26 oct 2020

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PERIFÉRICOS Y CONSUMIBLES

Hugh Laurie, en la serie ’House’, acompañado del perro Hector

Huevo mimético de codorniz

Javier García Rodríguez

La mímesis, esa "imitación artística de la realidad" nos ha traído a mal traer desde siempre. ¿A quién se parece, a papá o a mamá?

Una jueza aristotélica absuelve a varios acusados de falsificar joyas de una conocida marca de lujo porque el logo se trata “de una grosera y tosca reproducción que difícilmente puede llamar a engaño a los clientes”. Un acusado de conducción etílica es absuelto “por las declaraciones inverosímiles de la policía”. Un articulista afirma que “Messi le faltó el respeto a su propio póster”. El actor Hugh Laurie responde a un periodista: “Nunca hemos sentido que hiciéramos cosas que no fueran ciertas para el personaje, como que House tuviera un perrito”. En las series de televisión españolas, esas que Patricio Pron llamaba “series socialdemócratas”, el rey Fernando de Aragón se levanta por la noche a acunar a su hija y un personaje dice de otro -que no se compromete- que “no se moja ni cayendo al río” ('Isabel'), unos campesinos levantados en armas acaudillados por Viriato gritan en su ataque “defendamos nuestros derechos” ('Hispania'), y una joven del siglo XVII se prueba su vestido de novia con sus amigas y una de ellas, emocionada ante el resultado y el futuro próximo, dice entre suspiros: “Qué romántico” ('Águila Roja'). 'Sic'.

Todo esto no sucedería, para bien o para mal, si no fuera por la mímesis. Y la culpa es de los griegos (pero “¿qué han hecho los griegos por nosotros?”), de Platón Aristóteles, de Scaligero y Minturno, de Girard y de Ricoeur, de Auerbach y Tatarkiewicz, de Martha Nussbaum, y hasta de Luzán, si me apuran. Esa “imitación artística de la realidad” nos ha traído a mal traer desde siempre. ¿A quién se parece, a papá o a mamá? Y toda la historia del arte, y la Estética, y la Filosofía y hasta Lacan (a Lacan no le gusta la mímesis), dándole vueltas al parecido y a lo perecedero. Todos contra la pared de la realidad, la verdad y la belleza.   

En un restaurante muy 'cool' que pertenece a una bodega pucelana, por la Ribera del Duero, camino Soria, no ha mucho tiempo que ofrecían un menú de los de grasa en pastillero, un alga ambigua, lechón 'esferififlaco' y (g)algo 'nitrogenador'. Entre los entrantes, un misterioso “huevo mimético de codorniz”. Qué fuera aquel huevo no puedo asegurarlo porque solo tengo foto del menú con el no-huevo (mímesis de la mímesis) y no lo he visto ni degustado. Pero por lo que parece no era huevo ni era codorniz. Quien lo probó lo sabe.

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