VIÑETAS BIOGRÁFICAS

Iconos para un 8-M de cómic

Tres novedades rescatan las figuras de tres mujeres fuertes que rompieron moldes, la fotorreportera Annemarie Schwarzenbach, la activista negra Angela Davis y la emperatriz Sisi

Viñetas de ’Miss Davis’.

Viñetas de ’Miss Davis’. / TITEUX DE LA CROIX Y AMÈZIANE

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Las editoriales y los autores de cómic han vuelto a volcarse este año en el 8-M, el Día de la Mujer, con obras que aportan su grano de arena a la lucha contra el machismo y la defensa de los derechos de las mujeres. Un buen puñado de novedades son biográficas y reivindican feminismo, libertad sexual, igualdad y empoderamiento. Bajo estas líneas destacamos tres de ellas: 'Miss Davis', donde Amazing Améziane y Sybille Titeux rescatan la vida de la activista negra estadounidense Angela Davis (1944); 'Annemarie', que hace justicia a la comprometida fotoperiodista, escritora y viajera suiza Annemarie Schwarzenbach (1908-1942), de la mano de María Castrejón y Susanna Martín; y 'Sisi, emperatriz rebelde', en la que Giorgia Marras rompe la imagen de princesa de fábula con que las películas de Romy Schneider ocultaron a Isabel de Baviera (1837-1898), mujer adelantada a su tiempo.   

ANNEMARIE SCHWARZENBACH LOS DEMONIOS DE UN ÁNGEL ATORMENTADO

“Era feminista y vivía el lesbianismo de una forma natural. No hacía bandera de ello. La suya no era como entendemos la lucha LGTB, era una lucha de no esconderse y de mostrar su androginia públicamente”, explica la filóloga y guionista María Castrejón (Madrid, 1974). “Me fascinó su estilo andrógino, era muy atractiva. Y me cautivó cómo vivió su libertad y el desenfreno de los locos años 20. Se relacionaba con quien quería y como quería. Y al leer sus artículos y crónicas de viaje y ver sus fotos descubrí su postura crítica y de denuncia del racismo, la explotación obrera y las desigualdades sociales”, añade la dibujante Susanna Martín (Barcelona, 1976). Hablan de Annemarie Schwarzenbach (1908- 1942), reportera, fotógrafa y novelista suiza que en los años de entreguerras viajó por Oriente (Turquía, Siria, Líbano, Palestina, Irak, Afganistán, Irán…), Estados Unidos, Rusia, España o África, y a la que quieren “hacer justicia” en ‘Annemarie’ (Norma). 

Adicción y trastorno mental

Adicta a la morfina y con problemas con el alcohol, pasó largas temporadas en clínicas psiquiátricas y de desintoxicación. De ahí que  Thomas Mann -cuyos hijos Erika y Klaus, también gay, eran sus amigos-, dijera de ella que era “un ángel devastado”, definición de la que abomina Martín: “Siempre se la ha descrito desde el morbo, rodeada de algo enfermizo. Pero era muy fuerte, una superviviente”. 

“Hoy creo que se le diagnosticaría un trastorno límite de la personalidad -opina Castrejón-. Yo misma, como enferma mental, me identifico con lo que escribía, con el sentimiento de vacío que destila en muchos escritos, sus arranques de ira, su sentimiento de justicia, la adicción, el no saber estar sola, el no lograr que ninguna relación la llenase, los intentos de suicidio… la muerte está muy presente en su obra”. “Crear era una forma de sacar sus demonios”, señala sobre la autora de ‘Muerte en Persia’. 

Demonios y brotes esquizofrénicos que Martín, dibujante de ‘Alicia en un mundo real’, ‘Sonrisas de Bombay’ (Bruguera), ha plasmado gráficamente con “trazos más esbozados, el negro y el rojo, como insectos que se te comen por dentro”. Con dominio de la línea clara y una paleta gráfica y un estilo adaptados a cada viaje, combina dibujo con fotos reales, influenciada por ‘El fotógrafo’, de Emmanuel Guibert.   

Enamoró a la escritora Carson McCullers, deseó a Erika Mann y compartió viajes con las también fotógrafas Ella Maillart, Marianne Breslauer y Barbara Hamilton-Wright. “Buscaba alguien que la comprendiese. Era un personaje muy complejo, que vivía en continua contradicción”, señala Castrejón, apuntando que aunque se sentía “culpable cuando ve a los desfavorecidos” seguía usando para sus viajes el dinero de su rica familia de industriales del textil, cuya madre (que también tenía una amante) le reprochaba su lesbianismo y su libertad sexual, mientras Annemarie renegaba de sus simpatías nazis

“Al final se fue haciendo más fuerte, hasta que se encontró a sí misma en plena naturaleza en el Congo”, añade. Pero la muerte la sorprendió en casa, en Suiza, a los 34 años, tras una mala caída en bicicleta.  


ANGELA DAVIS DE 'PANTERA NEGRA' A ICONO FEMINISTA Y ANTIRRACISTA

A página entera se ve un baño limpio e impecable con el cartel: “white”. En la siguiente, un baño sucio y medio roto. Otro cartel reza “colored”. Con esta visión gráfica del racismo en EEUU inician Amazing Amèziane y Sybille Titeux de la Croix ‘Miss Davis’ (Flow Press), perfil biográfico de quien sería declarada por el Gobierno estadounidense “enemigo público nº 1” por su militancia en sus primeros años en el partido de los Panteras Negras y en el Partido Comunista. Angela Davis, nacida en 1944 en Birmingham, en el sur de Alabama, en el seno de una familia negra marcada por la segregación racial y los ataques del Ku Klux Klan se convertiría en icono feminista y de la lucha antirracista y contra la desigualdad de género y clase en los años 60. 

Amèziane y Titeux, que ya abordaron en cómic la vida de Muhammad Ali, ponen ahora el foco en esta revolucionaria filósofa y activista usando el recurso de contar su ascenso a través de terceras personas. Así, su infancia, la conocemos a través de la mirada de Cynthia, una de sus amigas del colegio, cuatro de las cuales morirían en un atentado racista contra la iglesia bautista de la ciudad, en 1963. 

Una joven y concienciada periodista blanca tomará luego el relevo como narradora, sobre todo durante su estancia en prisión, acusada injustamente de asesinato, secuestro y conspiración. La policía dijo que halló su arma en el ataque con rehenes en el juicio contra los “hermanos de Soledad”, tres negros acusados de la muerte de un guardia de prisión blanco, entre ellos el también activista de los Panteras Negras, George Jackson, en cuya defensa ella trabajaba y con quien mantenía una estrecha relación. 

Davis, hoy activa conferenciante y de quien Capitán Swing publicó su autobiografía, pronto despuntó por su inteligencia y compromiso, viajó a Europa, estudió con  Herbert Marcuse, Theodor Adorno y Sartre, y se convirtió en profesora universitaria, carrera que se le prohibió ejercer por ser comunista. El cómic denuncia además cómo fue espiada y acosada por el temido programa Cointelpro, del FBI, la guerra sucia contra grupos políticos que el Gobierno consideraba subversivos.

El año y medio que Davis pasó en prisión, su desesperación mientras la mantienen en módulos psiquiátricos y en aislamiento, su huelga de hambre, su lucha por la mejora de las condiciones en las cárceles, la campaña mundial por su liberación, el juicio y su absolución culminan la época más convulsa de su vida.


SISI de baviera UNA emperatriz rebelde QUE ROMPIÓ MOLDES

Llegó a buscarle una amante a su marido, el emperador austriaco Francisco José, para que no se sintiera solo cuando ella se dedicaba a “sus cosas”, las que la hacían sentir libre: “viajar, cabalgar, disfrutar de la naturaleza, escribir poesía, leer…”; se hizo construir un gimnasio en palacio y lo usaba a diario; logró que “a sus hijos los educaran profesores expertos en vez de, como hasta entonces, sacerdotes, militares o aristócratas que llegaban al cargo por rango o para pagar favores”; y “los historiadores han reconocido su insistente influencia en su rígido esposo para alcanzar un acuerdo clave con Hungría que evitó la caída del Imperio”. Era Isabel de Baviera, la célebre Sisi (1837-1898). Y descubrir que “no era la princesa de cuento de hadas que ha perdurado por culpa de las películas protagonizadas por Romy Schneider hace más de 50 años” llevó a la dibujante italiana Giorgia Marras (Génova, 1988) a romper los prejuicios respecto a su figura en las viñetas de ‘Sisi, emperatriz rebelde’ (Sapristi).  

“Porque era una mujer moderna, fuerte, dura y adelantada a su tiempo, que rompió moldes”, que no encajaba en los papeles de emperatriz y “fábrica de hijos del Estado” que le había tocado asumir y que para ella eran tan estrechos y asfixiantes como los corsés que debía enfundarse toda mujer en el Imperio austrohúngaro. “Tenía 15 años cuando se casó con Francisco José y se convirtió en emperatriz. Era una niña. Y tenía 17 cuando dio a luz a su primogénita, que moriría prematuramente. Tuvo que soportar una presión enorme para una joven de su naturaleza, que no había sido educada para vivir en la Corte, que para ella era como una jaula dorada”, cuenta Marras, que lleva cinco años afincada en la comiquera ciudad francesa de Angulema. 

La autora, que debutó en el cómic con otra biografía, la del pintor Edward Munch (Sapristi), investigó en archivos austriacos y se basó en parte en la “biografía más fiable” de esta “heroína trágica” que murió a manos de un anarquista en Ginebra, de Brigitte Hamann. Leyó su diario y los testimonios de quienes la conocieron bien, como su dama de compañía o su profesor de griego”. 

Esclava de su imagen

“Sisi usó sus armas de mujer, su belleza, pero era un arma de doble filo porque si bien logró que se la tuviera en cuenta, también fue esclava de una rutina de cuidados muy exigente porque ve que la belleza es efímera. Sufría insomnio y se levantaba muy pronto, así que dormía poco. Debía dedicar mucho tiempo a la sesión de peluquería que le exigía su larguísima melena, y a vestirse, para estar perfecta”, cuenta. Aunque no ve claro que, como se dice, sufriera anorexia. “Era extremadamente delgada y muy alta. Vi sus trajes y corsés y su cintura era increíblemente estrecha. Y, según los archivos de la Corte, comía poquísimo y hacía mucho ejercicio físico, algo raro para una mujer en su época”.   

Confirma Marras que “a los 35 años prohibió que la fotografiaran o retrataran para perpetuar una imagen eternamente joven”. Y al salir de palacio “siempre llevaba un velo, un abanico y una sombrilla para ocultar el rostro y esconderse del mundo. Se construyó una máscara para ocultar su vulnerabilidad”.   

Amantes y el suicidio del heredero 

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El cómic también relata el final trágico de su hijo Rodolfo, el heredero, un ‘crack’ de la botánica y las ciencias, de ideas menos tradicionales, que tras una boda de conveniencia empezó a frecuentar burdeles y pilló la gonorrea dejando estéril a su esposa. Supuestamente, se suicidió junto a su amante.

Marras tampoco elude el rumor de que la tercera hija de Sisi no era de Francisco José sino de su presunto amante, el conde Andrássy. “Tenían ideas políticas similares y ambos eran seductores y carismáticos. De hecho ella le encargó investigar la muerte de Rodolfo. Pero no hay pruebas de su relación amorosa o sexual. Y miras la cara de la niña y es igual que Francisco José –constata-. Los cotilleos eran inevitables”. Y el emperador, añade, “al principio estaba muy enamorado de Sisi y luego sentían un profundo afecto mutuo. Por eso ella le buscó una amante, eso sí, poco peligrosa, una actriz casada y bella con la que, escribió, su marido 'podría hablar del tiempo o de los bizcochos'”.