01 dic 2020

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LAS 64 CASILLAS SALTAN A LAS PANTALLAS

'Gambito de dama', analizada por maestros del ajedrez

La exitosa serie de Netflix recrea con gran acierto y alguna licencia justificable las competiciones y la vida de los jugadores

Los responsables contrataron a Kasparov como asesor y entrenaron a los actores para que resultaran verosímiles

Antonio Madridejos

Anya Taylor-Joy y Marcin Dorocinski en una imagen de ’Gambito de dama’.

Anya Taylor-Joy y Marcin Dorocinski en una imagen de ’Gambito de dama’.

De la misma manera que los médicos serían críticos si el doctor House recetara un tratamiento inverosímil, los aficionados al ajedrez lamentan las escenas cinematográficas, desgraciadamente habituales, que incluyen movimientos absurdos y actitudes muy alejadas de lo que es el juego de las 64 casillas. Ingmar Bergman, por ejemplo, comete en su clásico 'El séptimo sello' el error infantil de colocar al revés el tablero en la partida que disputan la Muerte y el caballero Antonius Block. Y tampoco un jugador de elevado nivel recibe un inesperado mate de su rival en un juego a ritmo pausado, como sí les endosan Jeff Goldblum y el replicante Roy Batty a sus rivales en 'Independence Day' y 'Blade Runner', entre otras muchas películas.

'Gambito de dama'la exitosa serie de Netflix sobre el ascenso fulgurante hasta la superélite de Beth Harmon, una ajedrecista criada en un orfanato, introvertida, de formación autodidacta y adicta a los tranquilizantes y el alcohol, ha puesto medios y dedicación para evitar esos errores.  Lo más destacado es que los productores contrataron como asesores al excampeón mundial Garri Kasparov y al reputado entrenador neoyorquino Bruce Pandolfini, cuyo trabajo con una joven promesa del ajedrez fue inmortalizado por Ben Kingsley en 'En busca de Bobby Fischer'.

Garri Kasparov, en una partida contra el ordenador Deep Blue, en el 2003 / SHAWN BALDWIN

No era una cuestión menor puesto que no se trata de una serie con el ajedrez como recurso, sino como eje. Los personajes son ficticios, pero parecen reales. Hablan como ajedrecistas. Se mueven como ajedrecistas. En la serie sigue habiendo algunas libertades -más que imprecisiones-, pero no son sustanciales. "No es un documental, no son torneos reales. Creo que no hay que ser puntilloso en exceso y se pueden aceptar licencias dramáticas", sintetiza una de las jugadoras más fuertes de España, la maestra internacional femenina Patricia Llaneza. "Empecé a verla por curiosidad y la verdad es que me ha gustado mucho", añade.

Partidas reales, pero sin tablas

Las partidas que se observan en la serie son algo más que creíbles. "Son reales, algunas clásicas y famosas y otras no tan conocidas, pero se percibe un gran trabajo detrás", sintetiza el maestro internacional Alfonso Jerez. Las bases de datos no dejan lugar a dudas. La partida del campeonato de Kentucky en la que Beth Harmon derrota al favorito Harry Beltik está copiada de un duelo que mantuvieron Nezhmetdinov y Kasparian en Riga en 1955. La última partida rápida contra Benny Watts disputada en el apartamento de Nueva York fue antes una victoria de Morphy sobre Harrwitz (París, 1858). Y el duelo trascendental contra el campeón soviético Visili Borgov es una transcripción de una espectacular partida real que disputaron Ivanchuk y Wolff (Biel, 1993). Una curiosa anomalía es la ausencia de partidas que concluyan en tablas, un resultado más que habitual entre jugadores de altísimo nivel. 

En cambio, se cuidan otros detalles hasta el punto de que se recupera el llamado sistema descriptivo (P4R, P4AD) de anotación de las partidas, desterrado hace tres décadas en favor del sistema algebraico (e4, c5). La lástima es que la traducción al castellano no sea la más acertada. No se dice 'caballo rey a dama tres', sino simplemente 'caballo tres dama'.  

Movimientos armoniosos y creíbles

Los actores fueron entrenados para memorizar las largas series de jugadas que se aprecian en la serie. "No se limitan a mover las piezas sin orden ni concierto, lo que no es nada fácil si no eres un jugador experimentado", comenta Jerez. Y lo hacen con estilo: los movimientos de las manos a la hora de capturar una pieza enemiga o pulsar el reloj que controla el tiempo de juego son excelentes. Es más, los ademanes de la actriz protagonista parecen evolucionar a medida que mejora su juego.

Sin embargo, es censurable totalmente el acto de tumbar el rey, por muy cinematográfico que resulte, puesto que no es ni mucho menos lo habitual en el mundo de ajedrez. Cuando un jugador se encuentra perdido y quiere abandonar, lo que hace es tender la mano a su rival con gesto de resignación y parar el reloj. 

Y otro detalle mejorable: cuando le toca pensar al rival, los actores se levantan y deambulan alrededor del tablero, algo habitual en el mundo real, pero, ¡horror!, nunca comentan con el contrincante los movimientos en medio del juego, como sucede cuando Beth se enfrenta en México a un joven prodigio ruso,  y mucho menos lo insultan, como hace el personaje de Beltik al enfrentarse por primera vez con la protagonista. Es más, hablar está prohibido por el reglamento. 

El tiempo de juego: demasiado rápido

Lo que no resulta nada convincente en la serie televisiva es el frenético ritmo en las partidas de los torneos. A esa velocidad, los juegos no durarían ni 10 minutos. De hecho, en un momento de la serie un director de un torneo le recuerda a Beth que cada jugador dispone de dos horas para efectuar 40 movimientos, un ritmo bastante habitual en competición. Obviamente los guionistas sabían que el ajedrez, salvo en los apuros con el reloj, es así, pero lo sacrificaron en aras del relato cinematográfico. El espectador no ajedrecista sale ganando y lo perdona.

Ambiente: de torneo en torneo para llegar a Moscú

Un aspecto muy cuidado es la selección de los escenarios, desde el sistema de sorteo manual hasta los relojes con palanca, hoy piezas de coleccionista. "Es una perfecta recreación de cómo eran los torneos de la época", afirma Jerez, quien destaca el gran contraste -real en los años 60- entre el campeonato nacional de EEUU, con escaso público, y el torneo internacional de Moscú, con multitudes agolpadas en la puerta siguiendo los movimientos de sus ídolos y buscando autógrafos.

Los ordenadores han acabado con las partidas aplazadas en los torneos, pero en 'Gambito de dama' quedan muy bien reflejados los equipos que preparaban la continuación de las partidas en los grandes duelos. 

"Me ha gustado cómo plasman la variedad de tipos de ajedrecista -prosigue Llaneza-: el buscavidas que se pasa las horas jugando rápidas, los aficionados que no pierden la ilusión pese a las derrotas, el jugador que busca un trabajo más estable pero siempre tiene el gusanillo, el niño prodigio...". "Salen algunos personajes extravagantes -prosigue Jerez-, pero en el mundo del ajedrez esos personajes existen y a nadie que juegue puede sorprenderle verlos". Por cierto, es relativamente común que los buenos jugadores puedan seguir partidas sin mirar un tablero, como demuestran Beth y su amigo Benny Watts en una conversación mientras van en coche.

La sombra de Fischer es alargada

Los protagonistas apelan a algunos de los grandes ajedrecistas de la historia, como Capablanca y Alekhine (o Aliojin), y también a posibles rivales de los años 60, como Botvinnik y Spassky. "Corres el riesgo de acabar como Paul Morphy", le espeta Beltik a Beth cuando la protagonista se emborracha o se atiborra a tranquilizantes. El estadounidense Morphy, posiblemente el ajedrecista más brillante del siglo XIX, se retiró prematuramente a la edad de 22 años debido a su temperamento inestable.

Bobby Fischer, en 1971

Sin embargo, no es precisamente Morphy quien inspiró al escritor Walter Tevis, el autor de la novela en la que se basa la serie. Tampoco es la georgiana Nona Gaprindashvili, dominadora del ajedrez femenino en los años 60, ni la húngara Judit Polgár, la única jugadora que se ha codeado con la élite masculina en toda la historia (en 1996 se situó en el octavo lugar de la clasificación internacional). El personaje de Beth Harmon es sin discusión un trasunto de Bobby Fischer, el genial, heterodoxo y excéntrico jugador estadounidense que fue campeón del mundo entre 1972 y 1975. Es curioso, ciertamente, porque Fischer era un misógino de cuidado que opinaba que las mujeres no llegarían a nada en el juego de las 64 casillas.

La campeona ficticia y el que fuera campeón real son casi coetáneos y comparten algunas características de su biografía, como la ausencia de un padre protector, una adolescencia solitaria y un comportamiento antisocial. Ambos aprendieron a hablar ruso, la lengua dominante entre la élite ajedrecista de aquella época, y pasaron unas vicisitudes similares para costearse la participación en un torneo esencial en Moscú. Pero el detalle más esclarecedor es que ambos tienen predilección por la variante Sozin, uno de los caminos más agudos para hacer frente a la defensa siciliana.

Algunos pequeños errores de traducción

Un detalle menor, pero desagradable para los aficionados, es que la versión española de la serie y los subtítulos en la versión original están salpicados de algunas malas traducciones que se habrían evitado fácilmente recurriendo a cualquier jugador. Se habla, por ejemplo, de las "variaciones" de una defensa, cuando se trata de "variantes", o del "lado de dama", por el más habitual "flanco de dama". Y en lugar de "calzoncillo" o "gafas", que es un ataque de un peón sobre dos piezas mayores, se emplea "horquilla" (del inglés, 'fork'). Afortunadamente, "dama" es en el 99% de las ocasiones la opción escogida frente a "reina". 

El personaje progresa demasiado rápido

El ajedrez, como sucede con la música, alumbra infinidad de niños prodigio, practicantes que sin haber cumplido los diez años descuellan por su virtuosismo. Sin embargo, la progresión de Beth es poco creíble, al menos en los tiempos actuales, sin tener más maestro que un voluntarioso y encantador conserje que a las primeras de cambio ya es derrotado. "Una de las cosas que más chirría es que ella se presenta en su primer torneo y lo gana: normalmente en tu primer torneo pierdes todas o casi todas las partidas, por mucho talento que tengas o muy bueno que acabes siendo", dice Jerez.

"Probablemente la carrera de Beth va demasiado rápida y una vez comienza a destacar se encuentra demasiados pocos obstáculos para ser verdad (y, como ha comentado Judit Polgár, sus rivales la tratan demasiado bien para lo que podía esperar una mujer en aquel momento), pero no hay que olvidar que es una ficción con tiempo limitado y que explora muchos temas además del ajedrez de competición: su propio desarrollo personal, la lucha contra sus demonios y sus relaciones con otros personajes", relata Llaneza.

"Seguramente Beth Harmon no es un gran modelo por sus traumas y adicciones -concluye la jugadora española-, pero es muy positivo tener como referente y protagonista a una chica joven, elegante e independiente, rompiendo los estereotipos sobre tíos empollones, inseguros y desequilibrados a los que nos tienen acostumbrados la tele y el cine". 

¿Qué es un gambito de dama?

La serie 'Gambito de dama' o 'The Queen's Gambit', basada en la novela del mismo nombre de Walter Tevis, publicada originariamente en 1983, toma su nombre de una de las más famosas aperturas o primeros movimientos en una partida de ajedrez. Un gambito es por regla general el sacrificio o regalo de material, habitualmente un peón, a cambio de obtener una posición favorable.

Concretamente, lo que se hace en el caso del gambito de dama (1.d4 d5 2.c4 ) es ofrecer el peón de alfil dama, columna c, buscando con posterioridad irrumpir por el centro con el peón de rey, columna e. Por norma, el negro rechaza el regalo y prosigue defensivamente con 2... e6 (variante ortodoxa) o 2.... c6 (variante eslava). Las variantes posteriores son infinitas.

El gambito de dama, cuya primera mención escrita data de 1490, no se popularizó en el ajedrez hasta el siglo XIX, pero actualmente es una de las principales líneas del catálogo de aperturas. Aunque no es particularmente usual en los torneos de élite -aquí también influyen las modas-, se trata de un método muy didáctico para adentrarse en las aperturas de dama y, de hecho, es una de las primeras líneas que aprende Beth Harmon, la protagonista de la serie.