Ciclo BCN Clàssics

La lección de piano de Evgeny Kissin

El aclamado artista ruso ofreció un alarde de talento y virtuosismo en su regreso al Palau dentro del ciclo BCN Clàssics

El pianista Evgeny Kissin en el Palau de la Música, el pasado 7 de abril.

El pianista Evgeny Kissin en el Palau de la Música, el pasado 7 de abril. / Pere Francesch / ACN

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Pablo Meléndez-Haddad

Aunque el grueso del programa se centró en obras de Chopin, el regreso del pianista ruso Evgeny Kissin contó con auténticas rarezas. Arrancó su brillante actuación en el Palau de la Música –refrendada con cuatro propinas– con la ‘Sonata para piano, Op. 1’ de Berg (1910) seguido del estreno local de las ‘Cinco piezas para piano, Op. 2’ (1933) del ruso Tijon Jrénnikov, eterno miembro del jurado del Concurso Internacional de piano Chaikovsky.

Si la obra de Berg es de un tardoromanticismo arrebatador –detalle subrayado en la visión de Kissin– teñido de modernas sonoridades, la de Jrénnikov camina de mano de los ritmos populares soviéticos con acentos cosmopolitas. Kissin se movió con soltura con un fraseo contrastado y siempre atento a dar visibilidad a todas las voces.

Siguieron los ‘Tres preludios’ de Gershwin, los dos primeros muy populares en las academias de música para los estudiantes de piano. Kissin los transformó en obras mayúsculas con ritmos novedosos que mostraban voces desconocidas; su "Andante" fue todo un descubrimiento, acentuado románticamente, lejos de la monótona versión que el propio Gershwin dejara grabada. Su "Agitato" fue puro virtuosismo.

La fiesta chopiniana comenzó con un inmaculado ‘Nocturno Nº 1 en Si mayor, Op. 62’, un puro sueño de belleza cuyos trinos y demás ornamentos sonaron a gloria en la destreza del intérprete, una filigrana esculpida con sentido y poderío técnico. La misma tónica se apreció en los tres ‘Impromptus’ que le siguieron, de tres Opus diferentes, resultando espectacular el ‘Nº 3 en Sol bemol mayor, Op. 51’, cuya sección rápida fue un alarde de virtuoso.

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La velada culminaría con una apasionada versión de la popular ‘Polonesa Nº 6 en La bemol mayor, Op. 53’, sin perder nunca el alma rítmica y marcial, pero matizada al extremo, dejando sitio para los saltos mortales y ganándose una gran ovación de sus incondicionales que llenaban el aforo disponible del Palau.