MUSEOS SINGULARES (3)

El papel, la joya que no brilla

El Museu Molí Paperer de Capellades muestra cómo se hacía el papel hace 300 años en un viejo molino que aún funciona como las fábricas de antaño

Uno de los rincones del museo.

Uno de los rincones del museo. / MUSEU MOLÍ PAPERER

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Se dice cada día “papel”, “tengo que entregar un papel”, “pásame ese papel”, “lo tengo anotado en un papel”; quizá no tanto como antes, pero se dice; de modo que, si estamos sitiados por algo aparte de la duda, de los rayos del sol, del silencio y del ruido y de las gaviotas que se aventuran tierra adentro… y de los móviles, y de los mosquitos en verano, y de las series de moda y de las uñas largas hasta lo improbable… Estamos sitiados por el papel. Su utilidad, su romanticismo (lo tiene), su historia, su evolución (también la tiene), en fin, todo lo que siempre quiso saber sobre el papel y nunca se atrevió a preguntar está en el Museu Molí Paperer de Capellades: porque aquí el papel ha sido protagonista desde hace siglos y era cuestión de tiempo y lógica que le hicieran un museo.

"El Museu Paperer es una fábrica de papel, y para mostrarlo, tienes que mostrarlo funcionando", dice el conservador, Ton Lloret

“Es un museo vivo”, dice el conservador del museo, Ton Lloret, refiriéndose al insoslayable hecho de que la sede es un viejo molino papelero –todavía en activo–. “El Museu Paperer es una fábrica de papel, y para mostrarlo, necesitas mostrarlo funcionando, para que la gente pueda ver cómo se hacía el papel hace 300 años. No hay elementos expositivos. La magia es encontrártelo”.

La cuenca fluvial de L’Anoia se convirtió en el siglo XVII “en un epicentro”, dice Lloret, “con más de 40 molinos papeleros funcionando”, y hoy en día acuden a la zona artistas como Jaume Plensa y cocineros como Carme Ruscalleda y los hermanos Roca en busca de materia prima para sus respectivas artes. “Aún hay un importante núcleo de producción industrial”, dice el conservador.

El molino papelero de Capellades. / MUSEU MOLÍ PAPERER

Inmortalizador de hombres

Ubicado en Capellades, muy cerca de Barcelona, el molino-museo consta de cuatro plantas y un subterráneo, y es el resultado de la iniciativa que un grupo de industriales del papel de la zona tomaron en 1958; el museo fue fundado el 6 de julio de 1961. Es el tipo de lugar donde la contemplación puede quedarse en una sensación vaporosa y poco informativa, así que se recomienda la visita guiada (el 99% lo son, de hecho, según informa el conservador). En lo más alto se encuentra el espacio utilizado antiguamente como secador de papel, un lugar diáfano, lleno de ventanas, que se emplea para acoger exposiciones temporales. Y dado que entre todo lo que usted quiso saber del papel y nunca se atrevió a preguntar puede figurar cómo se hace el papel hoy en día, el museo también tiene un espacio dedicado a dar la respuesta.

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El museo es resultado de la iniciativa que un grupo de industriales del papel de la zona tomaron en 1958; fue inagurado en 1961

“Gracias al papel el hombre ha podido fijar los hechos históricos, ha podido fijar los pensamientos más íntimos, los sentimientos, pero también propició el desarrollo de la ciencia”, dice la directora del museo, Victòria Rabal, en un vídeo promocional grabado en el interior de las instalaciones. “El que hizo la definición tenía una gran pasión por el papel, y esta definición empieza así: ‘Maravillosa invención que es de gran utilidad en la vida, que fija la memoria de los hechos e inmortaliza a los hombres’. Más bonito no puede ser”. Damos por sentado el papel como tantas otras cosas, como las cosas, sobre todo, naturalmente acopladas a la rutina, pero probablemente se trata de una de esas joyas que no brillan. Por eso tiene museo.

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