, un dato que el festival destaca como aportación al cribaje de gran utilidad. 

Los engranajes funcionaron en el Centre de Convencions Internacional de Barcelona (CCIB), donde a lo largo de la tarde el flujo de público (que había reservado su hora en la web del festival) fue escalonado y dinámico, de modo que el proceso de toma de temperatura y test ni siquiera alcanzaba los cinco minutos. Algo más irregular fue la espera del resultado, positivo o negativo, vía mail y a través de la cuenta personal, ya que los 15 minutos previstos se convirtieron en ocasiones en algunos más.

Público en los accesos del Festival Cruïlla para hacerse la prueba de antígenos.

/ FERRAN SENDRA

Mascarillas vigiladas

Sensación de que el festival cuidaba de sus últimos detalles a contrarreloj cuando las puertas del recinto se abrieron, a las 16.30 horas, 30 minutos más tarde de lo anunciado, manteniendo todavía sus escenarios acordonados hasta media hora más tarde. Quizá nunca se habían visto tantos carriles de acceso en una cita musical en este país, ni tal batería de empleados pidiendo el DNI y validando pulseras ‘cashless’ (vinculadas al test). Dentro, en los frontales de los escenarios, separados de la restauración y limitados por vallas, donde se concentraba más público, otros trabajadores con la camiseta del festival cuidaron de que nadie se quitase la mascarilla (se dio a cada asistente una FFP2), atendiendo el toque de alerta que dio estos días el ‘conseller’ Argimon a propósito de las muestras musicales de la semana pasada. 

Que en estos tiempos es difícil dar algo por seguro lo sigue viviendo el Cruïlla todos los días, también este jueves, cuando a primera hora de la mañana se confirmó el positivo de covid-19 de Sergi Sala, del grupo de hip-hop Senyor Oca, que debía abrir el festival y que fue suplido a toda prisa por otro artista de nombre protocolario, Sr. Wilson, alias de Xavi Ojeda. A él correspondió el honor de descorchar la muestra, armando un robusto tándem con Griffi, veterano exSolo Los Solo. A bordo este de su ‘sound system’, abrió la sesión con pistas de soul, jamaicanas, easy listening y magrebíes, maleando clásicos como el primerizo hito dance hall ‘Ring thealarm’, de Tenor Saw.

De un ‘senyor’ a otro

El Sr. Wilson se le sumó con autoridad, luciendo bermudas y camiseta con ‘smiley’, y contándonos de qué imprevisto modo había llegado allí. "Hoy me he despertado a las nueve de la mañana y mi teléfono estaba quemando. Era mi mánager diciéndome ‘esta tarde a las 17.20 tocas en el Cruïlla’. Este ‘show’ lo hemos montado en una mañana", reveló, añadiendo que su repertorio, con dos temas inéditos, era único y exclusivo para el festival, y lanzando una pregunta retórica: "¿a cuánta gente le gusta el reggae aquí en el Cruïlla?". 

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Pero esta fue la jornada del hip-hop y del rap, que a la espera del peso pesado Kase.O Jazz Magnetism, tomaron el poder con la corpulencia del rock y la trama metalera de Rayden, inyectado guitarras eléctricas a canciones de aristas épicas, y luego con la invasiva fusión de Lágrimas de Sangre: ‘flows’ furiosos y solos de ‘guitar hero’ compatibles con la fiesta salsera de ‘Salsa boloñesa’, resaltando las motivaciones originarias ("las ganas de rimar que no se extinguen") o el reggae de ‘Buen viaje’, animando al público a quitarse de encima las capas de polvo pandémico. Resumieron con precisión el espíritu de algarabía y fraternidad que se respiraba en el Fòrum: "vamos a bailar, a cantar y a darlo todo, familia".