De la música a las letras

Lluís Cabrera: "A cambio de conocer a Camarón, un capo de la droga dejó la zona del Taller de Músics"

El fundador de la institución novela su vida en una apasionante narración entre Andalucía y Catalunya

Lluís Cabrera, alma del Taller de Musics, autor de ’La vida no regalada’.

Lluís Cabrera, alma del Taller de Musics, autor de ’La vida no regalada’. / JORDI COTRINA

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Lluís Cabrera, fundador del Taller de Músics, novela su peripecia vital en 'La vida no regalada' (Roca Editorial), una narración donde aparecen personajes y situaciones muy reales, con nombres reconocibles o cambiados, y que a veces se acerca al realismo mágico, así como a realidades sociales crudas. Parte de un pequeño pueblo de su Jaén natal y viaja hasta la capital de Catalunya, donde llegó con su padre, madre y hermana siendo un niño a mediados de los años 60. El libro abarca desde la posguerra en el campo andaluz hasta la Barcelona preolímpica. Recrea la lucha obrera y vecinal del barrio de Verdún, el incendio de la desaparecida sala de fiestas La Scala y la lucha contra la droga en el Raval, pero también ofrece una interesante visión sobre el mundo del jazz, con el pianista Tete Montoliu al frente, y de la música flamenca, con presencia desde Camarón y Enrique Morente hasta otras figuras a las que Cabrera ayudó cuando empezaban, como Mayte Martín y Miguel Poveda. La novela es la historia de un inmigrante a quien la cultura en general y la música particular salvaron de una vida difícil.

La plaga de drogas en el Raval en los años 80 ocupa un interesante capítulo que puede conectarse con los narcopisos actuales de este barrio que ha acogido a todo tipo de migrantes. "Hemos tenido problemas con narcos durante cuatro años en Príncep de Viana. Hubo mucho lío con capos. Hasta me amenazaron de muerte, como a otros vecinos del barrio", recuerda Cabrera, curtido en mil batallas. "En los 80 vi morir a mucha gente. La droga creó un estigma. Del Raval se fue mucha gente porque aquello era muy bestia: veías cómo regalaban la heroína para después tener clientes."

Mis padres emigraron a Barcelona pero para mí aquello fue el destierro

En la década de 1980 Camarón, el dios del flamenco, fue clave para erradicar el trapicheo en los alrededores del Taller de Músics, esa escuela pionera de flamenco y jazz que Cabrera creó en 1979. "La mafia cumple, eso he podido comprobarlo porque a cambio de conocer a Camarón el capo accedió a sacar su negocio de aquella zona", explica. Ahora, para evitar que haya otros chanchullos en la zona, ha propuesto al consistorio un plan para que la gente se enganche a la música, que es una droga igual de adictiva pero nada peligrosa. "El ayuntamiento podría hacer allí un 'cluster' de profesiones ligadas a la música. Al Taller de Músics le iría bien para ampliar espacio, hoy en día la gente de gestión ha de teletrabajar porque no podemos estar apiñados". También podrían acudir allí afinadores de pianos -"quedan muy pocos y si no dan clases se perderá su conocimiento"-, 'luthiers', técnicos de sonido y de luces..."Todo lo que tiene que ver con la farándula, vamos". Y en el edificio desalojado en Príncep de Viana 14 propone poner una residencia para músicos, que no todos triunfan y acaban con mansiones en Miami.

Lorenzo Almendro, su 'alter ego'

Lorenzo Almendro, su alter ego en la novela, es un niño que a mediados de los años 60, cuando tiene 9 años, se ve forzado a abandonar su tierra. "Mis padres emigraron a Barcelona pero para mí aquello fue el destierro. Mi hermana y yo no éramos conscientes de que había que irse porque no había porvenir. Nosotros dos vivíamos bien. Éramos humildes pero nunca nos faltó ropa o comida. El paisaje de sierra Mágina y del pueblo de Arbuniel, que es Zimbra en la novela, no te lo puedes imaginar". Y no ha perdido el contacto con su gente y hasta rehabilitó hace unos años la casa de su abuela, la que logra hacerse con un estanco tras la Guerra Civil, como explica en el libro. "Allí el cambio climático no ha afectado, las estaciones se notan igual que antes. Y las puestas de sol, brutales. Es un buen sitio para escribir". Gran parte de la novela surgió allí, escrita a mano. "No quiero perder el contacto con el papel porque me ayuda mucho. Después ya lo paso al ordenador". Todo estaba en su cabeza, que funciona mejor que la Wikipedia. "La novela es fruto de la introspección en mi memoria y en mi familia para sacar todos los sapos. Mi padre, pobre, murió de pena, por eso se lo dedico a él".

Una peña singular

Un tema recurrente en la obra son las estructuras de poder que se repiten a todos los niveles: tanto en esa Andalucía cuyos señoritos siempre han gozado de privilegios como en los sindicatos o asociaciones de cualquier tipo. "Una asamblea es fácil de manipular", asegura tras su experiencia en la lucha vecinal de Nou Barris, que logró convertir una antigua fábrica en el Ateneu Popular. Hasta en la cárcel hay clases. Lo comprobó cuando llegó a la Modelo, previo paso por la tétrica comisaría de Vía Laietana. Y es que a la peña Enrique Morente impulsada por Cabrera no solo acudían amantes del flamenco y prodigios como Mayte Martín, que siendo niña ya despuntaba como cantaora; también la frecuentaban sindicalistas, entre los que recuerda a Joaquín Gambín alias 'El Grillo' "un confidente al servicio de las cloacas del Estado que se hacía pasar por militante de la CNT-Fai que iba armado y que tuvimos que sacar porque venía a reclutar a jóvenes". En la peña se organizaban actividades culturales diversas -conferencias, actuaciones de la compañía de Salvador Távora y clases de educación sexual- destinadas a formar y apoyar a todo tipo de gente.

Fin de fiesta en una velada sabatina de la Peña Morente.

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De su paso por la cárcel Modelo al que también dedica unas páginas, recuerda: "Para los presos políticos era un honor estar en la cárcel y para los comunes, una deshonra", señala. "Pero yo, que era de Bandera Roja pero estaba cruzado con ellos por la estructura piramidal de la organización, no lo veía igual. Al entrar en la sexta galería me encontré con cuatro vecinos de mi barrio, de Verdún. Menos mal porque ellos me orientaron".

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Es casualidad que todo el equipo de dirección del Taller de Músics esté formado por mujeres, pero funciona estupendamente

Pensar en aquella época de lucha antifranquista le lleva a reflexionar sobre el momento actual. "Me preocupa el auge del fascismo", comenta. Si algo ha aprendido en esta vida es que "en este mundo se trata de mandar". Y, aunque admite que le gusta "mandar un poco", en el Taller de Músics ha acabado montando un sistema "donde todo el mundo tiene autonomía, así si la gente se equivoca, aprende". Actualmente todo el equipo de dirección está formado solo por mujeres. "Es casualidad pero funciona estupendamente".

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