Crítica de música

Noa, rendida a Bach en el Palau

La cantante israelí presentó el álbum ‘Letters to Bach’ combinando los rigores barrocos con los aires coloquiales y el toque de swing

Noa.

Noa.

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Van poco a poco a más los conciertos de artistas venidos de países como Francia, Holanda o Suecia, en operaciones quirúrgicas, y este miércoles ampliamos el radio con la visita de Noa desde su hogar en Tel Aviv. Un logro logístico, hizo notar la cantante israelí, que respiró hondo al pisar el Palau. “A pesar de la burocracia, de las cancelaciones de vuelos cada dos días y de los cambios de las reglas, estamos aquí”, celebró leyendo un pequeño texto en catalán, antes de apelar al “amor a la música” que la había movido, a ella y a sus tres acompañantes, a presentar en Barcelona su disco de 2019, ‘Letters to Bach’ (ya ha publicado su relevo, ‘Afterallogy’).

En ese álbum con producción ejecutiva de Quincy Jones, Noa se aventuró a poner letra a las músicas de Bach, trayéndolo al presente a través de pensamientos de fondo atemporal. Hasta ahora ella no había dedicado un concierto íntegro al disco, ni a Bach, así que lo del Palau fue un estreno, precedido por las piezas pulcramente abordadas por la violoncelista Hila Karni y la violinista Lir Vaginsky. Pórtico ortodoxo para la entrada en escena de Noa y el guitarrista Gil Dor con ‘The race’, adaptación de la ‘Invención nº 1’, que mostró el cruce de rigurosidad y desenfado de la propuesta. Perfiles vocales agudos y exigentes, reflejos de la severidad barroca, en contraste con la ligereza lírica: “oh, Mr. Bach, me volaste la cabeza”.

Cartas en el tiempo

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Noa transmitió una idea de libertad y desafío a través de matemática melódica de las composiciones. Cada canción era una carta, nos dijo, en la que transmitía al compositor sus tribulaciones contemporáneas: la “labor por la paz de las mujeres israelíes y palestinas” a propósito de ‘Look at me’, la eutanasia en ‘All of the angels’ o la convivencia con “una adolescente adicta a Instagram” (su hija) en ‘Oh, mama, dear’. Formato instrumental liviano, con los arpegios de guitarra como sustento primario, pero ricas en contenido. Bach estaba ahí, en los moldes caligráficos, y lo estaba Noa, capaz de llevar ese ‘No, baby’ (la ‘Badinerie’ original) a un audaz pulso de swing.

El toque de queda impulsó a los músicos a ir “rápido, rápido”, confesó ella entre risas al término del cuerpo central del concierto, y quedó tiempo para ampliar el encuadre acudiendo a su repertorio propio (‘Es caprichoso el azar’, ‘You-tu’, un multilingüe ‘Beautiful that way’), antes de volver a Bach en ‘Ave Maria’, una pieza que ya grabó en su primer álbum (1994) y que nos recordó que su diálogo con el compositor viene de lejos.