RETRATO ÍNTIMO

'The world's a little blurry': qué significa ser Billie Eilish

Apple TV+ estrena un extenso documental que observa de cerca las alegrías y tristezas de la joven artista durante su ascenso al reinado global

Una imagen del documental ’Billie Eilish: The world’s a little blurry’.

Una imagen del documental ’Billie Eilish: The world’s a little blurry’. / Apple TV+

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El documental 'Billie Eilish: The world's a little blurry' (Apple TV+, desde el viernes, día 26) dura 140 minutos, algo que celebrarán los muchos fans de la artista y que pondrán en duda los todavía escépticos. ¿Por qué ha de ser tan larga una película sobre una cantante con un solo elepé no demasiado largo?  

Por diversos motivos que pasaremos a explicar. De entrada, el director R.J. Cutler –el mismo de la excelente 'The September issue', sobre la revista 'Vogue'– vuelve a poner en práctica su conocido método observacional. Lo suyo no es hacer entrevistas para separar titulares. O provocar situaciones buscando un fin concreto. Prefiere ser una mosca en la pared y permitir que surja la propia vida, lo cotidiano, lo auténtico.

Otros directores habrían dejado absurdas bromas entre hermanos en la sala de montaje. Pero no Cutler, quien busca lo normal y no quiere contar solo la historia de Billie Eilish Pirate Baird O’Connell, sino de los O'Connell al completo. Esa familia que Billie describe como "una gran jodida canción". Su madre, la cantautora-actriz Maggie Baird, le enseñó a componer canciones; su padre, el músico-actor Patrick O'Connell, a tocar piano y ukelele. Cuando hacía concursos de talentos, su hermano Finneas cantaba armonías. "Y sigo haciendo música en la habitación de mi hermano", precisa Billie. 

En la película vemos al dúo componer y grabar en casa 'hits' globales como 'bury a friend' o 'bad guy'. Eilish nos deja ojear una libreta en la que vierte oscuras ideas e imágenes (al más puro estilo 'Babadook') después convertidas en letras. Componer no es su parte favorita del proceso, en parte porque, según dice medio en broma, medio en serio, para Finneas es fácil. 

Los gozos y las sombras 

Este documental necesita ser largo por ser una saga familiar y ser, también, una historia iniciática con muchos matices. A veces se nos olvida, pero Eilish grabó 'when we all fall asleep, where do we go?' antes de cumplir los dieciocho. Se abría paso en la vida adulta al tiempo que giraba sin descanso, era entrevistada y saludada cada día por perfectos desconocidos y se enfrentaba al escrutinio de las redes. Al mismo tiempo que trata de averiguar si su chico la quiere, Eilish tiene que prepararse para Coachella. Algo así no puede ser sencillo.  

En su seguimiento de Eilish por el mundo (incluyendo Barcelona en un par de ocasiones), Cutler combina los momentos de gloria con otros de fatiga y estrés, factor este último que puede disparar los tics del Síndrome de Tourette, que a la artista le diagnosticaron de niña. Por culpa de actuar sin parar acaba con periostitis tibial o esguinces de tobillo. 

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Cuando tenía 13 años, Eilish sufrió una lesión de cadera que la obligó a dejar de bailar y empezó a lidiar con una seria depresión. Aquellos días oscuros parecen lejos, pero su madre justifica en la película por qué un adolescente de hoy en día tiene derecho a estar deprimido: "Si eres adolescente, probablemente hayas tratado con padres que vivieron la recesión, como nosotros; que tenían miedo de perder sus casas o pasar apuros financieros. Estás viviendo en mitad de una crisis de opioides y de drogas. Te enfrentas a, posiblemente, la destrucción del planeta. Respiras un clima político que es terrorífico; un clima racista, de odio… Es un momento horrible para ser adolescente", afirma. 

'Billie Eilish: “The world's a little blurry' acaba, sea como sea, en final feliz. En muchas felicidades distintas: una soltería liberadora, un disco superventas, un puñado de Grammys bajo el brazo… Una joven mujer mira al horizonte mientras conduce su coche soñado y dice cuatro palabras insólitas para ella: "La vida es buena".