LOS DISCOS DE LA SEMANA

Crítica del disco 'Morricone segreto': una herencia infinita

El álbum póstumo de Ennio Morricone rescata el material más oscuro y experimental del inmortal compositor italiano

Los nuevos álbumes de Salem, Immanuel Wilkins, Cutemobb y Barbara Carlotti, también reseñados

El maestro Ennio Morricone, a los 91 años, en el 2016.

El maestro Ennio Morricone, a los 91 años, en el 2016. / EFE EPA PAUL BERGEN

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Jordi Bianciotto / Juan Manuel Freire / Roger Roca / Ignasi Fortuny

Se asociará para siempre a Ennio Morricone al euro-western de películas como ‘El bueno, el feo y el malo’ (Sergio Leone, 1966), con su escena del cementerio abrazada por la épicade ‘The ecstasy o fgold’. Pero el compositor romano, fallecido el pasado 6 de julio a los 91 años, dejó una obra monumental, con más 400 bandas sonoras para el cine y la televisión, y en ese baúl de músicas hay de todo, incluidas piezas muy alejadas tanto del imaginario ‘spaghetti’ como de la emotividad de un ‘Cinema paradiso’.

Este álbum póstumo, ‘Morricone segreto’, contiene exclusivamente material alejado de los ‘scores’ más recurrentes del autor: 27 piezas rescatadas de los recodos de filmes italianos, franceses o alemanes, realizados entre 1969 y 1983, siete de ellas nunca publicados en disco hasta ahora. Dispónganse acruzar el umbral hacia un submundo ‘morriconiano’ imprevisto, de atmósferas abracadabrantes, ‘lounge music’ de ensueño, exotismos proto-acid jazz a golpe de Hammond, caprichos atonales y aventuradas incursiones en un rock de vanguardia que ríanse de la escuela alemana. No por nada el álbum lleva como subtítulo “Un viaje por el lado oculto, oscuro y psicodélico del Maestro”.

Fantasmas que bailan

Y el Maestro nos captura desde la primera pieza, ‘Vieni’, un vestigio de la película pseudo-erótica aquí conocida como ‘Cuando el amor es solo sexo’ (1973), con coros pop dadaístas, cuerdas en ‘pizzicato’, interferencias electrónicas y un piano machacón y monocorde. Seguimos para bingo, porque la siguiente, ‘Fantasmi grotteschi’, es un ‘malrollista’ número de guiñol extraído del remoto filme ‘Starke system’ (1980), del que destaca más adelante la pieza titular, levantada en torno a una ‘jam’ ‘funky’ con guitarra en modo ‘wah-wah’.

Otras valiosas rarezas exhumadas apuntan al ‘thriller’ titulado ‘La smagliatura’, con el sensual tarareo de la actriz Edda Dell’Orso, al pasaje con vistas a la ruta de la seda, con flautas y laúdes, de ‘Jukebox psychédélique’ (del filme ‘Pánico en la ciudad’) y a las intrigantes ambientaciones de cine ‘giallo’, punteadas por un vibráfono psicótico, de ‘Mio caro assassino’ (encantador título en su versión española: ‘Sumario sangriento de la pequeña Estefanía’, 1969), extrapolables al expresionismo en clave de rock de  la canción central de ‘Eat it’. Sin pasar por alto esa pieza detectivesca descolgada de ‘El clan de los sicilianos’, con guitarra surf,o el jazz de cine negro dispuesto para otro fetiche ‘giallo’, ‘La tarántula del vientre negro’.

Morricone como autor de mil recursos, suministrando a título post mórtem una secuencia de más de una hora de música imprevisible y aventurada, jugando con los géneros a conveniencia y resultando tan popular como vanguardista. Este legado ‘segreto’ alarga todavía un poco más su sombra infinita. - Jordi Bianciotto

OTROS DISCOS DE LA SEMANA

Y diez años después, los pioneros del llamado 'witchhouse' (un pop electrónico oscuro, arrastrado y de esencias esotéricas) entregan su esperado segundo álbum. Se echa de menos la voz de Heather Marlatt, pero, por lo demás, son los Salem de siempre, es decir, tan terroríficos como emotivos, tan depresivos como extrañamente elevadores. Al mismo tiempo, suenan como nunca: se nota la mano en la masterización de Mike Dean, mano derecha de Kanye West. Un amargo triunfo de disco. - Juan Manuel Freire

El saxofonista alto Immanuel Wilkins se estrena en Blue Note con 22 años y un primer disco arrollador. En la hora que dura su debut, se diría que Wilkins y su cuarteto lo pueden todo: la balada más sentimental, el arrebato free, los grooves más duros, las partituras más intrincadas. Hija de su tiempo, la música de Wilkins conecta con lo que suena más allá del jazz y vibra en sintonía con el movimiento 'Black Live Matters'. Ideal para tomarle el pulso al presente de un jazz norteamericano que quiere ser, otra vez, música de relevancia social. - Roger Roca

La carta de presentación del nuevo colectivo barcelonés es realmente prometedora. Fresca, variada, incluye 22 canciones en las que predominan el trap y el r&b firmadas por una veintena de artistas. Algunos pasan por aquí como miembros de la banda, otros como amigos (Aleesha, Yung Beef...). No busquen una lógica al álbum, es una colección desordenada de buena parte de lo más interesante que se cuece en Barcelona. Una primera obra de un grupo mixto liderado por Leïti Sene, que reúne a vocalistas, productores, bailarines y artistas que van más allá de la música. - Ignasi Fortuny

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Las raíces corsas de esta parisiense se hacen notar cada día un poco más, y si ya se filtraban en la fantasía soleada de álbumes como ‘L’idéal’ (2008), aquí afloran del todo en un repertorio de clásicos modernos de la isla, de voces como Tino Rossi, Canta U Populu Corsu o Regina & Bruno. Canciones en las que deja su distintiva impronta pop, alternando el francés y el corso, y suspirando por su patria más íntima, la infancia, y por la sensualidad de la naturaleza y los espacios abiertos.  - J. B.