01 oct 2020

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ICONO DE LA CANCIÓN ITALIANA

Mina, la diva confinada, cumple 80 años

La cantante italiana es un intrigante mito viviente, sin apariciones públicas desde hace décadas, si bien publicando discos desde su reclusión familiar en Lugano

Jordi Bianciotto

Mina, en el estudio de Roma donde se grababa el ’show’ televisivo Studio Uno, en 1965.

Mina, en el estudio de Roma donde se grababa el ’show’ televisivo Studio Uno, en 1965. / GETTY IMAGES / MONDADORI

Mina icono pop, cantante vertiginosa y figura de armas tomar, la artista que ha ido siempre a su bola y que hoy sigue manteniendo vivas la intriga y la fascinación 42 años después de esfumarse de la mirada pública. Este miércoles alcanzará los 80 esta criatura que no necesita estar ahí para que se hable de ella, imprevisible y de contornos poco menos que divinos, siempre un paso más allá de las convenciones terrenales.

Desde su retiro en Lugano, en la Suiza italiana, la imaginamos asistiendo complacida a los fastos que le dedican los medios de su país de origen: un muy recomendable documental, ‘In arte Mina’, que la RAI estrenó este lunes (y que está disponible a la carta durante una semana) y titulares de la prensa como "la más grande", "la diva sin edad", "la banda sonora de nuestra historia", "brava, brava" y otros reclamos efusivos, actualizados día a día en su web oficial. No es para menos tratándose de la cantante italiana más universal, la indócil ‘tigresa de Cremona’, una artista que sigue siendo influyente generación tras generación (hasta un rapero destacado, Mondo Marcio, le rindió homenaje en el álbum titulado ‘Nella bocca della tigre’) y cuya peripecia sigue siendo lección de vida y de modernidad.

Noche de despedida

El destino ha querido que, en estos días de confinamiento global, giremos la vista hacia una celebridad que a los 38 años buscó precisamente el retiro, a lo Greta Garbo, alejándose de los focos y de lo que comportaba la exposición pública. Después de su último recital, el 23 de agosto de 1978 en su querida Bussola, la sala de la ‘riviera’ toscana que la vio crecer y en la que vivió tantas noches de gloria (como la que capturó el álbum ‘Alla Bussola dal vivo’, de 1968), Mina dijo basta y dejó que, en adelante, la música grabada en la penumbra hablara por ella. Había lanzado avisos: cuatro años antes protagonizó por última vez un programa televisivo, ‘Milleluci’, y publicó una canción titulada ‘Non gioco più’ (‘No juego más’).

¿Qué ocurrió? En una entrevista en ‘Playboy’, Mina había hablado del lado ingrato de la fama y de que pudiera ser más importante su corte de pelo o si estaba más flaca o más gorda que las canciones de su nuevo álbum. Ella, que practicaba un compromiso integral con su obra, filosófico y estético, más aún desde que sus discos se habían ido haciendo más frondosos y personales, a principios de los años 70. Se intuía convertida en un cliché con patas; "un ‘jukebox’ que canta", llegó a decir.

Artista y pecadora

Anna Maria Mazzini, Mina, se había encargado desde muy joven de deslumbrar al gran público italiano (y europeo), primero con hitos del guateque como el twist ‘Tintarella di luna’ (su primer éxito, en 1959, a los 19 años) o la balada melodramática ‘Il cielo en una stanza’ (de Gino Paoli), y luego a base de paseos triunfales por el Studio Uno de la RAI, plató que llegó a dar título a un par de celebrados álbumes (el primero de los cuales contiene su versión de la posteriormente ‘almodovariana’ ‘Un anno d’amore’, el ‘C’est irréparable’ de Nino Ferrer). Pero lo suyo no atendía a cuadrículas: en 1963 armó un escándalo al tener un hijo, Massimiliano, con un hombre casado, el actor Corrado Pani, que le valió el veto temporal de la radiotelevisión (y que ‘L’Osservatore romano’ la distinguiera llamándola "pecadora pública").

Mina asombró con su don para imprimir un sello personal a canciones de géneros muy distintos sin desfigurarlos, respetando sus equilibrios internos. Podía cantar un bolero como ‘La barca’, dejarse arropar por orquestaciones swing, atacar a Burt Bacharach y a Kurt Weill, y deslizarse por los senderos de la bossa nova. Y cantar en español, francés, alemán, japonés... Mina, convertida en presencia con ángel en las sobremesas italianas, paseando su rostro reluciente, con las cejas depiladas y sus tres precisos lunares en la mejilla derecha, en programas como ‘Canzonissima’ o ‘Senza rete’.

El toque de Battisti

Brotó su alianza con la composición de Lucio Battisti, que entregó interpretaciones mayestáticas: canciones de altos vuelos, con textos de otro cómplice importante, Mogol, como ‘Insieme’ (del álgido álbum ‘...quando tu mi spiavi in cima a un batticuore...’, de 1970), o esas otras dos, ‘E penso a te’ y ‘Amor mio’, incluidas en ‘Mina’ (1971), disco que ofrece también la exponencial ‘Grande grande grande’. Grabaciones refinadas e intensas, con arreglos que transfieren una penetrante intimidad. Vendrían diálogos sensuales como el de ‘Parole, parole’, con Alberto Lupo, y nuevos alborotos en torno a canciones como ‘L’importanta è finire’, elogio del orgasmo. Mina se asentaba como referente liberador y despreciaba el morbo que pudiera ocasionar especular sobre la identidad sexual de este o aquel. La semilla de su elevación a icono LGTBI.

Y llegó aquella noche en la Bussola, tras la cual marchó sin llegar a irse nunca del todo. No ha parado de publicar álbumes, reencontrándose con viejos cómplices (el ‘superventas’ ‘Mina Celentano’, de 1998), dando oportunidades a jóvenes autores y jugando con su imagen en diseños de portadas excéntricos, sorprendentes, deformando o engordando su silueta, haciéndola ‘picassiana’ o colocando su cara en ‘La Gioconda’. Mina, símbolo de tantas cosas, presencia omnisciente, madre (de Massimiliano y Benedetta, esta con un historial como musa de Bunbury), abuela y bisabuela, y ciudadana que ha sabido encontrar el modo de seguir siendo artista total desde la reclusión en plena era de You Tube. Descubrámonos.

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