Entrevista dual

Fangoria: “Nuestra supervivencia se basa en crearnos un mundo paralelo”

  • Alaska y Nacho Canut publican un epé con tres canciones nuevas, ‘Existencialismo pop’, y actúan este sábado en el festival de Pedralbes, donde abren su primera gira en más de año y medio. Al no poder hacer la entrevista juntos, pidieron que se les entrevistara a los dos por separado

Alaska y Nacho Canut: Fangoria, en 2019.

Alaska y Nacho Canut: Fangoria, en 2019. / Albert Bertran

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Alaska: “¿Formatos pequeños? No, no y no”

La canción que abre el epé, ‘Momentismo absoluto’, lo deja claro: debemos dejar de hacer planes.

Parece una canción sobre este momento, pero refleja lo que Nacho y yo pensamos que es la vida. Nunca hemos hecho muchos planes. Nos movemos a partir de proyectos inmediatos. Hasta ahí llegamos.

 

No han hecho ni un solo concierto en todo este tiempo de pandemia.

Nos sugirieron hacer formatos reducidos, pero no nos da la gana. ¿Formatos pequeños? No, no y no. El aforo puede ser mayor o menor, pero el formato es el que es, con la pantalla, los cuatro bailarines…

 

Y Fangoria jamás hará un concierto acústico.

¡Somos un grupo de música electrónica! ¿Qué hacemos, salir con un Casio?

 

¿De dónde sale esa canción titulada ‘Satanismo, arte abstracto y rock’n’roll’?

De una exposición en Barcelona [‘La llum negra’, en el CCCB]. En los años 50, el rock’n’roll era el diablo, y el arte abstracto, la falta de expresión. Todo formaba parte de una cultura popular juvenil. Para nosotros, todo viene del rock’n’roll. No del rock: del rock’n’roll. Luego nos dieron ganas de hacer otras aproximaciones a esta canción y nos salieron otras dos versiones.

 

‘Satanismo, arte abstracto y tecno-pop’ y ‘Satanismo, arte abstracto y acid house’.

El tecno-pop fue contemporáneo a nosotros, pero no nos influyó. Es un error pensar que porque hicieras música en los 80 ya eras tecno-pop. Nosotros éramos más siniestros, o más disco music, o luego ya más Hi-NRG. Pero nos hace gracia ver gente que hoy en día utiliza sonidos tecno-pop, como The Weeknd o Dua Lipa, y hemos llegado a eso como un ejercicio de estilo.

 

El acid house sí que asomó ya en ‘Fan fatal’ (1989), de Alaska + Dinarama. ¿Fue la última tendencia que les marcó?

Afectó hasta a grupos de rock como Primal Scream. Nos cambió la forma de trabajar. Ese disco de Dinarama lo veo ya casi como el primero de Fangoria. Sí que hay músicas actuales que nos divierten y que escuchamos: el reguetón, la música urbana… Me vuelve loca el mundo de Cardi B, Nicky Minaj, Doja Cat… Pero no me han vuelto la vida como un guante.

 

Fangoria da la impresión de vivir al margen de las miserias, alborotos y escandaleras del mundo terrenal, incluyendo la política.

Mirando hacia atrás, si me preguntas qué pasaba con Dinarama en otros momentos de la vida política quizá no sabría que decirte, porque nuestra supervivencia se basa en crearnos un mundo paralelo. Eso es así desde que yo tenía 14 años. Y este no es el momento de dejar ese mundo.

 

Nacho Canut: “Sería un payaso si me tatuara a Billie Eilish en el brazo”

 

Fangoria no da un concierto desde octubre de 2019. ¿Cierta ansiedad?

Los conciertos son parte de mi trabajo, pero, así como hay artistas que viven para el directo, no es nuestro caso. Dar conciertos es solo una de las cosas que hacemos. Yo podría vivir sin hacerlos. No me afectaría a la cabeza.

 

Hay un guiño al acid house en su nuevo epé. ¿La última novedad musical que les sacudió?

Fue como cuando vimos por primera vez a los Ramones. Nos lo puso nuestro mánager en 1986 o 1987 en un parking en Ibiza, una casete, y dijimos “¿pero esto qué es?”. Luego, por edad, las cosas te afectan de modo diferente. Ahora es muy difícil que algo musical me cambie la vida. Me encanta Billie Eilish: sus melodías, su sonoridad, su voz, sus letras, sus ritmos… Pero es muy difícil que me afecte como la primera vez que oí a los Ramones, o a Sex Pistols, o a Pet Shop Boys. Sería un payaso si me tatuara a Billie en el brazo, como hice con Bowie cuando tenía 13 años.

 

¿Le preocupa saber incorporar nuevos sonidos a Fangoria?

Por supuesto. Somos gente curiosa, nada dogmática. Cuando salió el grunge o cuando a los modernos les dio por el folk, pues fueron cosas que yo no iba a hacer. Pero otras sí que pienso cómo meterlas en lo que hago. En el reguetón y en el trap hay ritmos y sonoridades que sí me interesan. Somos un grupo pop, y lo que nos gusta, lo cogemos.

 Ahora ya no es imprescindible crear un estribillo incontestable para llegar al gran público. El lenguaje pop se ha enrarecido.

Eso es gracias al rap: los estribillos ahí están más diluidos, no responden al esquema de canción pop de estrofas y estribillo. Pero eso lo hace muchísimo más interesante. Igual que con las celebridades: antes, Elvis, los Beatles o Madonna eran figuras planetarias. Ahora, si le hablo a mi madre de Billie Eilish, me preguntará “¿quién?”. Hay oportunidades para ser relativamente famoso, y me parece muy bien. Antes había una celebridad famosísima, con mucha diferencia, y ahora todas son igual de famosas.

 

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Hubo un tiempo en que, para nuestra salud mental y musical, tuvimos que parar de hacer canciones de Alaska y Dinarama. Pero, después de 30 años, para mucha gente nuestra canción más famosa ya no es ‘A quién le importa’, ni ‘Bailando’, sino ‘Dramas y comedias’ o ‘No sé qué me das’. Ya podemos tocar lo que queramos, porque ya somos Fangoria.