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Jasmila Žbanić: "Aún hay unos 1.000 cuerpos de Srebrenica que siguen desaparecidos"

La directora bosnia opta al Oscar a la mejor película internacional por 'Quo Vadis, Aida', ambientada en 1995, durante los sangrientos episodios de la guerra de los Balcanes de

La directora bosnia Jasmila Žbanić.

La directora bosnia Jasmila Žbanić. / IMRANA KAPETANOVIC

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La cineasta bosnia Jasmila Žbanić (Sarajevo, 1974) se ríe, se pone seria y arruga los ojos. Todo en pocos minutos. Las últimas semanas han sido una ruleta rusa. Hace un mes se enteró de que había dado positivo por coronavirus y, este domingo, rivalizará con 'Otra ronda' por el premio a la Mejor Película Internacional de los Oscar. Lo hará gracias a 'Quo Vadis, Aida', su drama bélico sobre una mujer que trabaja como intérprete para la ONU e intenta salvar a su familia del genocidio de Srebrenica (Bosnia) en 1995, en la época de los sangrientos conflictos originados por la desintegración de la hoy extinta Yugoslavia. Una cinta, la de Žbanić —Oso de Oro en la Berlinale por 'Grbavica' (2006)—, que le pide al mundo volver a poner los ojos sobre la última gran guerra en suelo europeo, en momentos en los que otra batalla está en curso.

¿Por qué ha querido hacer un película sobre una guerra transcurrida hace más de dos décadas?

En verdad, es una película que habla más de nosotros hoy. Convivimos con muchas personas que fueron responsables de esa guerra, que promueven todavía esas ideas nacionalistas, incluso aún hay quienes niegan que ese terrible genocidio [el de Srebrenica] se haya producido, si bien murieron más de 8.000 personas en pocos días. 

Esto que dice delata cierta preocupación por el presente. 

En Sarajevo, donde vivo, es distinto. Pero hay zonas de este país en las que vivir es aún aterrador. En Srebrenica todos los años se producen ataques contra las casas de algunas mujeres [activistas], les recuerdan constantemente que no son bienvenidas ahí.

¿Cómo ve el nacionalismo fuera de su país? 

Pienso que es solo una de las tantas retóricas inventadas para movilizar a las personas y servir así los intereses de las élites. Y, en el momento mismo en el que te convences de que otro ser humano no es igual a ti, ahí hay injusticia.

¿Cuán difícil es hacer películas en Bosnia? 

Somos un país pobre en el que solo hay a disposición un millón de euros al año para todas las producciones y, en este caso, la película costó unos 4,5 millones de euros, por lo que tuvimos que buscar nueve coproductores. Así que, sí, fue un poco una locura. El segundo reto fue que, cuando empezamos la campaña, no teníamos un distribuidor en Estados Unidos. 

¿Había desconfianza en Estados Unidos? 

Tenían miedo de una película sobre el tema del genocidio y que pensaban que, después de la pandemia, la gente hubiera preferido películas más ligeras. Mi experiencia es que es lo opuesto. No es verdad la gente quiere películas ligeras. Pienso que justamente la pandemia nos está ayudando a reflexionar sobre el mundo, de dónde venimos y adónde nos dirigimos. y que, por esto, este tipo de películas son mejor recibidas. Tanto así que en muchos festivales en los que estuvimos luego, recibimos premios del público. 

Pero costó. 

Sí. Muchos no querían que saliese a la luz y tuvimos problemas de todo tipo. Un ejemplo: el ministerio de Defensa [de Bosnia] por mucho tiempo se negó a prestarnos sus tanques. Finalmente, aceptaron pero solo nos dieron uno y solo por un día. Estoy segura de que todo hubiera sido más fácil si hubiéramos propuesto una película sobre un hombre, quizá un nacionalista de uno de los bandos que se enfrentaron [en los 90]. 

En cambio, usted decidió enfocar su relato a través del ojo de una mujer, la protagonista de 'Quo Vadis, Aida', Jasna Đuričić. Ya lo había hecho con 'Grbavica' (2006), su película sobre las violaciones de mujeres musulmanas durante la guerra.

Nadie le pregunta a un hombre por qué eligió a otro hombre como su principal protagonista pero, está bien, podemos hablar de ello. Lo que le digo es que para mí las mujeres han sido insuficientemente representadas en el cine, especialmente en el cine de época yugoslava que las representaba frecuentemente como madres o prostitutas, y no expresaba lo que de verdad las mujeres querían y deseaban.

¿Cree que este filme puede dar un impulso a la lucha de las familias que aún buscan los cuerpos de sus familiares asesinados de Srebrenica?

Lo espero, aunque no ha ocurrido aún. Hay aún unos 1.000 cuerpos que no han sido encontrados y madres que aún buscan a sus maridos e hijos. Quienes saben, no quieren decir dónde están esos cuerpos. La razón es que si se encontrasen se podrían abrir nuevos procedimientos penales.

También entiendo que su película no se ha estrenado en la entidad serbia de Bosnia.

Es verdad. No hay una prohibición oficial, pero los propietarios de los cines y los distribuidores tienen miedo, creen que podría haber disturbios, o que sus locales podrían ser vandalizados. Dicho esto, también nos han llegado muchos comentarios positivos de jóvenes serbios que están viendo la película a través de plataformas en internet. Porque, además, no es una película contra los serbios. Hice esta película para que la gente empiece a entenderse y empatice.

Bosnia es hoy tierra de paso de migrantes que escapan de guerra y hambre. ¿Ve paralelismos con lo que vivió su país? 

Sí, y me perturba mucho. Los migrantes viven aquí en condiciones horribles. Y pienso que es avergonzante la actitud de la Unión Europea y también la de mi país. Yo misma intenté adoptar un niño afgano y ha sido imposible por las trabas que me pusieron. La realidad es mi Gobierno solo está ahí para crear problemas, nunca soluciones.

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¿Qué proyectos le esperan ahora? 

Estoy recibiendo muchos guiones de Estados Unidos. También me gustaría hacer una película sobre el asedio de Sarajevo (1992-1995), pero no ahora mismo, necesito un descanso antes de revivir algo tan doloroso.