CONCIERTO DEL FESTIVAL MIL·LENNI

_juno reivindica “hacer música sin tener que gustar”

  • Zahara y Martí Perarnau (Mucho) se alían en un álbum ‘lynchiano’ de pop electrónico que presentan este jueves en la sala Barts

Zahara y Martí Perarnau, alias Juno, fotografiados en Casa Seat.

Zahara y Martí Perarnau, alias Juno, fotografiados en Casa Seat. / Jordi Cotrina

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Protagoniza las canciones de _juno una pareja, insinuada entre sábanas en la portada del álbum, que se expresa con voces “susurradas, muy cerca del micrófono”, y con una electrónica de mínimos. Invita al oyente a “ver por la mirilla lo que sucede en una habitación”, ya sea sus diálogos metafísicos a cámara lenta como sus insinuaciones carnales. Zahara, la cantante del dúo, estima que “vivimos a gran velocidad entre el pasado, porque los recuerdos nos hacen sentir bien, y los planes de futuro, y hemos abandonado el presente”, de modo que “la manera más fácil de conectar con él es el cuerpo: parar y respirar, aunque suene un poco a Marie Kondo”.

El álbum de debut de _juno, ‘_BCN626’, que el tándem presenta este jueves en una sala Barts con el 50% de aforo (Festival Mil·lenni), no tiene nada de new age, si bien respira una intrigante mezcla de fantasmagoría y sensualidad. Zahara y su cómplice, Martí Perarnau (que es también miembro de su banda, así como cabecilla de Mucho), no aclaran si los integrantes de esa pareja en torno a la cual gira el disco son ellos mismos (“queremos jugar a ese misterio y que esa pregunta se la haga el público”, desvía él), si bien ambos dejan claro que hay “una química real” y que “lo que cuentan las canciones “es verdad”.

Grabando entre fantasmas

Las alusiones al “amor, el deseo y el sexo” se manifiestan entre interferencias salidas del otro lado del espejo, creando una atmósfera que, conceden ambos, tiene algo de ‘lynchiano’, tanto en las letras mentalistas (“en algunas me observo a mí misma viviendo otra vida en otro lugar”) como en esas instrumentaciones espaciadas y flotantes. En ello tuvo algo que ver el escenario de la grabación, el estudio La Casamurada, en el Penedès. “Una masía antigua con una torre de origen árabe”, apunta Perarnau. “Transmite una energía especial”.

De la convivencia con “los fantasmas” que rondan la casa salió este álbum rico en pistas encriptadas (el título alude al código de un vuelo y al número de una habitación de hotel), que Zahara y Perarnau publicaron el pasado julio por sorpresa, sin ‘singles’ de adelanto. “Y sin que nadie supiera que lo estábamos haciendo”, destaca ella. Música que brinda un refugio anímico ante un mundo poco simpático, ¿no es así? Perarnau coge el guante: “vivimos en una sociedad ultracapitalista que te aprieta y que te trata mal”, también en la música, estima, donde prima “el tener que agradar”. Ante eso, ‘_BCN626’ representa “un espacio de seguridad en el que poder hacer música sin tener que gustar a nadie”.

Aquel sintetizador de los 80

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La primera canción que Zahara y Perarnau compusieron juntos es ‘La bestia cena en casa’, incluida en el álbum de ella ‘Astronauta’ (2018), y fue siguiendo el hilo cuando ambos, “disolviendo los egos”, descubrieron que “comenzaba a surgir algo diferente, que no casaba con los discos de ninguno de los dos”, explica él. Coincidieron en imaginar un álbum con “electrónica doméstica, pequeñita y muy emocional”, dejándose iluminar por clásicos modernos como ‘Vespertine’, de Björk, o ‘Carrie & Lowell’, de Sufjan Stevens.

Ahí juega un papel simbólico un querido sintetizador de los años 80, el modelo Juno-6, de Roland, que da nombre a la alianza y que “se puede escuchar en los discos de Prince o en ‘Jump’ de Van Halen”, ilustra Perarnau. Ahí estará, en Barts, en un concierto que será el quinto de la breve carrera de _juno. Que se haya mantenido en pie tiene visos de pequeño milagro, coinciden ambos. “Dábamos por hecho que se iba a caer”.