LO QUE NO SABÍAS DE...

Las anécdotas del rodaje de 'El año de la furia'

  • Martina Gusman y Daniel Grao coincidieron en el ascensor antes del rodaje y no se reconocieron

  • Para conseguir el acento uruguayo los actores trabajaron la musicalidad más que la dicción

  • El perro de la película dio muchos problemas, pero filmar con el bebé resultó muy fácil

Rafa Russo dirigiendo su segundo largometraje, ’El año de la furia’.

Rafa Russo dirigiendo su segundo largometraje, ’El año de la furia’. / FILMAX

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Eduardo de Vicente
Eduardo de Vicente

Periodista

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En el año 2006, el guionista Rafa Russo (Lluvia en los zapatos) debutaba en el terreno del largometraje con Amor en defensa propia, un drama con una insólita historia de amor entre un exfutbolista tan hábil en el regate que se ha convertido en estafador y una mujer egoísta que ha vivido a salto de mata poniendo más interés en sus amantes que en su hijo. El cineasta ha tardado 15 años en volver a ponerse tras la cámara con un filme que cuenta la historia reciente de Uruguay, El año de la furia, con un reparto que, en su mayor parte, combina actores argentinos (Alberto Amman, Joaquín Furriel, Martina Gusman, Miguel Ángel Solá) con españoles (Daniel Grao, Maribel Verdú, Sara Sálamo).

El filme pretende reflejar el clima del Montevideo de los meses previos al golpe de estado de 1973. La acción está centrada en dos escritores que trabajan como guionistas para un programa televisivo de humor, La máquina de la risa, y la gente que les rodea como una española que regenta una pensión y quienes allí viven. El filme, como en su opera prima, también incluye una extraña historia romántica entre una mujer que lleva una doble vida y un militar torturador. Un retrato coral que pretende tomar el pulso a aquellos revueltos días que anunciaban lo que estaba por llegar. El director, Rafa Russo, nos cuenta las anécdotas de este complejo rodaje que tuvo un presupuesto muy ajustado que provocó que tuvieran que hacer frente a los habituales imprevistos con soluciones rápidas, ya que no podían alargar la filmación ni un día más.

-Entre dos ciudades. “Rodamos todos los exteriores en Montevideo y los interiores en Madrid con un plan muy reducido de tan solo seis semanas. Es una película coral, con muchos actores por lo que, previamente, tuvimos que ensayar mucho”.  

-Amigos para siempre. “Los dos protagonistas, Alberto Amman y Joaquín Furriel no se conocían y el primer día de ensayos hicieron la escena de cuando van caminando por la calle. Buscamos una calle en el centro de Montevideo y con mi Iphone los iba grabando mientras pasaban texto. Les dije que improvisaran para ver hasta donde llegábamos y estuvieron cinco manzanas hablando sin parar con mucha gracia y fue súper divertido. Entonces me di cuenta que debía aprovechara esa frescura, no ceñirme tanto al texto y dejarles volar. La verdad es que se llevaron muy bien”.

Joaquín Furriel y Alberto Amman (derecha) en uno de los exteriores de Montevideo.

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-Me parece que nos conocemos… “Martina y Daniel tienen escenas de sexo muy intensas y tampoco se conocían pero, sin saberlo, coincidieron en el ascensor del hotel antes del rodaje. Debían subir como 12 pisos y no se dieron cuenta de quién era el otro. Iban con gafas de sol, con un look diferente, él sufre de claustrofobia y lo pasaba fatal, estaba muy concentrado en lo suyo. Esa misma tarde se encontraron en los primeros ensayos y descubrieron que ya se habían visto. Tuvieron una relación fantástica, había mucha química entre ellos. En las secuencias íntimas me lo pusieron muy fácil, hicimos una coreografía muy definida y las rodamos en solo dos tomas porque estaban muy metidos en el papel”.

-Una actriz de lágrima fácil. “Martina tenía una secuencia muy bonita en la zapatería cuando se reencuentra con Daniel. Iba a rodarla con muchos planos grandes, medios y cortos y, en la primera toma, en un plano más amplio, Martina soltó una lágrima preciosa en el ojo izquierdo, tiene una asombrosa facilidad de encontrar la emoción. Eso me obligó, para mantener la continuidad, que estuviera la lágrima en todos los planos. Ella iba haciéndola, siempre por el ojo izquierdo y cada vez se le iba poniendo más rojo, hasta tuvimos que ponerle colirio. Cuando llegamos al plano más corto, estaba ya seca, no le salía pero no quiso que empleáramos ningún truco y, a la siguiente, ya estaba llorando por ambos ojos. Era increíble”.

La actriz Martina Gusman mostró una gran habilidad para conseguir llorar.

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-La música es la clave. “En el reparto hay actores uruguayos, pero también muchos españoles y argentinos, porque el acento uruguayo es muy parecido al argentino. Es más una cuestión de cadencia y de expresiones que a nivel de dicción. Los actores españoles tuvieron que hacer ese trabajo, Paula Cancio ya lo había hecho en varios filmes y Sara Sálamo había hecho una peli en Argentina. Para Daniel era la primera vez pero trabajó con dos entrenadores uno en Madrid y otro en Montevideo. La mayor dificultad fue la cadencia, el castellano es muy plano y había que trabajar la musicalidad de cada una de las frases, lo que más nos costó”.

-Volviendo a los 70. “Montevideo mantiene mucho del encanto decadente de los 70, se ha renovado muy poco a diferencia, por ejemplo, de Buenos Aires, así que fue muy fácil encontrar localizaciones y sacarles partido. Hubo un trabajo muy exhaustivo de fotografía, decorados y vestuario. Intentamos evitar los colores estridentes y los primarios para no caricaturizar los 70, como hacen muchas otras películas que lo convierten en vintage. El trabajo fotográfico nos remite más a pelis americanas de esa década como El presidente o Sérpico, con colores ocres y utilizamos lentes que dulcificaran la imagen para rehuir la parte más dura del vídeo y que se pareciera mas a la textura del celuloide”.  

Intentaron utilizar los tonos ocres y evitar los colores más estridentes para ser fieles a la época.

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-Cómo golpear. “En las escenas de tortura, los actores como Sebastián Iturria aguantaron estoicamente las perrerías que les hicimos. En las de violencia utilizamos unos especialistas para que nos enseñaran cómo había que hacer los golpes, lo que facilitó mucho el trabajo y no hubo ningún problema”.

-Destrozando un plató a la primera. “El programa televisivo que aparece en la película, La máquina de la risa, es ficción, no existió, pero sí que hubo programas similares con unos humoristas que fueron muy famosos en esa época. En la escena en la que Joaquín tiene que destrozar el plató teníamos que jugárnoslo todo a una única toma así que había que prepararla muy bien. Había un momento en el que me hubiera gustado que Joaquín le hubiera dado también un patadón a la silla, era muy simbólico, pero el director de arte me dijo que ni se me ocurriera porque era muy cara y eso no pudimos hacerlo”.

El programa 'La máquina de la risa' es ficticio, pero inspirado en espacios similares.

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-Un tango recurrente. “La canción principal de la película y el que suena en las torturas es el tango de Carlos Gardel, Por una cabeza, que también aparece en filmes norteamericanos como Mentiras arriesgadas, Esencia de mujer o La lista de Schindler. Es muy bonito y memorable, pero no os engañaré, lo pusimos porque los derechos han caducado y es gratuito, esa es la verdadera razón”.

-Cuatro estaciones en seis semanas. “El clima en Montevideo es muy cambiante y tosco. Cuando rodábamos en la bahía era primavera y el tiempo cambiaba de un día para otro por lo que teníamos que aprovechar cuando nos beneficiaba. En el fondo nos fue bien porque se mostraba la ciudad durante las cuatro estaciones, pero algunos planos tuvimos que retocarlos en postproducción. En la secuencia nocturna en la que los militares recogen a Martina en la zona de prostitutas rodábamos al lado de los mercados de abasto y empezó a haber movimiento de camiones prontísimo, lo que nos impidió rodar las horas que necesitábamos. No podíamos fallar ni un solo día, ya que no había más presupuesto y tuvimos que solucionarlo haciendo menos planos”.

Durante el rodaje en la bahía, el tiempo cambiaba constantemente.

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-Mejor un bebé que un perro. “El perro que sale en la película es toda una estrella en Uruguay porque ya ha trabajado en varias producciones audiovisuales. Tiene una cara y unos ojos preciosos pero los animales siempre suelen causar dificultades en rodaje. Hay que conseguir que se queden quietos, que miren donde tienen que mirar y tenía escenas tremendamente emotivas para los actores. Fue muy complicado, aunque en mi primera película también utilicé uno y fue aún peor ya que tuve que descartar casi todas sus secuencias. Me lo voy a pensar mucho para los próximos guiones porque rodando con tanta presión un perro te genera muchísima tensión. Por el contrario, con el bebé fue todo sin problemas. Vino dos veces, estaba dormidito y el único inconveniente es que nos obligó a que todos estuviéramos en completo silencio. Eran una escena muy tranquilita y el truco era no hacer ruido y bajar la voz".

-Coches antiguos contaminantes. “No tuvimos problemas para encontrar coches antiguos porque en Uruguay aún quedan muchos y los ves circulando por las calles. Son muy bonitos pero muy contaminantes, como el autobús de los 70 en el que viaja Martina, cuyo tubo de escape provocaba mucha contaminación, era tremendo. No nos damos cuenta de cómo han mejorado los coches en las últimas décadas”.

El autobús antiguo en el que viajaba Martina Gusman era altamente contaminante.

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-Campaña fallida. “Sara Sálamo es muy vegana, siempre lo proclama a los cuatro vientos y me hizo mucha campaña durante todo el rodaje. Pero es que estábamos en Uruguay, un país con una carne estupenda y nos trataban fenomenal con cosas muy ricas y era difícil resistirse. La campaña de Sara, pese a su simpatía, no rindió frutos”.

-Un director cantautor. “He escrito y cantado algunas de las canciones de la película porque mi primer amor fue la música. Antes de dedicarme al cine era cantautor y actué en Nueva York y Londres, donde grabé discos e hice de telonero de gente importante. En la capital británica hice un curso de guionista, escribí Lluvia en los zapatos y, rápidamente, se convirtió en película. Eso provocó un gran cambio en mi vida, volví a España y empecé a hacer cortometrajes. El cine es ahora mi profesión principal pero sigo haciendo música y las bandas sonoras siempre las he hecho yo. En este caso se la encargué a Claudia Bardagí, compositora pop con la que había tocado en algunos conciertos. Tuve un pálpito con ella, sabía que podía hacerlo muy bien y descargarme de esa responsabilidad y estoy muy contento con el resultado”.

La campaña vegana de Sara Sálamo no tuvo demasiado éxito.

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-¿Cuándo la verán en Uruguay? “La película tiene previsto su estreno en Uruguay pero aún no sabemos cuándo porque los cines permanecen cerrados. También la ha comprado HBO para Latinoamérica y podrá verse en todos esos países salvo en Uruguay, que primero estará en las salas de cine”.

Daniel Grao trabajó con dos entrenadores para conseguir la musicalidad uruguaya.

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