CRÍTICA DE MÚSICA

Nathy Peluso, diva urbana a su manera en el Palau

La cantante argentina impuso su arrolladora personalidad por encima de la mezcla de estilos, a través del r’n’b, el hip-hop y el acento salsero

Nathy Peluso en un momento del concierto del viernes en el Palau de la Música.

Nathy Peluso en un momento del concierto del viernes en el Palau de la Música. / FERRAN SENDRA

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Asombra el desparpajo con el que mezcla géneros sin manías desde el territorio urbano de nueva planta, y el impacto se multiplica en sus directos: Nathy Peluso atropella con su divismo de barrio presto al gesto procaz, valiéndose de una aparatosa banda tan apta para el giro latino como al empaque propio del rock. Lo suyo tiene visos de haber llegado para quedarse, y fue difícil resistirse este viernes en el Palau al ‘calambre’ anunciado en el título de su primer disco largo.

Pase con las entradas agotadas en el Festival Mil·lenni (también lo están las del 17 de julio en Pedralbes) y un público en tensión eléctrica desde el arranque con ‘Celebré’, de ‘beat’ repetitivo y rap malherido, dejando un rastro de chulesca fatalidad: “¿Qué será de mí mañana? / Lo prendí todo esta noche para celebrar”. De ahí al tratamiento trapero en ‘Sana sana’, advirtiendo entre la metralla de notas graves de que no está aquí para dejarse pisar: “agárrame acá, vení, aprende, bicho culero”. Posturas de paródica ‘sex symbol’, melena al viento propulsada por el ventilador.

Sensualidad y poder 

Esta argentina de 26 años residente en Barcelona demostró que sabe cómo despuntar entre la rampante marabunta urbana operando a su manera, evitando la linealidad expresiva y sirviéndose tanto de un sensual r’n’b (‘Buenos Aires’) como de un soul latino enriquecido con dos metales (‘Sugga’). Músicos estos que la arroparon también en el asalto salsero de ‘Puro veneno’, canción grabada en Puerto Rico con el productor Ramón Sánchez. Todo eso encaja porque el ingrediente supremo y aglutinador es ella, imperial y deslenguada, propensa a la rima libidinosa flotando entre vapores en ‘Hot butter’, clamando por un peculiar romanticismo en ‘Amor salvaje’ (“quiero llenarnos de babas / quiero casarme contigo”) y luciendo poder y épica en ‘Business woman’: “Tengo negocios que dirigir yo sola / Hago guita desde que nací bien piola”.

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Nathy Peluso no dio lugar a las medias tintas, luciendo invasiva y libre. Su cultura musical es amplia y mira hacia atrás, y no tuvo problemas en integrar, sin perder definición, una guitarra de tonos rockeros-metaleros en ‘Delito’ (pequeño solo incluido) o en evocar el viejo tango en ‘Agárrate’, con pistas procesadas de bandoneón. Todo eso la hace distinta, única, y nos invita a seguirla de cerca.

 

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