30 oct 2020

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68ª EDICIÓN DEL FESTIVAL DONOSTIARRA

El Drogas: "Me he pasado la vida trabajando como un cabrón"

Enrique Villarreal, quien estuvo al frente de Barricada durante tres décadas, presenta en San Sebastián un documental sobre su vida y su obra

Nando Salvà

Enrique Villarreal, ’El Drogas’, en una imagen de archivo.

Enrique Villarreal, ’El Drogas’, en una imagen de archivo. / RICARD FADRIQUE

Enrique Villarreal 'El Drogas' estuvo al frente de Barricada a lo largo de tres décadas, y en el proceso logró que su mezcla de punk y rock urbano -sobre el papel, no precisamente para todos los públicos- se convirtiera en superventas. Tras su nada amistosa marcha de la banda en el 2011, en cualquier caso, el músico pamplonés ha seguido liderando sucesivos proyectos artísticos, y el último de ellos en ver la luz es ‘El Drogas’, documental sobre su vida y su obra que este domingo se ha presentado en el Festival de San Sebastián.

Usted lleva 14 años sobrio, así que podría decirse que su apodo ya no le representa. ¿Ha pensado alguna vez en cambiarlo?
No, porque lo uso ante todo como una forma de activismo. Siempre he defendido la legalización de las drogas acompañada de información y educación. Estoy convencido de que parte del daño que han causado las drogas tiene que ver con la prohibición. No te digo que meterse un pico de heroína pura sea maravilloso. Pero meterse un pico de heroína cortada es un auténtico veneno. Eso es lo que causa muertes y destrucción familiar y social. 

"El daño que han causado las drogas tiene que ver con la prohibición. Meterse un pico de heroína cortada es un auténtico veneno. Eso es lo que provoca muertes"

¿Se arrepiente de su relación con las drogas?
No, porque empecé en los 80, cuando yo era muy joven y en general había mucha ignorancia al respecto. Pero me da cierta lástima no haber vivido los éxitos de Barricada como los habría vivido de haber estado sobrio. Cuando consumíamos, todo a nuestro alrededor era histeria. Y recuerdo demasiadas conversaciones en las que lo único que alcanzábamos a decir eran cosas como “la calidad de la mandanga de ayer era mejor que la de hoy”; y demasiadas ocasiones en las que, después de meternos tres o cuatro rayas, no hacíamos más que repetirnos “Te quiero un huevo, tío” los unos a los otros. Eso era una puta mierda. Llegué a sentirme como si estuviera atrapado en uno de esos sofás en los que te hundes y luego no puedes levantar el culo. Por suerte, me agarré de la mano de la persona adecuada y nos dimos cuenta de que teníamos objetivos comunes mucho más interesantes. 

¿Cómo se explica su éxito, primero al frente de Barricada y después en solitario?
Yo lo atribuyo principalmente al trabajo. Mucha gente cree que el rockero es alguien que se levanta de la cama a las 7 de la tarde y luego sale hasta las 7 de la mañana a follar y meterse de todo, pero en mi caso no es así. Yo me he pasado la vida trabajando como un cabrón. Acababa de grabar un disco y al día siguiente empezaba a grabar el siguiente, y en muchos momentos me he sentido física y mentalmente agotado. Pero no sé vivir de otra manera.

"La España que me importa es la de los profesores y sanitarios. A la otra la envolvería en la bandera de los cojones y los enviaría al exilio con la Fundación Franco"

 

Abandonó Barricada porque el resto de miembros de la banda lo echaron. ¿Ha cerrado el tiempo las heridas?
Ya no tengo el asunto metido tanto tiempo en la cabeza, y eso evidencia que voy superando algo que para mí fue inexplicable. La patada en el culo que me dieron resultó ser la patada en el culo que mejor me ha sentado en la vida, porque desde entonces no he dejado de trabajar en proyectos que me han hecho muy feliz, pero me habría gustado haber podido decidir cuándo y cómo quería cambiar de aires.

Usted siempre ha escrito canciones llenas de rabia. ¿Qué es lo que más le enfurece en la actualidad cuando mira a su alrededor?
Lo que representa Díaz Ayuso, y las políticas que está aplicando en Madrid durante la pandemia, es una de las cosas que más asco me dan actualmente. Está claro que los políticos nos toman por imbéciles, y seguramente habría que empezar a sacar la mano a pasear contra esta gentuza. Los únicos uniformes que parecen importarles son los de la policía y los de la Guardia Civil, y en lugar de eso deberían invertir cinco veces más en los centros de atención primaria, e invertir el doble en educación. La España de los sanitarios y los profesores es la que a mí me importa, la otra yo la envolvería en la bandera de los cojones y los mandaría al exilio tras los pasos de la Fundación Francisco Franco.