01 jun 2020

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CRÍTICA DE CINE

'A colony': crecer es un campo minado

El filme protagonizado magníficamente por Émilie Bierre explora el impacto que el complejo mundo exterior tiene en el paso a la pubertad

Nando Salvà

Émilie Bierre en un fotograma de ’A colony’.

Émilie Bierre en un fotograma de ’A colony’.

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A colony ★★★★

Dirección: Geneviève Dulude-De Celles

Reparto: Emilie Bierrre, Jacob Whiteduck-Lavoie,Cassandra Gosselin-Pelletier, Robin Aubert

Título original: 'Une colonie'

País: Canadá

Duración: 102 minutos

Año: 2018

Género: Drama

Estreno: 18 de mayo (Filmin)

La escuela, ya se sabe, puede ser un ambiente agresivamente hostil para aquellos que no encajan. Y de las agonías sufridas por una adolescente que intenta encontrar su sitio durante su primer año de instituto trata precisamente el primer largometraje de ficción de Geneviève Dulude-De Celles, exponente destacable de la nueva hornada de cineastas del Quebec.

Mylia -magníficamente encarnada por Émilie Bierre- se siente una 'outsider' en la pequeña localidad rural donde vive. Por un lado anhela pasar desapercibida y forjar relaciones humanas auténticas, pero al mismo tiempo también quiere ser aceptada por sus compañeros de clase y encontrar una vía para evadirse de su vida familiar -la tensión existente entre sus padres es una presencia sutil pero constante en el relato-; y Dulude-De Celles utiliza la cámara para representar visualmente ese conflicto, al principio contemplando a la joven casi siempre de perfil o de espaldas para reflejar lo invisible que se siente y después adoptando su punto de vista para poner el foco sobre sus miedos y sus deseos. Y en el proceso se apoya en las expresiones faciales y el lenguaje corporal, más que los diálogos, para explorar el impacto que el complejo mundo exterior tiene en el paso a la pubertad.

Dulude-De Celles se curtió como directora en el terreno del documental, y eso se nota no solo en el realismo que derrocha su mirada a las manifestaciones de la vida adolescente -las borracheras, el 'bullying', los momentos de incomodidad sexual- y en su desinterés en usar los problemas de Mylia con fines tremendistas o melodramáticos; también queda claro en la finura con la que utiliza el proceso de búsqueda de identidad de su protagonista como vehículo a bordo del que hacerse eco del problemático historial de su país para con las  comunidades indígenas y de las actitudes racistas que permanecen enquistadas en sociedades pretendidamente progresistas.