ENTREVISTA

Quimi Portet: "Hago canciones para olvidarme del prójimo"

El músico publica 'Si plou, ho farem al pavelló (Live in Cincinnati)', su primer disco en directo, encabezado por una revisión de 'La Rambla' como ejercicio de "añoranza turbo"

Quimi Portet, en un fotomontaje promocional de su nuevo disco.

Quimi Portet, en un fotomontaje promocional de su nuevo disco. / XAVIER BALIELLAS

Se lee en minutos

Jordi Bianciotto

El disco en directo nunca ha sido la especialidad de Quimi Portet: ni siquiera El Último de la Fila publicó (en vida) un álbum grabado en concierto. Pero, después de 23 años de obras a su nombre, le ha parecido que ya tocaba formular la excepción a la regla, y ahí está ‘Si plou, ho farem al pavelló’ (título de una de las canciones), que inmortaliza el refinado primitivismo de sus conciertos. Álgida sesión de música “un poco tribal, pero tocada del modo más cuidado posible, como una tribu de científicos”, aventura el astro intercomarcal de Vic.

El disco, grabado en diversas actuaciones en Catalunya, luce un subtítulo cachondo, ‘Live in Cincinnati’, que nos recuerda que, hace casi una década, Portet apareció como artista invitado, cantando ‘La Rambla’, en el falso directo ‘Concert a París’, de Albert Pla y Joan Miquel Oliver. “El nombre de Cincinnati me da risa. Sí, ya sé que es un humor un poco rupestre el mío, pero...”, se disculpa el músico. Si en aquel álbum, que simulaba un recital en L’Olympia, la algarabía del público envolvía de modo exagerado las canciones dando a la grabación una pátina de triunfalismo, aquí él ha ido por el camino inverso. “Lo he puesto muy bajito, sí, porque yo tengo un público bastante relajado, y el mío no es un repertorio para alborotar a la gente”, razona, apelando a “la seriedad” de sus compañeros en escena, Jordi Busquets (guitarra) y Ángel Celada (batería), y distanciándose de ciertos ‘live albums’ de los años 70 en los que “no se oía nada y había griteríos delirantes” (con excepciones: ‘Made in Japan’, de Deep Purple, “apoteósico”, o el “espectacular” ‘Comes alive’, de Peter Frampton).

Orgulloso ‘overdub’

Este es un disco en directo que llega a parecer de estudio por su acabado perfeccionista. Si, en otros tiempos, el ‘overdub’ en esta clase de álbumes (el añadido de pistas instrumentales) era una práctica que se ocultaba, Portet la exhibe sin complejos. “Primero, porque quien escuche el disco merece una explicación, y luego porque me lo he pasado bomba grabando bajos y haciendo posproducción”, explica. “No se trataba de reparar imperfecciones del directo: ha habido una pulsión artística en el proceso”.

A Portet le parece oportuno “transmitir la ilusión del concierto en este tiempo de pandemia”, asumiendo que el directo y el estudio son “dos disciplinas totalmente diferentes, como el cine y el teatro”. Aprovecha para recrear cierta melancolía de la era pre-covid en la canción elegida como sencillo, ‘La Rambla’, que ya era nostálgica cuando la grabó por primera vez, en 1997. “Ahora es un tema de añoranza turbo”, precisa Portet, que evoca aquella Rambla de los 70, “de la Barcelona napolitana en la que te podías cruzar con Sisa, Pau Riba, Manel Joseph, Maria del Mar Bonet o Toti Soler”. Algunas de sus canciones, observa, han ido ganándose su lugar en el mundo, y su forma, a través del tiempo. Como ‘Francesc Pujols’, que “nació siendo un poco folk y se ha convertido en un estruendoso tema de guitarras”.

Artista con tres vidas

Te puede interesar

El disco recoge temas de todos sus discos en solitario excepto dos: ‘Acadèmia dels somnis’ (2001) y aquel lejano debut, grabado aún en tiempos de El Último, llamado ‘Persones estranyes’ (1987), que le queda “estéticamente lejos” porque se ve a sí mismo “gritando y con una voz muy aguda”. Se diría que Quimi Portet es un artista con dos vidas, antes y después de su alianza con Manolo García. “Para mí, es una y única”, replica. “Aunque desde fuera pueden ser incluso tres: una primera muy divertida, con grupos como Los Rápidos y Los Burros; la segunda, la de El Último, muy excitante, y la de ahora, que era la más incierta y ha terminado siendo la más larga, y más intensa de lo que podía imaginar”, reflexiona. La adopción del catalán marcó un punto de inflexión. “No hay muchos artistas en el mundo que hagan una carrera en un idioma y luego se pasen a otro”, admite. “Es una muestra de las particulares cosas que los catalanes podemos hacer”.

Disco con fondo de inventario, reafirma la motivación original de Portet de hacer música sin impulsos sociales ni costumbristas. “Hago canciones para olvidarme del prójimo y de lo cotidiano, y para evadirme de todo y de todos, ya sean familiares, municipios, provincias o naciones. Lo cual no significa que no sean cosas importantes para mí, pero no como autor de música”, deja claro. Su ejercicio más introspectivo es ‘Amb qui parlo’, una de las dos canciones nuevas del álbum, que “liga bastante con esta época”, razona. “Sin conciertos ni espectáculos, te encuentras solo. Este tema refleja eso: ¿para quién escribo canciones? ¿Hay alguien ahí?”, se pregunta, sin acertar a precisar cuándo ni cómo volverá a los escenarios. Se resigna a esperar y ver. “Estamos en un momento en que todo el mundo lo sabe todo, y yo no sé absolutamente nada”.