200 Aniversario

'El cazador furtivo' de Padrissa transforma el Konzerthaus de Berlín en un bosque

  • La ópera romántica de Carl Maria von Weber vuelve con una producción furera en 'livestream', simbólica y sugerente, para conmemorar su estreno y la del emblemático edificio hace dos siglos

  • Christoph Eschenbach, al frente de la Orquesta del Kozerthaus y los coros de la Radio de Berlín, capitaneó un sólido reparto con la impresionante soprano de Trinidad Jeanne de Bique y el tenor wagneriano Benjamin Bruns

La soprano Jeanne de Bique, en un momento del segundo acto de ’El cazador furtivo’, en la simbólica versión de Carlus Padrissa.

La soprano Jeanne de Bique, en un momento del segundo acto de ’El cazador furtivo’, en la simbólica versión de Carlus Padrissa. / Markus Werner

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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El majestuoso Konzerthaus de Berlín se ha convertido este viernes en un bosque tan frondoso como inquietante y misterioso gracias a la singular propuesta del furero Carlus Padrissa de ‘Der Freischütz’ (‘El cazador furtivo’). Esta ópera romántica de Carl Maria von Weber inauguró el edificio tal día como hoy, un 18 de junio de 1821, hace dos siglos. Para conmemorarlo se ha estrenado esta producción que solo se ha podido seguir por 'livestream' a través de la cadena Arte y de la web de la sala de conciertos. Quinientas personas pudieron presenciarlo desde la céntrica plaza Gendarmenmarkt situada frente al auditorio donde se instalaron dos grandes pantallas a cada lado de la escalinata de la entrada principal.

Un momento de 'El cazador furtivo' que ha acogido el Konzerthaus de Berlín este 18 de junio en la conmemoración del estreno de la obra de Carl Maria von Weber hace 200 años.

/ Markus Werner

El veterano maestro Christoph Eschenbach al frente de la Orquesta del Kozerthaus y los coros de la Radio de Berlín capitaneó un sólido reparto. La producción que combinó elementos de ayer y hoy en una escenografía envolvente donde las proyecciones de Jose Vaalina jugaron un papel determinante. La realización de Michel Beyer captó ese juego de imágenes, como esos enormes árboles que se proyectaban en los tules que tapaban las lámparas del techo y el órgano con una instalación hecha a medida. "Al ser patrimonio cultural no puedes colgar nada en esta sala", explicaba poco antes de empezar la función Padrissa que eliminó el patio de butacas para tener un gran escenario donde en ocasiones interactuaron algunos solistas de la orquesta con los intérpretes.

Impresionante De Bique

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El coro jugó un papel importante y no solo con sus voces en el famoso coro de los cazadores, con un halo inquietante en esta versión. Las mochilas que cargaban en la primera escena con cabezas de ciervos muertos dieron bastante juego escénico en una producción donde destacó tanto el tenor wagneriano Benjamin Bruns como Max, ese del cazador tentado por el mal para triunfar en una competición de la que depende su futuro junto a su amada, interpretada por Jeanne de Bique. La impresionante cantante de Trinidad se lució tanto en el aria 'Leise, leise, fromme Weiser' como en las escenas con Anna Prohaska, muy cómoda en el rol de Annchen, su mejor amiga. En el lado opuesto a estos personajes con más luz el bajo Christof Fischesser fue un convincente Caspar, el cazador que tienta a Max, y el actor Wolfgang Jäntsch personificó al demonio Samiel, vestido todo de negro y con alas, cual ángel caído.

En el tercer y último acto el bajo Tijl Faveyts, cuyo personaje de ermitaño acabó cantando suspendido a metros de altura por una grúa. La máquina fue clave tanto en la poderosa obertura con un ciervo-humano al galope como al final cuando la alusión a los pecados de ser humano del eremita fue aprovechada para criticar el maltratado de nuestro ecosistema, simbolizado con una gran pecera llena de plásticos flotando en el agua.